MENSAJE A LOS LECTORES DE ESTE BLOG

13/septiembre/2017 Por Rafael Catalán Valdés

MUY ESTIMADOS LECTORES:  Creo necesario informar  y ofrecer una explicación de lo siguiente:  Habrán notado que durante varios días, quizás semanas,  los artículos que normalmente publica cada semana han dejado de aparecer con esa frecuencia. La razón es la siguiente:  El autor  compite en el deporte del frontenis , y hace aproximadamente tres semanas sufrió una  lesión en   su columna vertebral, la cual le obligó a dedicar tiempo,  numerosos  días, a la atención medica de dicha lesión. Nada muy grave, creo que volveré a competir en no mucho tiempo, pero si doloroso y delicado, que requirió descanso obligatorio  en su primera etapa e innumerables sesiones de fisioterapia en estos últimos días. Pocas cosas le dolían tanto como pasar horas sentado escribiendo  en la computadora, por lo cual se vio obligado a guardar un descanso  ordenado por los médicos.

Afortunadamente soy de buena madera genética: mi padre, el General de División e Ingeniero Rafael Catalán Calvo, a sus 83 años seguía jugando frontenis. y el autor de este blog goza de una muy buena salud, de no ser por este accidente. Ya estoy recuperado en un 80%  y creo que ya la próxima semana estarán los artículos semanales apareciendo regularmente de nueva cuenta.

Por ello esta explicación y  una sentida disculpa. Ya podrá asistir el próximo sábado 23 de septiembre a las 10 de la mañana a la ceremonia luctuosa que año con año se realiza en esta fecha en la Rotonda de los Hombres Ilustres del Estado de Guerrero  del Panteón de Chilpancingo como homenaje al General Catalán Calvo quien, a su muerte, fue declarado por el Congreso de la Entidad “Hijo Predilecto del Estado de Guerrero”.

Les envío un respetuoso saludo, y, como siempre  al final de los artículos, les pido que se cuiden mucho. Nuestra patria pasa por una marcada turbulencia social y sufre de una violencia que crece cada dia más. Es necesario sobrevivir.

Próximamente los artículos volverán  a aparecer con la regularidad acostumbrada.

Por su atención a este breve mensaje mi agradecimiento.

EL MILAGRO MEXICANO: LA ECONOMÍA EN LOS CINCUENTAS Y SESENTAS

04/septiembre/2017 Por Rafael Catalán Valdés

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La política económica de los años cincuenta ( sexenio de Ruiz  Cortines )  continuó los lineamientos establecidos en la década anterior (Avila Camacho y Alemán). La simbiosis que había empezado a surgir entre la élite política y  la económica se moderó un tanto y se trató de evitar  la repetición  de casos escandalosos de corrupción administrativa, pero la participación de la inversión oficial dentro del cuadro total disminuyó:  El empresario privado ganaba fuerza. Fue evidente entonces que los recursos captados  por el Estado a través del fisco eran relativamente bajos, y que en cambio la empresa privada estaba llenando este vacío  y aumentando su importancia estratégica. Para ese momento, el núcleo industrial con raíces en el Porfiriato  ( hierro, acero, cemento, procesamiento de alimentos, etc.)  se había expandido considerablemente, y podría decirse que algunas de sus líneas habían llegado a su límite y que de ahí en adelante su desarrollo  estaría principalmente en función del crecimiento natural de la población. En cambio, existía ya un nuevo núcleo de industrias encaminada a surtir el mercado interno de bienes de consumo relativamente modernos y complejos, como era el caso de los automóviles o de los aparatos eléctricos. No todas estas nuevas actividades, que hasta entonces habían permanecido al margen, pero que contaban con un gran potencial, florecieron. Por ejemplo, el programa de explotación  de los recursos marinos  -la “Marcha al Mar” – tuvo resultados  finales francamente desalentadores.

