LA DISCORDIA HUERTISTA

28/noviembre/2016 Por Rafael Catalán Valdés

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Al concluir la Decena Trágica de febrero de 1913, los habitantes de la capital se lanzaron jubilosos a las calles, adornaron fachadas de sus casas y, en unión de la prensa, se solazaron en proclamar las glorias de los vencedores y en condenar a los caídos.  La alta burguesía, integrada  por terratenientes, banqueros, comerciantes e industriales, no solo vio el fin de aquellos días de horror como la mayoría de la gente, sino el término de dos años de zozobra, pues confiaban que el nuevo gobierno iba a restablecer las condiciones políticas, sociales y económicas en las que habían prosperado.

Victoriano Huerta se instaló en el Palacio Nacional el 20 de febrero de 1913. Integró su gabinete con una mayoría felicista, la cual ingenuamente pretendíó  primero dirigir a Huerta y después sustituirlo con Félix Díaz, pero Huerta permaneció en la Presidencia 17 meses y su gobierno fue totalmente dictatorial a partir del 10 de octubre de 1913,  fecha  en que disolvió el Congreso de la Unión. El Pacto de la Embajada solo le sirvió para encumbrarse en el poder y con disimulo e intrigas fue debilitando progresivamente al felicismo y engendrando huertismo.  Entre las primeras medidas que tomó, estuvo la de sustituir con sus incondicionales a los miembros del gabinete que surgieron del Pacto de la Embajada;  el puesto clave de Secretario de Gobernación se lo entregó a Aureliano Urrutia el 24 de abril de 1913. De los demás secretarios de Estado, basta con decir que  entre junio y octubre del mismo año se sucedieron Manuel Garza Aldape  Federico Gamboa y Querido Moheno  en Relaciones;  Garza Aldape. José María Lozano, Eduardo Tamariz y Nemesio García Naranjo en Instrucción Pública;  Garza Aldape y Leopoldo Rebollar en Fomento; Lozano y Arturo Alvaradejo en Comunicaciones;  Garza Aldape y Tamariz en Agricultura;  Las Secretarías de Justicia y de Hacienda fueron intercambiadas  por Adolfo de la Lama y Enrique Goroztieta.  Solo Aurelio Blanquet  permaneció en la de Guerra desde junio de 1913 hasta la caída de Huerta, pues ni Urrutia se salvó de aquel torbellino,  ya que a mediados de septiembre de 1913 fue sustituido por Garza Aldape,  que obviamente era el comodín para cualquiera de las secretarías.

El poder judicial  no solo apoyó a Huerta, sino que mereció las felicitaciones de los sucesivos presidentes de la Suprema Corte,  Francisco S. Carbajal y Manuel Olivera del Toro. El primero porque Huerta había asumido la presidencia en febrero de 1913 y el segundo,  porque había disuelto el Congreso en el mes de octubre. A su vez, Huerta utilizó el poder judicial  para sus ejecuciones y arrestos;  labores en las que colaboraron las Secretarías de Gobernación y Guerra, así como el gobernador del Distrito Federal,  Enrique Cepeda. De manera que la ola de crímenes que se inició en la capital durante la Decena Trágica continuó con el de Abraham González en Chihuahua y el del general Gabriel Hernández, al que quemó en México Enrique Cepeda;  el periodista Alfonso Campos Ortiz, el poeta  Nicaragüense Solón  Arguelles  y mas de cien casos comprobados de aplicación de la ley fuga.  Por otra parte, amordazaron a la prensa  y los periódicos  desafectos al régimen fueron clausurados;  en cambio, los adictos fueron subvencionados. En el último caso estuvieron los capitalinos El Imparcial,  el  Diario y El País:  el Eco de la Frontera en el  Norte.

Las relaciones de Huerta con el poder legislativo presentaron dos aspectos: Las cordiales que tuvo con el Senado y con los diputados del Cuadrilátero, y las difíciles que  existieron con pocos senadores,  como Belisario Domínguez,  y con los diputados  revolucionarios de la XXVI  Legislatura, ya que estos ejercieron sus funciones señalando las arbitrariedades que cometía el régimen; se opusieron a la negociación de un empréstito extranjero, a convocar  a un periodo extraordinario  de sesiones y a posponer las elecciones para evitar que Huerta se perpetuara en el poder. En consecuencia, los diputados revolucionarios fueron perseguidos implacablemente y,  aunque  algunos lograron huir al territorio constitucionalista, otros fueron asesinados, como Edmundo Pastelín,  Néstor Monroy, Adolfo F. Gurrión, Manuel Origel y Serapio Rendón;  además de que el 8 de octubre de 1913 los esbirros huertistas aprehendieron y le dieron una muerte despiadada  al senador Belisario Domínguez porque en un discurso impreso pretendió que el Senado reasumiera su deber y depusiera a Huerta.  La desaparición del Senador fue la gota que derramó el vaso, pues la Cámara de Diputados se declaró en sesión permanente  hasta saber que había pasado con el Senador  y amenazó  al Ejecutivo con transladarse a otro lugar del país donde tuvieran garantías constitucionales. Huerta respondió disolviendo  el Congreso de la Unión y ordenando el arresto de unos 80 diputados que  -según él – invadían las esferas del los podres ejecutivo y judicial.  Además asumió facultades extraordinarias en los ramos de Guerra,  Hacienda y Gobernación; ratificó  que elecciones generales se efectuarían el 26 de octubre, y que el Congreso que resultara electo se instalaría el 20 de noviembre para calificar la elección presidencial.

