LAS ESTRUCTURAS POLITICAS … 1950 – 1970

10/noviembre/2017 Por Rafael Catalán Valdés

Como puede verse, las pugnas entre los grupos obreros tan frecuentes antes de 1910,  no cesaron en nuestro periodo.  Aparte de la CNTM,  de vez en cuando pequeños núcleos  disidentes se lanzaron contra los grandes jerarcas del movimiento,  principalmente  la CTM, aunque rara vez estas pugnas trascendieron a las bases.  Hasta el fin del periodo, ninguna corriente insurgente  logró  poner en peligro el control ejercido  por los sucesores  de Lombardo Toledano, quienes en última  instancia contaron no solo  con el apoyo del Estado, sino también del sector patronal, a quien no le interesó alterar el   modus  vivendi que había establecido con las organizaciones  sindicales dominantes.

Las organizaciones obreras  que actuaron al margen del partido oficial  fueron pocas y sin importancia. El Partido Comunista continuo sin tener la fuerza necesaria para establecer una  base obrera de alguna significación.

 

LA  OPOSICIÓN

Si bien es verdad  que la lucha por el control político se dio básicamente dentro de los límites  del Partido, también lo  es que la actividad de los pequeños grupos de oposición no debe verse como enteramente  inconsecuente y superflua. La única característica general de los sectores en este periodo fue su marginalidad; los límites de su acción  estuvieron siempre fijados por los grupos en el poder: la finalidad de tales límites fue simple: perpetuar su marginalismo.  Controlada, la oposición pudo existir porque cumplió una función:  asentar la existencia de un sistema pluralista formal. Su presencia permitió mantener el ritual  electoral, aunque desprovisto en buena medida del contenido propio de todo sistema liberal democrático maduro.   El electorado mexicano no tuvo entre 1940  y 1970 la oportunidad real   de elegir entre dos o más  elites  a aquella que le habría de gobernar y mucho menos tuvo la oportunidad de escoger entre dos o más caminos de desarrollo político y social. La oposición al PRM-PRI  se puede clasificar según el origen  de sus líderes.  Por una parte aquella que se formó en corrientes disidentes de la propia coalición  dominante y que terminaron por separarse de ésta, y por la otra aquella que fue producto de núcleos políticos que sistemáticamente  permanecieron al  margen del partido oficial y del régimen.  En 1946 y en 1952, los movimientos  encabezados por Ezequiel Padilla y por Miguel  Henríquez Guzmán  surgieron  de una insatisfacción dentro del partido con la designación del candidato oficial a la presidencia. Al ver frustradas sus aspiraciones, Padilla y Enríquez  decidieron formar partidos independientes para disputar  en el campo electoral la decisión hecha en su contra por los altos círculos  gubernamentales, en espera, quizá, de escindir definitivamente al grupo dominante.  Padilla fue el candidato del Partido Democrático  Mexicano  y Henríquez Guzmán  de la Federación  de Partidos del Pueblo.  Padilla se apoyó  sobre todo en la derecha mientras Henríquez  obtuvo  el  apoyo de la izquierda con la Federación de Partidos del Pueblo.

EL PARTIDO DE ACCION NACIONAL  ( EL PAN)

El Partido de Acción Nacional fue sin duda el partido opositor  permanente  más importante del periodo  surgió en 1939 como conservador  y  contrario a la política cardenista, defensor de los intereses creados y apoyado en la doctrina  social de la Iglesia.  Su oposición tomó desde un principio un timbre marcadamente moral. Consideró  ilegítima  a la élite política  surgida de la Revolución  por haber atacado la posición de la Iglesia católica, a  la cual pertenecía la mayoría del pueblo mexicano, como por su gran corrupción.  El PAN  defendió,  asimismo, los derechos  del individuo, en particular el de la propiedad, y apoyó un capitalismo  ortodoxo en contra de uno que tenía en su seno formas híbridas  de propiedad,  como el ejido, y que permitía  una excesiva intervención estatal  en el proceso de producción y en el mercado.

