LA CONVENCION DE AGUASCALIENTES

16/enero/2017 Por Rafael Catalán Valdés

Para evitar la escisión constitucionalista,  Obregón se trasladó a Chihuahua para conferenciar con Villa del 30 de agosto al 3 de septiembre, y ambos acordaron suspender las hostilidades en  Sonora, sustituir a Maytorena con Juan Cabral, trasladar a Calles a Casas Grandes, Chihuahua, dejándole las fuerzas  de Naco, Sonora,  a Benjamin Hill;  además formularon un programa de gobierno del que Carranza  solo aceptó  lo relativo a hacerse cargo de la Presidencia provisional. Los otros puntos – dijo – se discutirían en “la junta” que se iniciaría el 1 de octubre en la ciudad de México, puntualizando que en ella, de acuerdo con su convocatoria  del 4 de septiembre, se acordarían las reformas que debían implantarse, el programa de gobierno provisional y asuntos de interés general.  A pesar del acuerdo al que habían llegado Obregón y Villa, no se acabaron los choques armados en Sonora y Villa volvió a apoyar a Maytorena, exigiendo que Villa y sus tropas fueran trasladadas  a  Casas Grandes. Obregón, con unos cuantos hombres  regresó a Chihuahua  para intentar pacíficamente otro arreglo pero Villa estuvo a punto de matarlo, después de haberlo recibido con aspereza y de exhibirle su poderío militar. Carranza, mientras tanto, había ordenado que le cerraran el paso a La División del Norte si intentaba avanzar hacia la capital, de modo que el 23 de septiembre rompieron villistas y carrancistas.

Algunos jefes constitucionalistas, como Lucio Blanco, Ignacio L. Pesqueira  y Rafael Buelna, formaron la Junta Permanente de Pacificación  con el objeto  de conciliar a villistas y carrancistas, además de atraer a los zapatistas. Varios miembros de la Junta, encabezados por Obregón, partieron a Zacatecas para entrevistarse con los villistas Eugenio Aguirre  Benavides. José I. Robles, Pánfilo Natera y otros que no estaban totalmente de acuerdo con la actitud que había asumido su jefe, y se comprometieron a cumplir el pacto de Torreón reuniendo el mayor número posible de generales constitucionalistas en la ciudad de Aguascalientes el 10 de octubre de 1914. Un compromiso que apoyaron además los jefes carrancistas que estaban inconformes por los términos en que el Primer Jefe había redactado la convocatoria  del 4 de septiembre.

A la “Junta” de la ciudad de México que convocó Carranza  – de hecho la primera etapa de la Convención –  asistieron 69 delegados de los que Obregón logró excluir a los civiles que vinieron en representación de gobernadores  y comandantes militares. A su vez, Luis Cabrera obtuvo que la asamblea no aceptara  la renuncia que  presentó  el Primer Jefe a los cargos  que le confería el Plan de Guadalupe.  La segunda etapa de la convención, como habían acordado  algunos villistas y carrancistas, se inició el  10 de octubre  en Aguascalientes  y concurrieron 150 militares. Desde esta fecha  hasta el primero de noviembre, Villa estuvo concentrando sus poderosos contingentes armados  en Estación Guadalupe, cercana a Aguascalientes, mientras que Carranza se quedó en México con muy escasas  fuerzas militares. Por otra parte, la mesa directiva de la Convención  fue presidida  por Antonio I. Villareal, inclinado hacia Carranza, pero con dos vicepresidentes villistas,  José I. Robles  y Pánfilo Natera; este último además  se encargó de conservar el orden en la ciudad.