En el Pacto de la Embajada no se había determinado la fecha en que se efectuarían  las elecciones, pero muy pronto empezaron a presionar los felicistas  para que se llevaran a cabo.  Huerta osciló entre promesas y retrasos mientras no se consideró suficientemente fuerte.  Primero prometió  que tendrían lugar el 27 de julio, luego que el 26 de octubre de 1913. De modo que todavía los diputados de la XXVI Legislatura  lanzaron la convocatoria para ellas en los últimos días del mes de mayo de 1913 y el Senado aprobó la ley electoral que,  entre otros puntos, estableció que solo se requería la participación del 51% de los distritos electorales, para no tomar en cuenta los que estaban en poder de los revolucionarios.  Algunos partidos políticos creyeron que sería posible la  contienda  electoral  y postularon candidatos a la presidencia:  El Democrático a Félix Díaz,  El Católico a Federico Gamboa ;  El Liberal Republicano a David de la Fuente. Otros dos partidos cayeron en la trampa, pero se retiraron  antes de las elecciones; El Antireeleccionista y el Liberal Independiente, que postularon a  Francisco Vázquez Gómez y a Manuel Calero, respectivamente. Todos los partidos tuvieron también candidatos a la Vicepresidencia.  Huerta eliminó a los dos candidatos presidenciales mas peligrosos:  a  Díaz lo mantuvo indefinidamente en los Estados Unidos y, como a su regreso a Veracruz  intentaron  arrestarlo, acabó huyendo a Cuba;  a León de la Barra lo mandó a Washington y a Londres en misión diplomática.  Con excepción de Gamboa, todos los demás candidatos  sufrieron persecuciones. En la fecha señalada para las elecciones, Huerta ya no tenía contrincante de peligro ni secretarios de Estado impuestos en el Pacto de la Embajada,  había disuelto el Congreso de la Unión, el poder judicial era servil, las gubernaturas de los Estados estaban en manos de sus incondicionales y la gente vivía atemorizada. Lo que significaba que la situación era muy adecuada para efectuar una farsa de elecciones generales.  Para completar la obra, el día 26, las autoridades obligaron a los empleados del gobierno y a los militares a votar por Huerta y Blanquet pera Presidente y Vicepresidente respectivamente;  tuvieron a su cargo las casillas, cometieron fraudes y ejercieron violencia. El Congreso que resultó “electo”, tuvo una reunión preliminar el 15 de noviembre, y en la del 20 anuló la elección presidencial, aduciendo que Huerta había triunfado pero estaba incapacitado legalmente para ser candidato porque ocupaba la presidencia provisional;  además de que no se había instalado el número reglamentario de casillas.  En consecuencia Huerta permaneció en el poder  y el nuevo Congreso le confirmó las facultades extraordinarias  que por su propia cuenta había asumido unos días antes.

El ejército disfrutó de la atención preferente de Huerta. En marzo de 1913 formó diez divisiones con las que intentaba cubrir todo el país, pero tuvo que concentrarlas en el norte y en el sur a causa de los revolucionarios.  En junio se deshizo de los felicistas y sustituyó al Secretario de Guerra Manuel Mondragón por Aurelio Blanquet;  creo dos grados nuevos, el de “general de cuerpo de ejército”, que era superior al de divisionario, y el “General del Ejército” que se reservó para él, Blanquet  y  Porfirio Diaz. La oficialidad preferida fue la de la Escuela de Aspirantes y la incorporó al ejército; Al Colegio Militar lo fraccionó en tres escuelas: Preparatoria,  Profesional y Superior de Guerra.  Como una de las grandes metas de Huerta era la de aumentar el efectivo del ejército de 50 mil a 250 mil hombres elevó el haber de los soldados de  un peso a dos, recurrió a una leva desenfrenada:  800 hombres diariamente que eran reclutados a la salida de los espectáculos, de las prisiones e inspecciones de policía.  Los cuerpos rurales continuaron dependiendo de la Secretaría de Gobernación hasta mayo de 1913, fecha en que fueron adscritos a la de Guerra para que integraran los cuerpos exploradores. En el mes de julio se crearon más cuerpos rurales y, con la mira de que llegaran a contar con 10 mil hombres, se les fijó el haber de 2.05 pesos,  además de que se complementaron con fuerzas auxiliares  que formaban  los trabajadores de las haciendas, armados por el gobierno.