Al terminar la guerra de Corea en 1953 el problema de la balanza de pagos volvió a surgir, pues había una recesión de carácter mundial. Al iniciarse el año de 1954 se tomó la decisión de devaluar el peso una vez más y se fijó la nueva paridad de 12.50 pesos por dólar. Esto resolvió el problema a medias, pues el aumento en el valor total de las exportaciones  – que se hicieron más baratas –  fue modesto, pasando de 615 millones de dólares en ese año a 709 en 1958;  los precios mundiales de las exportaciones mexicanas siguieron bajando más de lo que se había previsto sin que las importaciones disminuyeran. El déficit comercial continuó  creciendo y para 1958 se importaron 419 millones de dólares más de lo que exportó. Al finalizar el gobierno de Ruiz Cortines se empezaron a contratar  importantes préstamos en el exterior, principalmente con el Banco Mundial y el Eximbank para hacer frente al problema. Los bajos ingresos del gobierno federal también propiciaron esta solución, pues así le fue posible al Estado mantener su ritmo de inversión sin modificar la estructura impositiva, eludiendo una confrontación con los causantes.

El ritmo de desarrollo no se interrumpió a pesar de los problemas anteriores. Cuando la administración de López  Mateos tomó el mando en 1958, la inversión pública aumentó, pero pronto surgieron nuevos problemas. Esta vez  no fueron resultado de dificultades  en el mercado externo, sino que en parte eran producto de una crisis política y en parte resultado del agotamiento de una primera etapa en el proceso de industrialización. La recesión económica de 1960-1961 se debió a una disminución en el ritmo de inversión del sector privado y a una fuga de capitales. La causa fue la diferencia  entre el régimen y algunos círculos empresariales. A raíz del impacto provocado por la Revolución cubana  y por la insurgencia de algunos sectores obreros, el gobierno de López Mateos decidió reafirmar públicamente su naturaleza revolucionaria para evitar que su legitimidad fuera puesta en entredicho. Los proyectos reformistas emprendidos en ese momento combinados con la retórica radical de algunos voceros del gobierno y del presidente mismo, llevaron a la gran empresa  nacional a abstenerse de hacer grandes inversiones y a retirar del país parte de sus capitales. El resultado fue que en 1961 el aumento del PN resultó tan leve que apenas si se mantuvo sobre el crecimiento de la población.  La inversión global que en 1961 había sido 13.5 % superior a la del año anterior se redujo a solo 4.6 por ciento en 1961 y a 0.3 por ciento en 1962. Al concluir ese año, el gobierno tuvo que dar las seguridades necesarias a la empresa privada sobre el mantenimiento del statu quo y para que esta volviera a reanudar su ritmo normal de actividad; mientras tanto, el Estado se vio forzado a aumentar sus inversiones  – sin aumentar los impuestos  – a fin de compensar los efectos negativos provocados por la actitud desconfiada del sector privado. En 1961 el gasto público financió el 50.5 por ciento de la inversión total  y el 55%  en 1962. Fue necesario recurrir entonces con mayor intensidad a los recursos financieros extranjeros, públicos y privados;  en 1961 el 15% le la inversión total se financió con crédito del exterior.  Entre 1950 y hasta el fin del periodo de López Mateos en 1964, el sector público obtuvo préstamos en el exterior por el valor de 3,139 millones de dólares, de los cuales amortizó en ese mismo plazo 1639 millones  y pagó 313.6 millones más por concepto de intereses.  Sin embargo, al finalizar el sexenio de López Mateos pareció que los principales problemas económicos habían sido superados:  Ese año el crecimiento del PN fue del orden del 1o  por ciento. La contrapartida fue un déficit  en la balanza de pagos igualmente espectacular.

Previamente, cuando la crisis entre el sector público y el sector privado nacional tenía lugar  – y cuando la deuda externa crecía –  López Mateos acentuó  la política de mexicanización en ciertas áreas de la economía. Ya durante la administración anterior algunos voceros oficiales, e inclusive círculos industriales mexicanos, había empezado a expresar su preocupación ante la importancia que estaba tomando nuevamente la empresa extranjera en México. Se temía que la aceptación más o menos irrestricta de empresas foráneas crearía a la larga un problema serio de balanzas de pagos por las remesas que eventualmente enviarían al exterior, a la vez que restaría libertad al Estado para guiar el proceso de desarrollo.