Los participantes formaron tres grupos:  el carrancista, que estaba muy dividido y no contaba con un representante oficial  del Primer Jefe;  el que se había originado en la Junta Permanente de Pacificación, y el villista que encabezaba Felipe Ángeles.  Los tres grupos acordaron  constituirse en Convención y además la declararon  Soberana;  con sus firmas sobre la bandera nacional se comprometieron a cumplir, y hacer cumplir, las disposiciones que se formularan.  Villa se presentó en la Convención, aprobó los acuerdos  y nombró a Roque González Garza  su representante oficial;  además, se reconcilió con Obregón y regresó a su cuartel general  en Estación Guadalupe.  En seguida partió Felipe Ángeles a  Morelos  para invitar a Emiliano Zapata,  quien no aceptó participar oficialmente sino que solo mandó a un grupo de civiles con grados militares, entre los que estaban  Paulino Martínez, Antonio Díaz Soto y Gama y los hermanos Magaña, que se presentaron en la Convención  hasta después de entrevistarse con Villa  en Estación Guadalupe. La Asamblea adoptó el Plan de Ayala, sin que ello significara  un compromiso para los zapatistas, ya que no eran delegados;  por sugerencia de Obregón se aprobaron los ceses de Carranza como Primer Jefe del Ejército Constitucionalista y encargado del Poder Ejecutivo  y el Villa, como Jefe de la División del Norte, añadiendo que el caso de Zapata se discutiría cuando nombrara delegados a la Convención, y el de Sonora con la sustitución de Maytorena. Luego procedieron a la elección del Presidente Provisional de la República, triunfando por 112 votos contra 21 el candidato de transición que fue Eulalio Gutiérrez (veterano del PLM  maderista y Gobernador de San Luis Potosí.

Dicha elección, sin embargo, quedó sujeta a la ratificación o rectificación que hiciera la delegación zapatista, la cual prometió presentarse debidamente  acreditada el 20 de noviembre de 1914.  Por último, se nombraron dos comisiones para comunicarles sus respectivos ceses a Carranza y a Villa.  Este aceptó someterse a lo dispuesto, inclusive a que lo mataran  en unión de Carranza y Zapata, pero el 2 de noviembre se presentó en Aguascalientes con 6 mil hombres y 5  trenes cargados de artillería, el 7 ocupó toda la ciudad y desplegó sus fuerzas por el rumbo de Querétaro. Finalmente, el 8 de noviembre lo nombró Eulalio Gutiérrez  jefe de operaciones para que combatiera la insurrección de Carranza, al que le había dirigido un ultimátum que se vencía el 10 de noviembre.

El Primer Jefe  abandonó la ciudad de México desde principios de noviembre y acabaría estableciendo su gobierno en el puerto de Veracruz el día 26; entretanto no reconoció la soberanía de la convención, rechazó la notificación de su cese y puso tres condiciones para renunciar:  establecer un gobierno provisional efectivo y no el que podía terminar el 20 de noviembre, para que realizara las reformas que necesitaba el país; quitarles el mando de  tropas a Villa y a Zapata, y que además los expatriaran, incluyéndole a él.  Como la convención no aceptó sus condiciones, Carranza llamó a todos los jefes del ejército  para que la combatieran. Entre los que acudieron a su llamado, estuvieron  Obregón estuvieron Antonio I. Villarreal, Lucio Blanco, Pablo Gonzalez y Eduardo Hay, que hasta mediados de noviembre habían estado dispuestos a apoyar a la convención, si ésta enviaba a Villa y a Carranza  fuera del  país.

Las avanzadas villistas y zapatistas rodearon  la ciudad de México y, aunque Villa instaló a Eulalio Gutiérrez  en el Palacio Nacional el 3 de diciembre de 1914, la entrada triunfal de los ejércitos combinados fue hasta el 6, dos días después de que el Centauro del Norte y el Caudillo del Sur habían firmado  el Pacto de Xochimilco  , en el que secretamente convinieron  el canje de enemigos  personales, y públicamente una alianza militar que ninguno cumplió cabalmente. De acuerdo con el pacto, Zapata y Villa partieron de México en la primera decena de diciembre, ya que el primero se había comprometido a combatir en la región poblanoveracruzana, pero solo les arrebató a los carrancistas la ciudad de Puebla  el día 14  y partió a Morelos  donde permanecería aislado hasta mediados de 1915.  Villa a su vez se fue al occidente y tomó  Guadalajara, pero nunca les proporcionó a los zapatistas suficiente  cantidad de armas ni pertrechos.  Por otra parte, Eulalio Gutiérrez pretendió ejercer la Presidencia  provisional e integró su gabinete con los villistas José Vasconcelos, Felícitos Villarreal, Lucio Blanco, José I. Robles, y los zapatistas Manuel Palafox  y Rodrigo Gómez, pero fue incapaz de impedir la ola de saqueos, atropellos y crímenes.  Únicamente en la primera mitad de diciembre de 1914 desaparecieron más de cien personas, entre las que estuvieron los revolucionarios Guillermo García Aragón, David Berlanga  y Paulino Martínez; los dos últimos asesinados por el Villista Rodolfo Fierro.  Como la situación empeoraba, Gutiérrez intentó aliarse con Obregón a principios de enero de 1915, pero Villa se enteró de las gestiones y se presentó intempestivamente en México con la mira de matar al Presidente  Provisional. Esto no llegó a suceder, pero subsistió la desconfianza hasta que con pocos días de diferencia ambos partieron de la capital.