Aunque las fuerzas armadas fueron numerosas resultaron ineficaces. Las medidas militares abarcaron otros aspectos, como el de aumentar el número de los miembros de la  policía para integrar regimientos del ejército regular;  militarizar a la Escuela Nacional Preparatoria; dar instrucción militar a los empleados de las empresas privadas y organizar frecuentes desfiles. A los Secretarios de Estado se les dio el grado de general de Brigada, al de Relaciones de División, y se concedieron abundantes condecoraciones.  Por otra parte, como la producción nacional de armas y cartuchos no bastaba, se compró material bélico en Europa y Japón, así como en los Estados Unidos,  donde primero se adquirió legalmente y después este país prohibió la exportación, por medio de contrabando o de argucias tales como consignarlo a La Habana y a Nueva Orleans. Al caso mas sonado fue el del cargamento de armas norteamericanas  que transportó el barco alemán “Ypiranga” de  Nueva York hasta Hamburgo  para poder entregarlas en Veracruz.  El gobierno de los Estados Unidos trató de impedir que llegaran a su destino, ocupando dicho puerto, lo que al final de cuentas no fue obstáculo ya que el propio “Ypiranga”acabó descargándolas  en Puerto México.

Hasta aquí por hoy, respetados lectores.

DE TODO UN POCO:-

Donald Trump está en la etapa de integrar su gabinete y sus cuerpo de asesores.  Como se convertirá en Presidente Constitucional hasta el 20 de enero de 2017 será necesario esperar  a que ello suceda, para que empecemos a ver las consecuencias  de sus  aberrantes decisiones, particularmente aquellas que más pueden perjudicarnos. A quien esto escribe le preocupa, y mucho, que el gobierno de México parece estar pasmado y no se ven posibles estrategias para disminuir el grave daño que sin duda nos causaran. Por lo pronto la paridad peso-dólar ya nos está ocasionando daños en cuanto al comercio binacional México -Estados Unidos.  La inflación ya está pegándonos,  Las estimaciones de crecimiento del Producto Interno Bruto tienden, todas, a la baja. La inversión extranjera está con una clara tendencia  a disminuir.

CON RESPECTO AL MURO DE LA IGNOMINIA …Ojalá que nuestro gobierno nos defienda. Que proteja nuestra soberanía. ¿ Como es posible que dos naciones sudamericanas estén promoviendo la unión de varios países para defender nuestra soberanía  y oponerse a  la construcción del muro, y que nuestras autoridades no digan absolutamente nada?. Mala señal. ¿ Por que no recurrir a la OEA,  a la ONU,  al Tribunal de la Haya? ¿ Por que no incrementar la capacidad de acción de nuestros consulados en Estados Unidos para apoyar y defender a los mexicanos que viven en el país del Norte? Nuestros consulados no tienen ni siquiera recursos financieros para aumentar el número de empleados en sus oficinas para  proporcionar una buena atención a quienes van a acudir a sus oficinas en busca de orientación y ayuda. Pobre México:  Tan cerca de Trump y tan lejos de Dios.

Por hoy me despido, cuídense mucho.

TRUMP. TRAGEDIA PARA MEXICO. INCERTIDUMBRE PARA EL MUNDO

23/noviembre/2016 Por Rafael Catalán Valdés

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El día 8 de noviembre  del 2016 pasará a la historia como un día de infamia. Como el día en que los norteamericanos  eligieron para la presidencia de los Estados Unidos de Norte América a un tal Donald Trump, que tiene un historial de hombre de negocios inescrupuloso, grosero, racista, misógino, fascista, que ha quebrado en sus negocios varias veces, que se refiere a las mujeres como “cerditos”, que se ha casado varias veces y ha tenido amantes e hijos  por doquier, que es un verdadero troglodita, y que va a tener en sus manos el destino de millones de norteamericanos y de millones de seres humanos en numerosos países. Un verdadero monstruo el cual requeriría, para definirlo, todos los adjetivos calificativos negativos que existen.

Donald Trump no sabe de política… No sabe de economía…no sabe de la ciencia-arte de gobernar un país… no sabe de diplomacia…resulta trágico e inexplicable  que el Partido Republicano,  el Grand Old Party que postuló y llevó a la Presidencia de ese país  a Abraham Lincoln, quien pronunció en Getysburg el histórico discurso de un gobierno “Del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”  haya en esta ocasión postulado y llevado a la Presidencia a un  auténtico barbaján.  Que vergüenza para todos aquellos que votaron por él. ¿Acaso no tenían otros candidatos mejores?  Llama particularmente la atención que una buena cantidad de mexicanos que viven y trabajan, legalmente,  en los Estados Unidos hayan votado por él, que desde el inicio de su campaña dijo claramente que deportaría a varios millones de “latinos”, que construiría un muro en la frontera entre México y su país, y que obligaría a México a pagar por él…¿ pues quien se cree este patán?…(observen que no le llamo “señor”pues no merece ni siquiera ese calificativo).