El porcentaje oficial de los votos recibidos por el PAN  entre 1940 y 1970 fluctuó alrededor del 10 por ciento del total. Pero la acción  del partido en realidad no se dirigió tanto a hacerse del poder como a lograr la formación paulatina de una opinión pública capaz de minar la legitimidad del PRI.  Pero, debido a que el PAN atacó desde posiciones de derecha, no pudo explotar a fondo las mayores inconsistencias  del PRI, ya que éste último funcionó dentro  de un marco ideológico  más bien afín  a  postulados de izquierda.

Hasta aquí por hoy, respetados lectores de esta blog. A partir de  este artículo nos asomaremos a Donald Trump y a sus locuras, ya que lo que pueda pasar  en los próximos meses puede afectarnos no solo a los mexicanos  sino al resto de quienes en este planeta vivimos.

 

 

 

 

10/noviembre/2017 Por Rafael Catalán Valdés

LAS ESTRUCTURAS POLÍTICAS, 1940-1970 (2)

30/octubre/2017 Por Rafael Catalán Valdés

Nuevo-18

La  estructuración política que había dado Cárdenas al sistema político  se mantuvo casi intacta  en este periodo, salvo ligeras modificaciones.  Uno de los cambios mas importantes tuvo lugar  inmediatamente después de que el general Manuel  Avila Camacho asumió el poder: La disolución del sector militar, que junto con el campesino, el obrero y el popular formaba el Partido de la Revolución Mexicana (PRM). A los miembros del ejército que desearan continuar participando en las actividades del partido se les señaló que podrían hacerlo, poro no como parte  de una corporación, sino como individuos y dentro del sector popular. La posibilidad de una nueva  revuelta militar había concluido entonces, y la disciplina que el partido había pretendido imponer a la actuación política del ejército incorporándole a su estructura era ya innecesaria. En el decreto aparecido en el Diario Oficial el 4 de diciembre de 1945, el Presidente señaló que la participación directa del ejército en la actividad de los partidos “pone en peligro la necesaria cohesión de  los militares”,  por lo tanto éstos debían  permanecer ajenos a ella. A partir de entonces, el poder político  del ejército disminuyó notablemente ( aunque sin llegar a desaparecer )  en favor del poder ejecutivo y del partido oficial.

Una segunda modificación sustantiva en el partido en el poder tuvo lugar en 1946,  cuando el PRM  dejó de existir para convertirse en el PRI. En este cambio  el partido no modificó mucho su estructura básica,  pero si abandonó definitivamente la meta que se había propuesto en 1938:  la  creación de una democracia de los trabajadores. Siguiendo las instrucciones de Alemán, se hizo definitivamente de lado la retórica de la lucha de clases para sustituirla por una en que el tema dominante fue el de colaboración entre las mismas. Esta colaboración se presentó  no como un fín sino como un medio para conseguir un crecimiento económico acelerado dentro de un marco capitalista, un capitalismo mixto que, se dijo,  terminaría  por beneficiar a todas las clases.  Tres años antes, y como preámbulo  a esta transformación, se había creado ya la Confederación Nacional  de Organizaciones  Populares (CNOP)  para coordinar las acciones del Sector Popular, que hasta entonces lo había formado la burocracia estatal pero que cada vez se hacía mas complejo.  Pronto la CNOP habría de ocupar las posiciones clave dentro del partido, y poco a poco como representante de las demandas de los “grupos medios” logró que más y más  se diera  prioridad a sus demandas  sobre las  de los sectores  campesino y obrero. Sin abandonar la estructura sectorial  se volvió a una práctica anterior a 1938, que consistía en seleccionar a  los candidatos del partido  según criterios regionales. Aparentemente esto se hizo para debilitar la posición del sector obrero, pero ante el descontento  que tal medida creo entre sus lideres se volvió en 1950 al sistema anterior.

Formalmente,  el proceso político del México contemporáneo se desarrolló dentro del marco liberal de la constitución de 1917, la cual sufrió numerosas modificaciones, pero no sustantivas.  Se trató, pues,  de un sistema democrático  de sufragio universal, republicano y federal, en que se delegaba una enorme autoridad en el Presidente. Pero la realidad se desligó en más de un aspecto del  marco formal. El pluralismo político que precedió en  Europa y en Estados Unidos  a la creación de las instituciones liberales no surgió  aquí  en 1940  ni se le permitió  surgir después. El resultado fue que las estructuras republicanas  y federales  mantuvieron una existencia precaria. Se conservaron debido a su gran  poder legitimador,  pero desprovistas de gran parte de su contenido.