 

Hasta aquí por hoy, estimados lectores. Posiblemente les ha extrañado que no haya  tratado con mas detalle  y amplitud el tema de Donald Trump. Como se ha escrito, difundido y discutido en todo el mundo y por todos los medios, ya hay poco más que decir. Es necesario documentarse  más para poder tocar temas poco conocidos. Estoy en ello. Por cierto, si alguno de ustedes desea mayor información acerca de este patético y peligroso individuo, les sugiero conseguir y leer un libro,  escrito por  dos periodistas del Washington Post  ( ¿ se acuerdan de Water Gate?), que lleva el título  de Trump  Revealed. Sus autores son Michael Kranish y Mark Fisher. Créanme. Vale la pena.

Cuidense mucho.   La situación del país esta alterada. Tenemos que sobrevivir. Les deseo lo mejor.

 

TODOS CONTRA TODOS

28/diciembre/2016 Por Rafael Catalán Valdés

Nuevo-18

La revolución contra Victoriano Huerta se empezó a dividir antes de que llegara el triunfo final, tanto por las diferencias y rivalidades personales de los tres principales jefes,  Carranza, Villa y  Zapata, como por sus distintos enfoques de los problemas nacionales e internacionales.  Francisco Villa y Venustiano Carranza, que eran norteños,  militaron en el  maderismo y en el constitucionalismo,  el primero fue pobre, ejerció todas las ocupaciones posibles y tenía carácter explosivo con arrebatos de furia y de llanto;  el segundo gozaba de buena posición económica, se mostraba seguro de si mismo, sabía lo que quería, era obstinado, reacio a contraer  compromisos y se crecía ante las adversidades. Había llegado a los 55 años de edad y se le podía admirar  u  odiar, pero no seguir ciegamente. Villa, como Emiliano Zapata, andaba por los 35 años, ambos eran ingenuos en la política, incapaces de consolidad la lucha armada, se guiaban por  sus instintos  y concebían al país como una prolongación  de sus regiones (especialmente Zapata).  Sus movimientos fueron populares y, ellos  unos verdaderos caudillos que despertaron fanatismo en las masas, ya fuera para integrar la poderosa División del Norte  y el Ejército Libertador del Sur, o para formar guerrillas efectivas y temibles. La lucha de Zapata tuvo una solidaridad raras veces lograda,  con su centro de operaciones en el Estado de Morelos y un objetivo definido, la defensa de los pueblos.  Los tres jefes revolucionarios  se rodearon de algunos hombres cultos, pero ninguno de estos logró ejercer una influencia decisiva sobre ellos.