Donald Trump es un descendiente de alemanes y escoceses, nacido en los Estados Unidos.  Su padre fue un inmigrante, hábil para los negocios mal habidos, lo mismo que su hijo. Es de raza aria, y, al igual que Adolfo Hitler, desprecia a todos los que no son arios. Hay que decirlo claramente:  Los afroamericanos, los musulmanes, los mexicanos, los latinoamericanos, etc., van a sufrir lo indecible durante los próximos cuatro u ocho años que sea presidente, pero, particularmente México,  mi México, va a vivir una etapa muy difícil y muy cruel. Quizás les iría mejor si abandonaran voluntariamente a los Estados Unidos. En dinero les iría peor, por supuesto, pero cuando menos aquí no serian vejados,  despreciados y perseguidos como van a ser allá.

Ahora bien, ¿por qué perdió Hillary Clinton y ganó  Trump?  Por varias razones.  Una de ellas es el proceso electoral: En el país vecino, faro de la democracia, (como presumen) no tienen un “gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”, como dijera Lincoln en su famoso discurso en Gettysburg, pues no gana el candidato que mas votos personales recibe, sino que obtiene el triunfo el que más “Votos Electorales”  recibe. ¿ Y que demonios es esto?  Me explico: Los Estados tienen,  todos,  determinados números de “votos electorales”  calculados por el Colegio Electoral mediante una fórmula aritmética que toma en cuenta no solo los votos personales sino el número de ciudadanos  que viven en ese Estado. Estos votos electorales se calculan mediante una operación aritmética. Tan es así que, en estas elecciones, Hillary recibió un millón de votos directos, personales,  más que Trump , pero no alcanzó los 270 votos electorales que se requieren para ganar la elecciones, según el Colegio Electoral. Es un sistema electoral  barroco, anticuado, instaurado en el siglo XVII,  que debería modernizarse y simplificarse.

Es importante destacar que la campaña presidencial de 2016 en los Estados Unidos no fue tan solo una campaña electoral.  Fue, en los Estados Unidos,  el inicio de un movimiento    que claramente  constituye un  rechazo a la democracia.  Fue, la de Trump, un proceso  en donde  no triunfó una ideología  sino una simpatía. Hillary se equivocó en no saber interpretar correctamente el malestar, el rechazo, y el odio, de un enorme sector de la población blanca que había perdido sus trabajos en las industrias y en la agricultura,  en parte por la emigración de esos  trabajos a México, a China, a India, etc., en donde la mano de obra es mas barata que en los Estados Unidos. Pero, no nos equivoquemos: Esos millones de personas que se quedaron sin trabajo no fue tan solo por ello. Algo que poco se toma en cuenta fue que mas de 8 millones de personas perdieron sus empleos por la Robotización. Lo que hacían ellos, ahora, sobretodo en la industria automotríz ,  lo hacen robots.  Fue este voto  un voto del odio contra el “Establishment”, contra la élite, contra la clase  política que ha dominado Washington durante muchos años ya, y, sobre todo, contra las grandes y todopoderosas empresas  que constituyen el complejo bélico industrial.

Y esto, respetables lectores, no está pasando solo en los Estados Unidos. Está pasando en Francia, con el movimiento encabezado por Maríe Le Penn.  Está pasando en España en Cataluña y la provincia  Vasca.  Está pasando en la Gran Bretaña, con el Brexit. Está pasando en Brasil. Está pasando en Grecia y en Italia .Hay  movimientos contra la globalización y en favor del nacionalismo. Hay movimientos en contra de las izquierdas  y a favor de los de la derecha.

Ante la imposibilidad de frenar al neoliberalismo y a la globalización, diversos estados nación  están contemplando como única salida el Nacionalismo y  los movimientos de derecha.  Acuérdense de mi, cuando,  con el paso de los años estos movimientos vayan aumentando y cada vez con mas rabia.

Y, estimados lectores, no pierdan  de vista lo que muy probablemente va a pasar en nuestra patria en las próximas elecciones presidenciales  con el Lic. Andrés Manuel López Obrador.  Los mexicanos estamos enojados, muy enojados. y ya no queremos más de lo mismo.  Ello abre las puertas de par en par para que tengamos un Presidente Tabasqueño.

No se les olvide el viejo dicho: Cuando el pueblo dice que es de noche, mas vale que vayamos  prendiendo las farolas,  aunque sean las doce del día.

Hasta aquí por hoy. Disculpen la tardanza en escribir este artículo. Estuve en una viaje de dos semanas.