Ya en 1944 un decreto presidencial dio al gobierno facultades  para exigir a cualquier empresa  cuando menos un 51% de participación nacional para poder operar en México, facultad que se empleó  con sumo cuidado. En principio su objetivo era lograr mantener el predominio del capital nacional sobre el proceso económico a través de tres políticas: limitación a la entrada del capital externo en ciertas áreas estratégicas; fomentar la creación  de empresas mixtas en vez de compañías totalmente extranjeras;  y estimular la adquisición de productos industriales mexicanos.  El gobierno empleó todas esas políticas. En primer lugar, se pasaron una serie de decretos que tenían por objeto convertir a la industria automotriz, que en su mayor parte estaba en manos de empresas extranjeras, de simple ensambladora – ya que el 80% de sus insumos eran importados – en verdadero fabricante. Para ello se usó de todo el arsenal que el gobierno tenía a su disposición:  estímulos fiscales, licencias de importación, cuotas de producción,  fijación de precios, etc. El resultado  fue que algunas empresas extranjeras  dejaron de operar, pero otras  – europeas, americanas y japonesas – consideraron que el mercado interno mexicano bien valía el sacrificio y aceptaron las nuevas bases.

Hasta aquí por hoy, estimados lectores.  Vivimos tiempos turbulentos, ni quien lo dude. Particularmente me preocupa la situación existente en Corea del Norte,  en donde manda un enano loco, y en Estados Unidos, en donde manda otro. Ojalá que pueda sortearse bien esta peligrosa crisis.

Les saludo con el afecto de siempre. Cuídense mucho.

EL ARTE DE NEGOCIAR… (DONALD TRUMP)

30/agosto/2017 Por Rafael Catalán Valdés

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Trato de aprender del pasado, pero planeo para el futuro, enfocándome exclusivamente en el presente” Donald Trump.

(Transcripción de un artículo escrito por Jorge Sarmiento en el diario Reforma el 30 de agosto de 2017)

En realidad,  Donald Trump no escribió ” The Art of the Deal ” (El arte de la negociación), pero el libro publicado en 1987 presentaba a Trump como su autor principal. Ciertamente era el protagonista. Hoy sabemos  que el  verdadero autor fue Tony Schwartz, un escritor profesional, quien recibió crédito como autor y la mitad de las regalías.  El libro pasó  48 semanas en la lista de los libros más vendidos  del New York Times  y representó el inicio de la fama de Trump.

Schwartz  dio a conocer el año pasado que intentó trabajar en el libro con Trump, pero que éste no tenía paciencia para las prolongadas entrevistas que se requerían. Al final escribió el libro virtualmente solo, presentando las ideas que pudo tomar de Trump.  Aun así, Schwartz ha dicho que conoció a Trump más que  nadie en el proceso   (The New Yorker, 25.716).

Trump nunca se ha distanciado de las ideas del libro, sobre las cuales construyó  la personalidad  que llevó a la televisión en la serie The Apprentice  (El Aprendiz), en la que se caracterizó  por su expresión You are fired!   (Estás despedido)  que dirigía a los aprendices que buscaban colaborar con él en los negocios.

Trump quiere aplicar ahora las reglas del libro a México y a Canadá en la renegociación  del TLCAN. El presidente piensa que el primer paso en una negociación es ser muy agresivo para amedrentar al interlocutor y después obtener de él lo que uno quiera. Otra  de las estrategias es no mostrar interés en lograr un acuerdo.  Amenazar  constantemente con levantarse de la mesa ayuda a obtener mejores resultados en la negociación. “Nunca me aferro demasiado a un acuerdo o a un enfoque”, afirma el aparente autor de The Art of the Deal.

Hoy Trump está retomando sus propias recetas en la renegociación sobre el TLCAN. Es verdad que ha aceptado empezar una renegociación en lugar de simplemente retirar a su país del acuerdo, pero la negociación la lleva a cabo no con las reglas de la diplomacia sino con las que se marcan en The Art of the Deal.

Trump declaró este 28 de agosto que México está siendo “muy difícil”  en las conversaciones sobre el TLCAN. De ahí lanzó la esperada amenaza de que se levantará de la mesa si no se aceptan sus posiciones. “Creo que uno tiene que, al menos probablemente, iniciar el proceso de terminación antes de que alcance un trato justo, porque ha sido un trato unilateral”.  Una vez más recalcó que “el TLCAN ha sido uno de los peores acuerdos jamás firmados en todos los tiempos  en cualquier lugar del mundo, y puedo entender porque México es difícil, porque se salieron con la suya”

Tal vez la amenaza sea un bluff,  un engaño como los que describe en el libro, pero la única manera de desnudar ese bluff es estar dispuesto  a dar por terminado el TLCAN. El secretario de  Economía, Ildefonso Guajardo, parece entenderlo y ha declarado que México tiene un plan B.  Es lo más sano. De lo contrario, el bully  impondrá  sus condiciones.