Carranza y Villa chocaron desde el primer contacto personal que tuvieron en Chihuahua en marzo de 1914  y sus roces fueron aumentando progresivamente porque aquel, por su propio carácter y por el que le confirió el Plan de Guadalupe, exigía obediencia en los asuntos militares y políticos. Villa no gozaba de esas prerrogativas, pero en cambio era el dueño efectivo del Estado de Chihuahua, se mostraba arrogante, hacía ostentación del dominio que ejercía, daba órdenes que incluían al gobernador nombrado por Carranza,  Manuel Chao, imprimía papel moneda, dictaba confiscaciones, tenía agentes en los Estados Unidos y una actitud condescendientes respecto a los norteamericanos por la ocupación de Veracruz. Las discrepancias entre Carranza y Villa culminaron en junio de 1914 con la toma de Zacatecas, pero los generales de la División del Norte y del Cuerpo de Ejército del Noreste lograron restablecer las relaciones temporalmente con el  Pacto de Torreón, del  8 de julio, que tuvo dos versiones. En la secreta, convinieron en que Villa pusiera en libertad  a 40 prisioneros, devolviera un dinero que había sustraído y presentara disculpas a Carranza;  este retendría el cargo de Primer Jefe, pero su autoridad se limitaría a los asuntos civiles  y diplomáticos;  a Villa y su División les daría el mismo rango que a Alvaro Obregón  y Pablo González, y sus respectivos cuerpos de ejército  del Noroeste y del Noreste;  restituiría a Eusebio Calzada en la Dirección de los ferrocarriles constitucionalistas  y la distribución del carbón.  En la versión formal y pública del Pacto de Torreón, los generales de la División del Norte exigieron que Villa la jefaturara de nuevo y reconocieron a Carranza como Primer Jefe, pero  le impusieron varias obligaciones para cuando triunfara la revolución:  Integrar una junta consultiva de gobierno, asumir la presidencia interina, convocar a una convención de delegados del Ejercito Constitucionalista  — uno por cada mil hombres –,  la cual se encargaría de fijar la fecha de las elecciones, formular el programa de gobierno y tratar los asuntos generales.  Además  tendría que solucionar el problema de la jurisdicción de mandos que se suscitó en Sonora (el gobernador José María Maytorena consideró disminuidas sus facultades cuando Plutarco Elías Calles se hizo cargo de la Comandancia Militar de  Hermosillo y de la Jefatura de las fuerzas fijas  de  Sonora)  sin violar la soberanía del Estado ni atacar al gobernador, al que solamente se le sugeriría dejar el cargo. Se estableció también que todos los constitucionalistas  combatirían  hasta acabar con el ejército huertista, implantar un régimen democrático que procurara el bienestar de los obreros, la emancipación de los campesinos y el castigo a los miembros del clero que hubieran  colaborado con Huerta. En realidad el pacto solo conjuró el choque armado entre los constitucionalistas, puesto que ni Carranza ni Villa lo acataron, ya que el primero cortó los suministros de carbón al segundo para impedirle que avanzara  hacia la ciudad de México;  Villa, por su parte, durante todo el mes de julio se estuvo preparando para combatir a Carranza, mediante el reclutamiento de más hombres  y la compra de caballos, armas y pertrechos de guerra.

El movimiento zapatista siempre fue independiente del constitucionalista, no obstante que desde 1913 se hicieron algunos intentos para unificarlos. En agosto de 1914 había tres tendencias en el cuartel general zapatista: los antiguos miembros de la     Casa del Obrero Mundial  que estaban dispuestos a hacer concesiones  para conseguir la unificación de los revolucionarios de principios  y los anarcosindicalistas; el grupo que prefería el aislamiento, formado por Zapata y los jefes locales de Morelos, y el que encabezaba Manuel Palafox, hostil a cualquier arreglo.  El tercer grupo acabó imponiéndose, de modo que cuando los constitucionalistas Juan Sarabia,  Antonio I. Villarreal  y Luis Cabrera, con el apoyo de los antiguos miembros de la Casa del Obrero Mundial, trataron de llegar a un avenimiento en Cuernavaca, estuvieron a punto de perder la vida ya que Zapata le dio su apoyo al grupo de Palafox, y exigieron que el Primer Jefe renunciara o compartiera el poder  con un zapatista; además debía entregarles la población de Xochimilco.  Carranza rechazó las proposiciones zapatistas el 3 de septiembre de 1914, pues no eran base para un arreglo sino condiciones a un vencido.

El conflicto interno de Sonora, agravó a principios de agosto de 1914 porque la guarnición de Navojoa y las tribus yaquis proclamaron  la autoridad militar de Maytorena  y atacaron las poblaciones fronterizas que estaban en poder de Calles, lo que significaba un doble peligro: El de provocar un conflicto internacional y que la lucha se extendiera a otros  Estados porque Maytorena contaba con el apoyo de Villa.

Hasta aquí por hoy, respetables lectores.  En verdad resulta muy interesante seguir  paso a paso las acciones revolucionarias, sobre todo en este periodo  que estamos leyendo, , antes de entrar a las etapas más conocidas  de la Revolución Mexicana.

Gracias por el tiempo que dedican  para leer este blog. Ojalá que  también dediquen algo de tiempo para enviar algunos comentarios.