La CNC  siguió  siendo la mayor agrupación campesina  y base central del partido oficial.  Solo en  los años sesenta surgió una nueva organización  que fuera del control de Partido pretendió organizar a algunos  sectores rurales:  La Confederación  Campesina Independiente  ( CCI ).  Tras varios choques con el gobierno,  la nueva organización  se dividió y el grupo mayoritario decidió incorporarse al   partido oficial aunque manteniendo su identidad nominal. Este proceso de incorporación no era nuevo,  pues igual había ocurrido con las ligas campesinas  de los años treinta.  La independencia campesina  no resultaba funcional para el tipo de sistema político  imperante.  La (UGOCM) fue la tercera de las organizaciones campesinas y cuyo  centro de acción estuvo en el norte.

El sector obrero,  por su parte,  nunca logró  el grado de unidad  institucional  que mostró el campesino.  Siempre  hubo varios grupos,  pero la CTM mantuvo su carácter  dominante con dos y medio  millones de afiliados, según sus propias estimaciones. Al concluir el régimen de Lázaro Cárdenas,  Lombardo Toledano intentó  usar a esta central como base para la formación de un partido independiente, pero Avila Camacho se lo impidió.   Lombardo Toledano terminó por ser  expulsado mientras la CTM permaneció  dentro del partido oficial :  hacía ya tiempo que el movimiento había ya perdido su independencia. La CTM abandonó entonces el lema  heredero del cardenismo: “Por una sociedad sin clases”  y lo sustituyó por uno más ambiguo pero que justificaba  su colaboración  plena con el capital: ” por la emancipación de México”. Los líderes obreros que, con el favor  de las  ocuparon los puestos directivos tras la caída de Lombardo, no  variaron ya esta línea política.  A diferencia  de la CNC, en donde al término de cada periodo presidencial las nuevas autoridades pudieron imponer a los líderes que consideraron mas adecuados, la CTM conservó sus mismos cuadros, con la que mostró una autoridad relativa mayor.

A principios de los años cincuenta el gobierno favoreció  la formación de la Confederación  Regional de Obreros y  Campesinos (CROC ) pues en cierta medida la existencia de esta organización  podía aumentar el poder de las autoridades centrales   frente a la CTM, pero pasado el impacto  inicial, la CTM se impuso y la CROC nunca llegó a tener la fuerza suficiente  para servir de contrapeso a la influencia de aquélla. En 1957 se inició un proceso centralizador  del movimiento obrero ´bajo la iniciativa de la CTM,  que junto con sus antiguos rivales, la CROM y la CGT, más algunos sindicatos independientes como los ferrocarrileros y los mineros, constituyeron una superfederación  El bloque,  el ( Bloque de Unidad  Obrera BUO) . Se llegó a pensar de nuevo  que este  era el primer  paso en la creación  de una central obrera única, pero no fue así.  Ya los intereses creados  y, posiblemente,  los mismos  dirigentes  tampoco consideraron  conveniente dar tanta fuerza  a una central.  En 1960 se creó, con el beneplácito del Presidente, la Confederación  Nacional  de Trabajadores de México (CNTM ), que fue otra liga de sindicatos  y rival  del   BUO .  La  CNTM se formó con el Sindicato Mexicano  de Electricistas (SME,)  la Confederación Regional de Obreros y Campesinos  (CROC)  La Federación Nacional Cañera (FNC), la  Federación Revolucionaria de Obreros  Textiles (FROT)   y otros  sindicatos menores y otros más, pero siempre dentro de las filas dl PRI. Esta central no  llegó  a acumular   la fuerza necesaria  para poner en  duda la posición dominante de la CTM, pero quizás sirvió a los intereses  centralizadores   del ejecutivo, porque  impidió que la directiva  del  movimiento  obrero quedara acaparada totalmente por un solo grupo, con lo que, con lo que hubiera adquirido  una fuerza inconveniente para las autoridades

Hasta aquí por hoy, respetables  lectores de este  trabajo.  Les mando un saludo afectuoso.