La salida de Estados Unidos del TLCAN  afectaría a México, pero también a Estados Unidos y a Canadá. El problema es que Trump no entiende el resultado. Su ignorancia económica es tal que realmente  cree  que, si se elimina el TLCAN, regresarán a Estados Unidos los empleos en manufactura  que se han perdido.  Eso no ocurrirá,  por supuesto, pero lo que si es claro es que Trump  presumiría  una salida unilateral del TLCAN  como un gran triunfo ante los electores de su país.

Hasta aquí  con este breve artículo de Sergio Sarmiento, que me parece digno de leerse.  Ojalá que México logre sortear los peligros de que este ignorante se salga con la suya. Creo que México saldría mal librado.

Como de costumbre me despido por hoy  enviándoles un respetuoso saludo.

EL CRECIMIENTO ECONOMICO

26/agosto/2017 Por Rafael Catalán Valdés

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Continuemos,  estimados  lectores:

El  resultado fue un aumento de la producción agrícola  que se consideró como uno de los grandes éxitos económicos de la administración alemanista y de los gobiernos postrevolucionarios en general, aunque en los sesentas se empezó a notar con alarma un cierto descuido  de la capacidad productiva del campo y que se habría de lamentar.

Es claro que sin una agricultura  dinámica, la industrialización de estos treinta años no hubiera podido mantenerse.  Desde 1943 hasta 1955 la proporción del presupuesto federal gastada en mejoras a la agricultura y en proyectos de irrigación,  fue superior al 8 por ciento del total. Disminuyó considerablemente a principios de 1960 y en 1963 volvió a recuperar su nivel.  La tasa de crecimiento anual de la producción agropecuaria obviamente  reflejó esta oscilación  en la inversión. Entre 1941 y 1950 la tasa media anual de crecimiento fue de 5.5 por ciento, en la década siguiente descendió peligrosamente a 4.3 por ciento y 4% en los años sesenta.  Esta baja en la tasa de crecimiento se debió en parte a que otras áreas de la economía recibieron mayor antención,  pero en ningún momento el incremento fue menor que el de la población,  fenómeno que si ocurrió  entonces en  otros países latinoamericanos y que afectó negativamente su proceso de crecimiento. No se pensó que  esto pudiera llegar a pasar en México.

Conviene señalar que antes de 1940 el aumento en la producción  agropecuaria se debió  sobre todo  a un aumento en la superficie cultivada,  pero después ese  no fue el caso,  y cada vez más los aumentos  tuvieron que obtenerse a base de mejores rendimientos por unidad de superficie cultivada. Estos se lograron en parte  con las inversiones en irrigación,  pero no exclusivamente. El aumento se explica también por la mejora en la tecnología agrícola como resultado  de los programas de investigación de la Secretaría de Agricultura y Ganadería y de cierta colaboración  de fundaciones extranjeras, preocupadas por la posible escasez de alimentos en los países menos desarrollados.  Las mejoras logradas en ciertas variedades de trigo y  de maíz en los centros de experimentación agrícola en los años cincuenta y sesenta  en la propagación  por el país, que  fueron adoptadas en el extranjero.

Históricamente, la ganadería mexicana ha sufrido una serie de ciclos de auge y depresión. Entre 1940 y 1950 tuvo lugar uno de estos últimos  como resultado de la fiebre aftosa, pero en la década siguiente fue posible regularizar la oferta de carne animal aumentando tanto su consumo interno como su exportación  a Estados Unidos.  La rapidez  con que la población ganadera se recuperó fue sorprendente, y en gran medida promovida por los planes de expansión y mejora de las especies alentados  por el gobierno.