WOODROW WILSON CONTRA VENUSTIANO CARRANZA

27/diciembre/2016 Por Rafael Catalán Valdés

Nuevo-18

Carranza y Wilson volvieron a chocar a finales de febrero de 1914 a consecuencia de la ejecución del súbdito británico William Benton  en territorio villista. El gobierno norteamericano se hizo cargo de la reclamación con base al acuerdo que llegó con Gran Bretaña a cambio de su cooperación en la política de Wilson, pero el Primer Jefe exigió que la reclamación se tratara por los canales diplomáticos británicos conforme a su decreto del 13 de mayo de 1913, y no permitió  que una comisión norteamericana pasara al territorio mexicano para investigar el asunto. A pesar de los rechazos de Carranza, Wilson tuvo que  dirigirse nuevamente a él para pedirle una declaración, aunque fuera confidencial, de que no participaría en  la controversia entre Huerta y Wilson  por la ocupación de Veracruz;  además de que reiteró la amistad con el pueblo de México y anexó copia de su mensaje al Congreso de los Estados Unidos. La respuesta de Carranza fue mas tajante que las anteriores y en Washington le dieron el carácter  de ultimátum, pues decía que la las tropas norteamericanas violaban la soberanía de México y atentaban  contra su dignidad e independencia, contrariando las reiteradas sobre su amistad con el pueblo mexicano.  En consecuencia, lo instó a ordenar la desocupación de Veracruz y a que le formulara al gobierno constitucionalista la queja que tuviera sobre los sucesos de Tampico.  Wilson presionó constantemente a Carranza para que rectificara  su respuesta y éste, como era de esperarse, no solo no accedió sino que por medio de un mensaje que le dirigió al pueblo de los Estados Unidos, le hizo ver que su gobierno había ofendido a México y herido a los constitucionalistas.  Como Wilson nuevamente adujera que dicha ocupación era un acto contra Huerta, Carranza insistió en que había vulnerado notoriamente  los principios fundamentales del derecho, la permanencia de las tropas era una invasión injustificada, los constitucionalistas jamás se apoyarían en una invasión extranjera para triunfar  y no admitían  que las medidas que tomaba Wilson  fueran exclusivamente contra Huerta. En fin, el Primer Jefe reiteró  su exigencia para la evacuación de Veracruz, citando las propias palabras  del Presidente norteamericano  ante el Congreso: “El pueblo mexicano tiene el derecho de arreglar sus problemas internos del modo que más le cuadre, y nosotros abrigamos los mejores deseos de respetar ese derecho”.

La compulsión de intervenir  en los asuntos internos de México  llevó a Wilson a ordenar la ocupación  de Veracruz, un acto bélico contra el pueblo, en contradicción con sus reiteradas declaraciones de amistad, y que no consiguió los objetivos que perseguía.  La reacción inmediata de los mexicanos fue la defensa armada, y olvidar sus diferencias internas ante el enemigo común, los Estados Unidos. Por otra parte, Huerta rompió las relaciones con el gobierno  norteamericano, se negó a ordenar los saludos a su bandera en las condiciones que le exigieron y no renunció a la presidencia. Además de que el 27 de mayo recibió en Puerto México las armas que trajo el “Ypiranga”  — anteriormente consignadas a Veracruz – así  como otras que transportaron mas barcos alemanes, muchas de ellas adquiridas en los Estados Unidos.  La opinión pública censuró a Wilson por provocar una guerra basándose en una cuestión de honor;  por añadidura, los norteamericanos no se entusiasmaron por la guerra, ya que difícilmente podían hacer la distinción que alegaba su presidente de que era contra Huerta y no contra los mexicanos.  En fin, Wilson mismo quedó atrapado entre sus declaraciones amistosas y los hechos cruentos de Veracruz, y para salir airoso de la situación solicitó la mediación de Argentina, Brasil y Chile (ABC), pero jamás pensó someterse a su decisión.

El propósito inicial de Wilson en las conferencias de mediación que se efectuaron del 21 de abril  al 30 de junio de 1914 en Niagara Falls, Canadá, siguió  siendo el de intervenir en nuestros asuntos internos, o sea, eliminar a Huerta y establecer un gobierno que aceptara todos los partidos políticos;  dicho gobierno se comprometería a efectuar elecciones y a ejecutar reformas sociales para acabar con el descontento.  Wilson declaró expresamente que las conferencias eran un intento para establecer la paz entre las facciones mexicanas”.

Los mediadores  fueron los ministros en Washington de Argentina, Brasil y Chile;  Los delegados del gobierno huertista, Emilio Rabasa,  Agustín Rodríguez y Luis Elguero; los comisionados de Wilson, Joseph R. Lamar y Frederick  Lehmann. Las conferencias constaron de cuatro sesiones plenarias y muchas parciales, casi nunca se habló de los motivos que supuestamente las originaron, el incidente de Tampico y la ocupación de Veracruz, sino que versaron sobre el modo  de eliminar a Huerta y de constituir un gobierno presidencial. Unas veces discutieron si una o más facciones debían integrar ese gobierno, otras propu  sieron candidatos y estudiaron sus tendencias políticas. También se enfrascaron en alegatos acerca de la necesidad de que los mexicanos acordaran un armisticio, y de que los Estados Unidos ampliaran el embargo de armas a nuestros puertos, ya que hasta entonces solo comprendía  la frontera. Si el gobierno provisional que resultara de las conferencias del ABC debía llevar a cabo la reforma agraria o solamente comprometerse a darle la debida atención;  asimismo discutieron sobre la legislación  electoral, la educación primaria obligatoria, etc.