Cuídense mucho, sobre todo mis lectores guerrerenses.

¿Como nos va a ir en lo económico y financiero  a  los mexicanos?  Ni me pregunten.  Mal…  muy mal.  Pero  hay que sobrevivir.

EL VECINO ASOMA LA NARIZ

11/noviembre/2016 Por Rafael Catalán Valdés

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EL VECINO ASOMA LA NARIZ

Desde el triunfo de la revolución maderista hasta el derrocamiento de su gobierno, los problemas internacionales con los Estados Unidos tuvieron causas similares a las finales del porfiriato: la frontera y la protección a los extranjeros en el interior de Méx. Pero se agravaron en 1911 y 1913 porque Taft adoptó una política peculiar y desconcertante que osciló del apoyo a la amenaza y que no dejó satisfecho a los mexicanos ni a los americanos. El apoyo fue mas claro en lo concerniente a los problemas fronterizos y en algunos momentos llegó a ocasionar desavenencias entre las autoridades de los Estados Unidos; las amenazas de Taft fueron mas francas cuando trató de conseguir protección para los extranjeros residentes en México.

Los sucesivos gobiernos de  De la Barra y de Madero trataron de impedir las actividades subversivas de los flores magonistas, orozquistas, Vazquezgomistas, Reyistas al norte de la frontera, por los mismos medios de que se había valido el porfirista, pero dos elementos diferenciaron la nueva situación: el gobierno norteamericano ejerció una vigilancia mas severa y la población no los vío con la misma simpatía.  Como ya se dijo, los Floresmagonistas desconocieron el tratado de Ciudad Juárez, y conspiraron  en el sur de los Estados Unidos con el apoyo de los Industrial  Workers of the World hasta posesionarse de Tijuana y Mexicali en junio de 1911, con la mira de segregar toda la península para formar una república socialista. Las autoridades norteamericanas los vigilaron estrechamente y acabaron arrestando  a Ricardo y Enrique Flores Magón, Antonio de P. Araujo, Anselmo Figueroa, Richard Pryce, etc.  A su vez, Bernardo Reyes conspiró en Texas, la mayoría de las veces con sus propios adeptos y en algunas ocasiones en unión de vazquezgomistas, orozquistas  y floresmagonistas. Las autoridades norteamericanas,  tanto federales como de Texas, los vigilaron seriamente, restableciendo la proclama  de neutralidad, aumentaron los destacamentos militares, decomisaron armas y parque, efectuaron aprehensiones; aunque Reyes obtuvo su libertad bajo fianza, las autoridades lo siguieron acosando y de hecho lo forzaron a cruzar la frontera.  Una vigilancia similar ejercieron sobre Emilio Vázquez Gómez hasta arrestarlo en julio de 1912. Con los orozquistas que pretendieron internarse en los Estados Unidos después de las derrotas que sufrieron en Chihuahua, el presidente Taft tomó medidas muy severas entre el 2 de octubre de 1912 y el 26 de febrero de 1913 que consistieron en darle un sesgo a las Leyes de Neutralidad: Las autoridades militares arrestaron indefinidamente tanto a los rebeldes que cruzaban la frontera como a los que ya habían detenido las autoridades judiciales.  Esta disposición se aplicó al padre de Pascual Orozco y a Emilio P. Campa, entre otros a pesar de que era contraria a la Constitución de los Estados Unidos y a las ejecutorias de la Suprema Corte como lo hicieron notar los miembros del Gabinete, los gobernadores de Texas y de California, y los jueces de distrito. Otra muestra del apoyo de Taft al gobierno mexicano, fue la de autorizarlo al tránsito de tropas por el territorio norteamericano con el fin de reforzar y recuperar las plazas que estaban en poder de los rebeldes, como por ejemplo a las del general Agustín Sanginés que transitaron de El Paso a Douglas para combatir a los orozquistas en Sonora. Esas autorizaciones le causaron a Taft fricciones con los gobernadores de los estados fronterizos, pero eran bienvenidas por los extranjeros residentes en México.

Las sucesivas ocupaciones de Ciudad Juárez  por rebeldes y por el gobierno, dieron lugar a la única demostración de la política oscilante de Taft por cuestiones fronterizas. Por una parte le advirtió a Madero que  impidiera las acciones de guerra que pudieran  causar daños a El Paso y además movilizó tropas hacia la línea divisoria, preparadas para entrar en campaña. Por la otra, acompañó sus amenazas de notas tranquilizadoras, en las que aseguró que tales medidas eran de precaución y desmintió cualquier “rumor”  acerca de la intervención. El gobierno mexicano ordenó siempre que Ciudad Juárez  fuera sitiada, no atacada, para evitar un conflicto internacional y además el 14 de marzo el 14 de marzo de 1912 obtuvo que Taft  prohibiera  la exportación de armas a los rebeldes.