En la primera década  posterior a 1940,  el crecimiento agrícola fue espectacular pasando de 2,898 millones de pesos a 5,999 en 1950  ( las manufacturas casi crecieron al mismo ritmo y la producción de energía también).  A partir de entonces la industria creció mas de prisa; el valor de las manufacturas que en 1950 fue de 8,437 millones de pesos aumentó a 27,999 en 1966, el de la producción de energía eléctrica de 370 a 1592, y el de la producción de petróleo de 1,129 a 3,317. Se hizo definitivamente  a un lado la visión cardenista de construir una sociedad agraria con una base industrial relativamente pequeña que sirviera a sus necesidades, y lo que surgió fue exactamente lo contrario: Una sociedad urbana  centrada en la gran industria y apoyada en la agricultura, la cual le transfirió, muy a su pesar, grandes recursos.

La atmosfera de optimismo y casi de euforia entre los círculos oficiales y empresariales ante las cifras de crecimiento de la economía de la postguerra, vaciló ante ciertas problemas. Uno de los más inmediatos fue el de la balanza de pagos:  la demanda de exportaciones después de la guerra no creció tan rápidamente como las importaciones. En 1948 se dejó bajar  el valor del peso en el mercado ( de 4.85 a 6.88 pesos por dólar,  pero como no se corrigió suficientemente el desnivel del comercio exterior, en 1949 se decidió devaluar la moneda y fijar un cambio  de 8.65 pesos por dólar. La guerra de Corea mejoró las condiciones  del mercado mundial y la crisis se superó.  Las exportaciones en 1950 aumentaron en un 28% respecto a las del año pasado, y las de 1951 en un 20 por ciento.  Pero la demanda de importaciones continuó creciendo a un ritmo aún más acelerado;  quedó entonces claro  que el sector externo era uno de los puntos más débiles del modelo de crecimiento adoptado por México.  Esto no era una peculiaridad nacional… lo mismo ocurría  en mayor o menor medida en todas las economías subdesarrolladas.  Fue en esta época cuando debido a factores geográficos el turismo y las remesas enviadas por los braceros mexicanos en Estados Unidos empezaron a desarrollarse como fuentes adicionales de divisas. En 1940  el país recibió 50 millones de dólares por concepto de turismo… en 1950 la cifra fue de 233, que equivalían a casi el 50% del valor de las exportaciones de mercancías  hechas por México en ese año. En las décadas siguientes el ritmo de crecimiento sería menor, pero continuaría.

Para ese momento,  México contaba ya con un equipo humano técnico  y burocrático capaz de formular e implementar políticas crediticias y financieras que aceleraran los procesos de desarrollo.  Esto se hizo a través de toda una red de bancos e instituciones de crédito oficiales y privadas que captaban recursos y distribuían el crédito  a las diferentes ramas de la economía. Dentro de este complejo financiero  destacaron dos instituciones:  El Banco de México y la Nacional Financiera; esta última, que desempeñó un papel relativamente secundario durante el gobierno de Cárdenas, pasó a convertirse en la agencia de desarrollo mas importante del Gobierno. Las actividades de la banca privada tuvieron que obedecer a la política seguida por estas instituciones, a la vez que ellas mismas captaban  y distribuían directamente buena parte del ahorro nacional que complementaban con recursos externos. En la década de los cuarenta, el tipo de controles que emplearon  para dirigir el crédito fueron básicamente de carácter cuantitativos, pero a partir de entonces ganaron importancia los métodos cualitativos.

Las políticas oficiales lograron su cometido en este renglón.  Desarrollaron una serie de mecanismos para captar ahorros del público  – por el mercado de valores y la banca  –  y dirigieron este ahorro a los sectores que, de acuerdo con los puntos de vista oficiales,  debían de tener prioridad. El crecimiento de los recursos del sector financiero fue considerable y superior al incremento  en el Producto Nacional ( alrededor del 16 por ciento anual en los últimos años del periodo). En 1940 los recursos de las instituciones crediticias oficiales fue de 1,173 millones de pesos y los de las privadas eran de 2,137 millones respectivamente.

A pesar del crecimiento la proporción se mantuvo:  Mientras el sector oficial controló directamente un tercio del crédito, la banca privada manejó  los dos tercios  restantes.

Hasta aquí por hoy, respetados visitantes a este blog. Continuaremos en próximo artículo. Muchas gracias por su atención.

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