Carranza no aceptó la mediación del ABC ni tampoco pactar directamente con Huerta, sino a éste, y al ejército, les exigió la rendición incondicional. Ante la firmeza de Carranza y el avance de sus tropas hacia la capital, Huerta nombró Secretario de Relaciones  Exteriores a Francisco S. Carbajal para que  lo sucediera en la Presidencia, y bajo su protección huyó del país.  Carbajal pretendió mantenerse en el poder con diversas medidas: Por una parte ratificó a los delegados huertistas en el ABC, nombró a José Castelló su agente confidencial en los Estados Unidos y se valió de todos ellos, así como también de conductos brasileños en México y en Washington para que el gobernó norteamericano obligara a Carranza a tener unas conferencias de paz sobre la base de la suspensión de hostilidades.

Wilson y Bryan se dirigieron a Carranza y a Francisco Villa el 23 de julio para reiterarles sus simpatías y ayudarles a resolver los problemas que habían surgido entre ambos por la toma de Zacatecas, pero a la vez les advirtieron que el reconocmiento diplomático de los Estados Unidos dependería de la actitud que tomaran al asumir el poder. En primer término les exigieron el máximo cuidado, equidad y liberalidad en el trato de las vidas, las propiedades y los derechos de los extranjeros, en particular las obligaciones financieras contraídas por el gobierno anterior. En segundo, debían mostrarse magnánimos con los vencidos y con los sacerdotes. Villa respondió el 26 de julio que se proponía permanecer en Chihuahua y que no impediriá el avance de Carranza hacia la capital, pero en cambio si les exigiría que cumplieran el Pacto de Torreón en el que se estipulaba que convocaría una Junta de Generales, uno por cada mil hombres, en la que él  – Villa – obtendría la mayoría de los votos, ya que la División del Norte contaba con más de 60 mil hombres.  Añadió  que no tenía  ambiciones personales, que insistiría en la Reforma Agraria y le daría su apoyo a Felipe Angeles para que fuera Presidente Provisional.

El 2 de agosto de 1914 llegaron a Saltillo, Coahuila, tres delegados de Carbajal para conferenciar con Caranza, pero como aquellos presentaron condiciones previas para que renunciara el presidente, las conferencias no se efectuaron.

Entre tanto, en la Capital de país reinaba el desorden y el  gobierno  norteamericano con la colaboración del cuerpo diplomático acreditado en México, exigió a los constitucionalistas que concedieran amnistía política y garantías a la propiedad.
El primer jefe rechazó todas las imposiciones y el 14 de agosto de 1914 obtuvo la rendición  incondicional  del régimen huertista sin participación ni colaboración de ningún gobierno extranjero.

LA CATARATA INTERNACIONAL (II)

26/diciembre/2016 Por Rafael Catalán Valdés

Nuevo-18

La tercera etapa se inició con un discurso que pronunció  Wilson el 27 de agosto de 1913 ante el Congreso de su país. Su deber, –  dijo –  era ayudar al pueblo mexicano a recobrar la paz y a establecer un gobierno honesto;  pero como no podía imponer sus buenos oficios, por lo pronto se concretaría a  una “espera vigilante,”  aunque instando a los norteamericanos a que salieran de México para evitar que  corrieran riesgos innecesarios. Además, prohibió  la exportación de armas de los Estados Unidos para todas las facciones mexicanas. El discurso logró los objetivos que perseguía Wilson: el apoyo del Congreso  y del  pueblo norteamericano;  pero también pretendía que las potencias europeas colaboraran con su política, por lo tanto presionó a la Gran Bretaña, que era la más reacia, pues aducía que ya había reconocido al gobierno de Huerta y no estaba dispuesta a mezclarse en  los asuntos internos de México porque su gobierno protegía adecuadamente sus intereses petroleros, ferrocarrileros y de servicios públicos.  Wilson hizo ver a la Gran Bretaña que las condiciones de orden moral debían prevalecer  sobre las materiales, así como el restablecimiento de las prácticas constitucionales sobre el simple deseo de restablecer el orden. Ambos gobiernos sostuvieron  sus respectivos puntos de vista, hasta que la tensión hizo crisis el 11 de octubre porque el ministro británico Lionel Carden presentó sus cartas credenciales  al gobierno de Huerta. Wilson censuró públicamente esa actitud y les prometió  su ayuda a los países de América Latina  contra los concesionarios  extranjeros.  Antes las amenazas de Wilson y los presagios de la Primera Guerra Mundial,  Gran Bretaña acabó colaborando con la política de los Estados Unidos , a cambio de que protegiera sus intereses económicos en México.