Los extranjeros y sus propiedades en el interior del país originaron  los problemas mas serios con los Estados Unidos, y no porque los combatientes les hubieran causado daños mas allá de lo normal en una guerra civil, sino debido principalmente a que el embajador Wilson hizo que Taft tomara medidas muy amenazantes, aunque sus cónsules informaran que sus compatriotas gozaban de garantías, confiaban en el gobierno y se oponían a la intervención. (Opiniones  que ratificó el personal de la embajada y los comandantes de los buques de guerra anclados en los puertos mexicanos).  En cambio el embajador  Wilson no solo exageró el peligro  que corrían sus  paisanos sino que, según el mismo dijo amenazó “frecuente y firmemente ” a De la Barra y lo responsabilizó de los daños que sufrieran. La hostilidad   de Wilson se interrumpió brevemente al iniciarse el gobierno de Madero, pero como éste jamás se doblegó a sus caprichos le fue cobrando un odio progresivo y no paró hasta lograr que el 2 de marzo de 1912 expidiera Taft una proclama para que los norteamericanos salieran de algunos estados;  también consiguió  que el departamento de Estado enviara una nota el 15 de abril, culpando al gobierno y al pueblo de los “actos ilegales” que sacrificaran o pusieran en peligro a los norteamericanos  y, además, si los prisioneros mexicanos no recibían un trato de conformidad con el derecho internacional. El gobierno mexicano contestó enérgicamente que el departamento de Estado no tenía derecho ni hechos en que basar las acusaciones. Wilson no tardó en volver a la carga y el 20 de agosto obtuvo que Taft enviara barcos de guerra a los puertos mexicanos, aduciendo que eran unas visitas de carácter “amistoso y casual”, pero en realidad los comandantes traían instrucciones de observar cuidadosamente las condiciones del país para decidir la intervención. Wilson también fue el causante de que el  gobierno de los Estados Unidos reclamara el 4 de septiembre la impunidad de 17 asesinatos de norteamericanos, el trato injusto al Mexican Herald,  la Prensa Asociada,  la compañía colonizadora de Tlahualilo  y la Mexican Packing, y el aumento de los impuestos a las compañías petroleras. Nuestro gobierno respondió tajantemente  que cumplía debidamente con sus obligaciones internacionales; aclaró que solo tenía   noticias de 7 crímenes, de los cuales 3 fueron obra de filibusteros  y 4 se habían cometido antes de la revolución, además se entablaron 10  procesos judiciales, de los que resultaron tres convictos y los demás acusados quedaron libres por falta de pruebas;  que el gobierno no discriminaba a los norteamericanos, pero tampoco los subvencionaba ni aceptaba sus monopolios. En conclusión,  así como el gobierno de Estados Unidos  por sus principios democráticos  no tenían un éxito uniforme para suprimir las actividades subversivas, el de México no podía restablecer el orden por la misma causa.

Otro norteamericano que le causó serios problemas  a nuestro país fue el cónsul de Veracruz, William W. Canada, ya que durante la rebelión de Félix Díaz en octubre de 1912 le pidió a su gobierno el envío de mas barcos de guerra y el desembarco de las tropas; agitó a los demás  cónsules extranjeros  para inclinarlos  a favor del rebelde e indujo al comandante del “Des Moines” para que le dirigiera una nota amenazante al General Joaquín Beltrán, leal a Madero. En ella decía que se hacía cargo de la protección de todos los extranjeros y que haría uso de sus fuerzas si los molestaban los soldados mexicanos.  El gobierno maderista, por una parte, le exigió al de Estados Unidos que desaprobara la nota del comandante, porque ofendía la dignidad de nuestro país y porque un acto de fuerza del “Des Moines” habría significado una guerra injusta, sin mediar una declaración y sin tener motivos.

Por otra parte se dirigió a los gobiernos de Gran Bretaña, Francia, España y Alemania para saber si efectivamente le habían encargado al de Estados Unidos que protegiera a sus ciudadanos.  Los cuatro gobiernos le confirmaron su confianza al de Madero  y aclararon que nunca le habían solicitado tal protección.

Taft disculpó al comandante del Des Moines diciendo que no se había querido  referir  a los soldados sino a las turbas indisciplinadas y que la protección a británicos, franceses, españoles y alemanes se basaba en una solicitudes anteriores que habían hecho sus respectivos gobiernos.

Hasta aquí por hoy, respetables lectores. Gracias por su tiempo. En mi próximo artículo:  Donald Trump, aberraciones de las democracias.