LAS ESTRUCTURAS POLITICAS… 1940 – 1970

12/octubre/2017 Por Rafael Catalán Valdés

Nuevo-18

La unidad del proceso político en el periodo puede justificarse,  entre otras cosas, por el hecho de que, a partir de la desaparición  del movimiento almazanista en 1940, el grupo dirigente pudo gobernar,  ininterrumpidamente , sin que surgiera ninguna fuerza capaz de poner en entredicho  su hegemonía. En dos ocasiones la sucesión presidencial llevó a elementos   insatisfechos dentro de la “familia revolucionaria”  a  romper la unidad para  disputarse  el derecho a regir el país. Pero ni el movimiento encabezado por Ezequiel  Padilla  en 1946,  ni el dirigido  por el  General Miguel Henriquez Guzmán  en 1952, tuvieron posibilidades reales de triunfo ni consecuencias mayores a largo plazo, pues no dejaron una oposición  estructurada:  al cabo del tiempo la mayoría de los disidentes volvieron a las filas del partido dominante de donde habían salido y los recalcitrantes fueron reprimidos. Los partidos opositores permanentes, por su parte, no llegaron  a acumular siquiera la fuerza de los que se formaron en esas dos ocasiones, y  por tanto no lograron superar su  carácter marginal.  Esta oposición  institucionalizada en ningún momento llegó a constituir  una alternativa viable al monopolio del poder :  El Partido Revolucionario Institucional  (PRI). Únicamente en 1952, como resultado del movimiento henriquista, la oposición obtuvo – según las cifras oficiales  – algo más del  25 por ciento de los sufragios, pero en términos  generales  en esos años nunca se concedió a la oposición  menos del 20& del voto total.

En el lapso comprendido entre 1940 y 1970,  la Presidencia de la República  fue ocupada únicamente por los candidatos del  partido  oficial; todos  concluyeron sus periodos sin mayores dificultades:  Manuel Ávila Camacho (1940-1946),  Miguel Alemán Valdés ( 1946-1952),  Adolfo  Ruiz Cortines ( 1952- 1958),  Adolfo López Mateos  (1958- 1964),  Gustavo Diaz Ordaz ( 1964-1970  y en diciembre de 1970 asumió el poder  Luis  Echeverría Álvarez.  Con excepción  de Avila Camacho todos fueron civiles,  pero Avila Camacho llegó a la Presidencia no tanto por sus méritos en campaña sino mas bien como resultado de una carrera militar de tipo administrativa.  Fueron estas circunstancias las que le llevaron a ocupar  la Secretaría de la Defensa   durante el gobierno de Cárdenas, posición neurálgica en la situación política de ese momento  y que le permitió aspirar a la Presidencia,  en el momento en que otro general  -Almazán  – era el que representaba el mayor peligro  para el grupo gobernante. La tarea histórica de la administración de Avila Camacho consistió en estabilizar el sistema social y político,  resquebrajado por las rápidas reformas cardenistas,  eliminar los resabios del radicalismo  y conducir al país por la senda del desarrollo industrial,  aprovechando la coyuntura económica y política creada por la segunda guerra mundial.

El sucesor de Avila Camacho  fue el Licenciado Miguel Alemán Valdés, ex secretario de Gobernación y antiguo gobernador de Veracruz. Para ese momento el centro del poder ya no estaba en el ejército;  La institucionalización  de los procesos políticos había logrado convertir finalmente a esta institución en un instrumento del gobierno central privándolo de su capacidad  de intervenir directamente  en las decisiones políticas. La tónica de la administración de Alemán  fue la de acelerar de manera espectacular  el proceso de industrialización  apoyando  incondicionalmente la acción de la gran empresa privada. Al concluir su periodo en 1952 había quedado definitivamente desprovista de todos los elementos que obstaculizaban la rápida capitalización del país a través de una via capitalista mas o menos ortodoxa . De ahí en adelante no se volvería a hablar  en círculos oficiales del “socialismo mexicano” aunque el vocabulario gubernamental tampoco se  esforzó en destacar  la naturaleza puramente capitalista del desarrollo.  Se  prefirió en cambio hablar de una “economía mixta” cuya definición precisa no se dio,  pero que se suponía que recogía los mejores elementos de los dos grandes sistemas  económicos que  se disputaban la hegemonía mundial:  el  socialismo  y el neocapitalismo.  La  otra consecuencia del progreso económico alemanista fue acentuar la  desigual distribución del ingreso con la con la baja del    poder adquisitivo de los grupos populares.