Cuando  Wilson obtuvo el apoyo del Congreso norteamericano  y del pueblo de los Estados Unidos, así como el de las potencias europeas, exigió que Huerta renunciara “voluntariamente” o lo forzaría a hacerlo mediante un ultimátum. Para conseguir la renuncia voluntaria se valió de Gran Bretaña, pidiéndole además que convocara a la XXVI Legislatura y que concediera una amnistía general para que los constitucionalistas tomaran parte en las elecciones. Huerta rechazó la proposición  aduciendo que el Congreso “elegido” el 26 de octubre nulificaría  las elecciones presidenciales y convocaría a otras, y que el se pondría al frente de las tropas para pacificar al país, dejándole el poder a un presidente sustituto. Por otra parte, añadió Huerta, la XXVI Legislatura  no podría reunirse porque muchos de sus miembros se habían incorporado al Constitucionalismo, tampoco podía ofrecer amnistía porque entre los rebeldes abundaban los criminales. La mediación británica fracasó y, en consecuencia,  Wilson envió el anunciado ultimátum el 12 de noviembre de 1913 para que se aplicara antes de la medianoche. El contenido del ultimátum era similar a la proposición anterior, pero ahora insistía en la ruptura total de las relaciones;  además de que por su propia cuenta Lind le agregó que Huerta debía disolver  el Congreso espurio.  Huerta replicó que dicho Congreso se reuniría el 2o  de noviembre por dos motivos: para confirmarle las facultades extraordinarias que días antes el había asumido por su propia cuenta y para decretar su propia disolución.  Wilson  finalmente exigió que el Congreso no se reuniera y Huerta renunciara tan pronto como se reuniera un gobierno ad-interim, cuyo carácter y composición se determinaría en negociaciones entre Huerta,  Lind y el encargado de negocios de los Estados Unidos, Nelson O’ Shaugnessy;  después tratarían lo relativo al reconocimiento y las elecciones.  Huerta volvió a rechazar  la imposición  de Wilson y  a sus desafíos verbales siguieron los hechos: el Congreso tuvo una reunión preliminar el día 15  y la formal el día 20. A esta última asistió todo el cuerpo diplomático, excepto O´Shaughnessy, por indicación de su gobierno… y Huerta no renunció. Por otra parte,  aunque Wilson no cumplió su amenaza de romper las relaciones, si ordenó el bloqueo económico  advirtiendo además que si Huerta no renunciaba  utilizaría “medios menos pacífícos” , es decir, la intervención armada, que en realidad desde el principio de su gobierno estuvo tentado de ordenar,   desembarcando tropas que avanzarían hasta la ciudad de México,  para entregársela a los constitucionalistas.  Una dádiva que estos nunca pidieron, ni aceptaron, como se verá  más adelante.