LA CONTRARREVOLUCION

04/noviembre/2016 Por Rafael Catalán Valdés

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LA CONTRARREVOLUCION

Las rebeliones de Bernardo Reyes y de Félix Díaz en un principio fueron independientes entre sí, pero las intrigas acabaron por unirlas en la Decena Trágica para asestarle el golpe definitivo a Madero. La rebelión de Reyes empezó con el Plan de la Soledad del 16 de septiembre de 1911 y desde Texas conspiró para derrocar a Madero y asumir la Presidencia. Como se verá después las autoridades norteamericanas ejercieron una vigilancia muy estrecha sobre Reyes y lo llegaron a arrestar por violación a las Leyes de Neutralidad. Sin embargo, su rebelión se inició y fracasó porque al cruzar la frontera para dirigir el movimiento armado no contó con los adeptos que esperaba y acabó rindiéndose el 25 de diciembre de 1911 en Linares, Nuevo León; de allí fue conducido a la prisión de Santiago de Tlaltelolco en la ciudad de México. Por otra parte, Félix Diáz se rebeló y tomó el puerto de Veracruz el 16 de octubre de 1912, con la colaboración de dos regimientos al mando de José Díaz Ordaz y Agustín Migone. El gobierno pudo recuperar la plaza el dia 23, gracias a la lealtad que le demostraron los generales Joaquín Beltrán y José Hernández, así como el comodoro José Azueta, quienes además arrestaron a los rebeldes y un consejo de guerra condenó a muerte a Félix Díaz. Pero el elemento conservador de la Ciudad de México desplegó gran actividad en favor de Félix Díaz hasta lograr que, con aprobación de Madero, la Suprema Corte le conmutara la pena de muerte por la de prisión en el citado puerto. Las dos rebeliones debilitaron al gobierno, ya que ocasionaron mayores presiones de los revolucionarios para que Madero adoptara una política dura; la prensa de oposición alabó desmesuradamente al ejército y recrudeció sus ataques al presidente; se agitaron los senadores, los terratenientes, los intereses extranjeros y el embajador norteamericano acentúo so hostilidad hacia Madero; el reyismo y el felicismo cobraron fuerza. De modo que en enero de 1913 ambas tendencias planearon un golpe militar que debería estallar simultáneamente en el puerto de Veracruz y en la ciudad de México. La conspiración fue descubierta por el gobierno, pero éste se limitó a transladar a Félix Díaz a la penitenciaría de la Ciudad de México, medida que redundó en beneficio de los conspiradores reyistas y felicistas como Rodolfo Reyes, Samuel Espinosa de los Monteros, Cecilio Ocón, Luis García Pimentel e Iñigo Noriega, para preparar el inicio de la rebelión conjunta para el mes de febrero. Además de que el abogado y pintor Joaquín Clausell y Fernando Gil fomentaron el resentimiento de Victoriano Huerta hacia Madero. Los preparativos para la rebelión fueron muy ostensibles, pero el Presidente los vio con indiferencia, confió en explicaciones baladíes y se concretó a ordenar cateos muy moderados.

La sublevación empezó la madrugada del 9 de febrero, tanto en la Escuela Militar de Aspirantes en Tlalpan como en los cuarteles de Tacubaya. Aunque aquellos se apoderaron sorpresivamente del Palacio Nacional, poco después lo recuperaron las tropas de Lauro Villar, comandante militar de la plaza. Por otra parte, de los cuarteles de Tacubaya salieron los demás sublevados al mando de los generales Gregorio Ruiz y Manuel Mondragón, liberaron de sus respectivas prisiones a Reyes y a Díaz y se dirigieron al Palacio Nacional en tres columnas. La primera mandada por Gregorio Ruiz, la obligaron a rendirse el general Villar y el intendente del Palacio Adolfo Bassó, quienes también derrotaron a la segunda columna, y Bernardo Reyes murió en el combate. La rebelión había fracasado, ya que además de derrotar a esos dos grupos el tercero, que dirigían Díaz y Mondragón, quedó desconcertado y hasta el medio dia se hizo fuerte en la Ciudadela.

Mientras se desarrollaban aquellos sucesos, Madero salió del Castillo de Chapultepec rumbo al Palacio Nacional, escoltado por el Colegio Militar y en compañía de algunos secretarios de Estado y amigos. En una breve y funesta pausa que hizo frente al Teatro de Bellas Artes, nombró comandante de la plaza a Victoriano Huerta, en sustitución del general Villar que fue herido durante los primeros combates. Al llegar a Palacio Madero tuvo una junta con sus secretarios y acordaron llamar a los cuerpos rurales de Tlalpan y de San Juan Teotihuacán, al 38 batallón irregular de Chalco, al 29 batallón de Toluca que mandaba Aurelio Blanquet, y el propio Madero decidío ir a Cuernavaca para traer a Felipe Angeles y su brigada. Huerta, en cambio, no solo no dictó medidas efectivas contra los sublevados sino que entró en pláticas con Félix Díaz, al que se veía por la ciudad ya fuera en plena mañana del 10 de febrero en el restaurant El Globo para entrevistarse con un agente de Huerta, Manuel Huasque, o al día siguiente por la Colonia Juárez para verse con el propio Huerta en la casa de Enrique Cepeda. A raíz de esta entrevista, Huerta envió al matadero a las fuerzas leales al gobierno; ordenó ataques o emplazó la artillería de manera que no hiciera daño a los sublevados y que en cambio sembraran el pánico y la muerte entre la población, que ya sufría hambre y peste. El 17 de febrero finalmente los sublevados aprehendieron a Madero y a Pino Suárez, con la participación directa de Blanquet y el 29 batallón.