Alemán dejó el poder en manos de su secretario de Gobernación, Adolfo Ruiz Cortines, quien había hecho casi toda su carrera dentro de la administración pública. En 1952 hubo un cambio en el  estilo más no en el fondo de las directivas políticas. Se intentó contrastar la austeridad ruizcortinista con la corrupción tan abierta del alemanismo; políticamente este cambio dio cierto resultado  al mejorar la imagen pública del régimen, pero las políticas de Ruiz Cortines continuaron insistiendo  en el desarrollo industrial a través de la protección arancelaria al empresario privado y del mantenimiento de un buen ritmo en el gasto gubernamental  sin modificar los mecanismos de distribución del ingreso, excepto por un cierto control de precios sobre los artículos de consumo popular.

El sucesor de Ruiz Cortines no fue el secretario de Gobernación sino el de Trabajo,  una figura que en ese momento despertaba pocas polémicas dentro de los altos círculos de la élite política.

Como sus predecesores, Adolfo López Mateos  también había hecho la mayor parte de su carrera dentro de la administración pública, y en su juventud había militado en las filas del vasconcelismo,  como tantos otros estudiantes de su generación descontentos con  la prepotencia callista.  López Mateos intentó al inicio de su gobierno mitigar un tanto la tendencia hacia la desigualdad  en la estructura  social propia del tipo de desarrollo económico prevaleciente, y que había generado malestar entre ciertos grupos sindicales. El esfuerzo tuvo ciertos efectos  iniciales,  pero no llegó muy lejos  ante las presiones de los poderosos grupos afectados, y prácticamente se detuvo en los últimos años de su administración. La estratégica posición  de la Secretaría de Gobernación   -encargada del control  político  del país – volvió a imponerse en 1964 y su ocupante ,  Gustavo Díaz Ordaz no intentó ya abandonar la ortodoxia desarrollista  y desistió de todo tipo de cambio;  pero esta vez se presentaron problemas  con la clase media. Fue en su periodo cuando tuvo que hacerse  frente a las primeras manifestaciones serias  de descontento  de este sector, que hasta ese  momento se había considerado  como un sólido sostén del sistema.  ante una relativa disminución  de las posibilidades de participación política y de ascenso social, el sector estudiantil presentó en las calles su queja  contra el statu  quo. La respuesta del gobierno fue la represión abierta.

La estructuración que había dado Cárdenas al sistema político  se mantuvo casi intacta en este periodo, salvo ligeras modificaciones. Uno de los cambios más importantes tuvo lugar inmediatamente después de que el General Manuel  Ávila Camacho asumió el poder:  La disolución del sector militar, que junto con el campesino, el obrero y el popular  formaba el Partido de la Revolución Mexicana (PRM).  A los miembros del ejército  que desearan continuar participando en las actividades del Partido  se les señaló que podrían hacerlo, pero no como parte de una corporación, sino como individuos y dentro del sector popular. La posibilidad de una nueva revuelta militar había concluido entonces, y la disciplina que el partido había pretendido imponer a la actuación política  del ejército incorporándole a su estructura era ya innecesaria   En  el decreto aparecido en el Diario Oficial  del 4 de diciembre de 1945   el Presidente señaló que la participación directa del ejército en la actividad      “pone en peligro la necesaria cohesión de los militares “;  por lo tanto, estos debían permanecer ajenos a ella. A partir de entonces , el poder político del ejército disminuyó notablemente  ( aunque sin llegar a desaparecer)  en favor del poder ejecutivo  y del partido oficial.

Hasta aquí por hoy, respetados lectores.   Mientras escribo estas palabras, en Washington se lleva a cabo  la cuarta sesión de negociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte. El crecimiento  económico de nuestra patria está  seriamente amenazada.  Tanto Donald Trump  contra Trudeau están en contra de México. Que va a suceder?  Poco falta para saberlo. Pero, por favor, aprendamos de nuestros errores: No volvamos a depender tanto de uno o dos países para nuestro futuro. ¿Me estas oyendo, Carlos Salinas de Gortari?

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