La cuarta etapa de la política  de Wilson se inició el 3 de febrero de 1914 con la derogación del embargo de armas  a México; poco después, 1l 9 de abril, sobrevino  un incidente con la guarnición militar huertista de Tampico porque brevemente arrestó a la tripulación del ballenero norteamericano “Dolphin”, cuando se abastecía de gasolina en los muelles sin tomar en cuenta que era zona de combate entre mexicanos.  El contralmirante Henry T. Mayo  – al mando de seis barcos de guerra que Estados Unidos  mantenía anclados frente al puerto  y a los cuales pertenecía el ballenero – le dirigió un ultimátum al General Ignacio Morelos Zaragoza  pera exigirle una excusa,  la desaprobación formal del arresto, un castigo severo para el oficial que resultara culpable;  además de que el general debería ordenar que se izara  la bandera norteamericana para saludarla  con la salva de 21 cañonazos. El gobierno  trató de llegar a un arreglo con el de los Estados Unidos, ofreciendo saludos simultáneos  o firmando un protocolo que garantizara saludos recíprocos y sucesivos de ambos países, pero todo fue en vano ya que para entonces Wilson había decidido  la ocupación de dos puertos,  Veracruz y Tampico, para los días  21 y 22 de abril. Además declaró que aunque Huerta accediera a cumplir el ultimátum de Mayo, la flota norteamericana permanecería  en los puertos mexicanos. En consecuencia, la ocupación de Veracruz solo la adelantó Wilson unas horas al saber que el “Ypiranga” llegaría con el cargamento de armas adquiridas por Huerta.  Hasta después de que hubo ordenado la ocupación de Veracruz tuvo a bien pedir la autorización del Congreso Norteamericano para usar las fuerzas de mar y tierra que, según las propias palabras del Presidente, era “para sostener la dignidad y la autoridad de los Estados Unidos, y  combatir a Huerta,  no al pueblo mexicano”;  al que por otra parte, estaba tratando de devolverle la oportunidad de restablecer sus propias leyes  y su propio gobierno.

En Veracruz desde hacía tiempo estaban cuatro barcos de guerra de los Estados Unidos  al mando de Frank. Fletcher, quien cumpliendo las órdenes de su presidente atacó el puerto  el 21 de abril, sin previo aviso ni declaración de guerra. En seguida desembarcaron las tropas y ocuparon los principales edificios, después impidieron que el Ypiranga descargara las armas, luego reiniciaron el ataque a Veracruz y lo ocuparon totalmente el dia 22, causándole a México 500 víctimas entre muertos y heridos. Fletcher proclamó la ocupación del puerto sin hacer la más mínima alusión al incidente de Tampico ni a los famosos saludos a la bandera de los Estados Unidos  sino que expresamente  dijo  que lo hacía  “para vigilar la administración de los asuntos, dado el disturbio que vivía México”. Los 6 mil infantes de Marina y marineros que ocuparon el puerto fueron sustituidos  el 30 de abril por una brigada del ejército al mando de Frederik  Funston,  y Wilson declaró que la ocupación duraría  hasta que Huerta dejara el poder, no se proponía invadir más , pero restableció la prohibición de exportar armas a territorio mexicano  y movilizó mas tropas hacia la frontera.

En México no solo importaba el gobierno de Huerta, sino  también el que   Venustiano Carranza había establecido  en Sonora el 17 de octubre de 1913. Antes de que hubiera transcurrido un mes de ese suceso, Wilson envió al agente especial William Bayard Hale para proponerle al Primer Jefe la derogación del embargo de armas para cooperar en la lucha contra Huerta a cambio de que los constitucionalistas participaran en las elecciones presidenciales ; independientemente de que aceptara o rechazara la proposición , le exigió protección para los extranjeros y sus intereses bajo amenaza de intervención armada. Carranza rechazó  la proposición  porque llevaba a la imposición de un presidente al gusto de Wilson, al que le negó terminantemente cualquier derecho  para intervenir en los asuntos internos de México;  además consideró que su gobierno era acreedor al reconocimiento diplomático y que la derogación del embargo de armas era un acto de justicia porque siempre les había dado garantías a los extranjeros.  El gobierno de los Estados Unidos dedujo que los constitucionalistas no comprendían la democracia y los amenazó con que recurrirían a la intervención armada si no se sometían a su “proposición”. El Primer Jefe no se inmutó, y a finales de enero de 1914 comisionó a Luis Cabrera  en Washington  para que insistiera en la derogación del embargo de armas, ero como el Departamento de Estado la condicionó al respeto de los derechos de propiedad y de las condiciones “,justas y equitativas”,   a efectuar elecciones  antes de eliminar a Huerta y a que las tropas norteamericanas traspusieran la frontera para proteger a los extranjeros, el Primer Jefe dio por concluida la negociación.

Hasta aquí  por hoy, estimados lectores. Espero hayan disfrutado de las   fiestas navideñas. Como habrán podido leer, impresiona el saber que difíciles temporadas tiempos sufrieron  nuestros antepasados.  Hago votos por que nosotros no tengamos que pasar por tantas dificultades ahora que Estados Unidos va a ser conducido por un individuo como Trump. Se que han cambiado las circunstancias, pero por como veo las cosas   no las vamos a tener fáciles .

Espero que en  el próximo año podamos capear la tormenta perfecta que nos amenaza.

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