Otros hechos de carácter político habían acaecido paralélamente con la participación activa de Henry Lane Wilson, como fueron exigirle al gobierno de México una protección desmedida para los norteamericanos y sus intereses; conseguir que el presidente Taft movilizara cuatro barcos de guerra a puertos mexicanos, así como la Quinta Brigada del ejército norteamericano a Galveston, Texas; advirtiéndole además a Madero que si no ordenaba el cese del fuego, las tropas que transportaban los barcos avanzarían hasta la ciudad de México. El embajador intrigó también con el secretario de Relaciones, Pedro Lascurain, el cuerpo diplomático y el Senado haciéndoles ver que solo se podría evitar la intervención armada de los Estados Unidos con la renuncia de Madero, e indujo al ministro español a pedírsela. Madero rechazó al español con energía, diciéndole que no tenía ningún derecho de intervenir en la política interna de México. Por otra parte, directamente le pidió explicaciones a Taft sobre la movilización de los barcos de guerra a puertos mexicanos. En la misma forma le respondió el Presidente Taft, asegurando que no tenían autorización de desembarcar tropas. Lo que en resumidas cuentas significaba que Wilson había exagerado el alcance de la movilización, de suyo tan peligrosa. Por añadidura, el embajador siempre estuvo al tanto de todos los proyectos de Huerta y de ello hacía ostentación: Al ministro de Cuba, Manuel Márquez Sterling, le dijo el día 17 que los planes habían madurado, y todo concluiría en 24 horas; al Departamento de Estado le notificó que los sublevados ya eran dueños de la situación, hora y media antes de la aprehensión de Madero y de Pino Suarez. Wilson, por otro lado, no solo fue el primero a quien Huerta le comunicó que se habían efectuado las aprehensiones, sino que el propio embajador se encargó de transmitirle la noticia a Félix Díaz, y tanto a éste como a Huerta les ofreció el edificio de la embajada para que llegaran a los acuerdos finales en el mal llamado Pacto de la Ciudadela. En él desconocieron al gobierno de Madero; convinieron en que Huerta asumiría la presidencia provisional antes de 72 horas, con un gabinete integrado por los reyistas y los felicistas: León de la Barra, Esquivel Obregón, García Granados, Mondragón, Alberto Robles Gil, David de la Fuente, Manuel Garza Aldape, Rodolfo Reyes y Jorge Vera Estañol; que Félix Díaz no tendría ningún cargo para poder contender en las próximas elecciones; que notificarían a los gobiernos extranjeros el cese del ejecutivo anterior y el fin de las hostilidades. A este pacto que con razón se ha llamado de la embajada y de canallas, siguió el asesinato de Gustavo Madero; las renuncias del Presidente y del vicepresidente que Lascurain, violando lo acordado, presentó en la Cámara de Diputados antes de que ambos mandatarios salieran del país; el propio Lascurain asumió la presidencia durante unos minutos, ya que solo se trataba de nombrar a Huerta Secretario de Gobernación y de esa manera darle apariencias legales a su ascenso a la Presidencia. Desde su aprehensión, Madero y Pino Suarez permanecieron en el Palacio Nacional, esperando en vano que los llevaran al tren que los conduciría a Veracruz, de donde se embarcarían hacia Cuba. De nada sirvieron las gestiones que hicieron en favor de los prisioneros sus propios familiares, ni las de José Vasconcelos, Luis Manuel Rojas, los ministros de Cuba, de Chile y de Japón cerca de Wilson, para que hiciera valer la influencia que tenía sobre Huerta, ya que el embajador cínicamente les respondió a todos que él, como los demás diplomáticos, no se inmiscuía en los asuntos internos de México. Finalmente Blanquet dio órdenes -confirmadas por Huerta y Mondragón – para que la noche del 22 al 23 de febrero, Francisco Cárdenas Cruz y Rafael Pimienta transladaran a Madero y a Pino Suárez a la penitenciaría. En el trayecto los asesinaron, durante un ataque simulado, el cual fue preparado por Cecilio Ocón.

Hasta aquí por hoy, estimados lectores. Como de costumbre, les doy las gracias por su tiempo.

En pocas horas sabremos quien resulta triunfador en las elecciones presidenciales de los Estados Unidos. Ojalá que no gane Donald Trumpo.

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