LAS INTROMISIONES DEL VECINO.-

26/mayo/2017 Por Rafael Catalán Valdés

Durante el gobierno preconstitucional de Carranza se plantearon  problemas internacionales muy graves a causa de la intervención constante de Woodrow Wilson en nuestros asuntos internos. En 1914 y en 1917 había tropas norteamericanas en Veracruz y en Chihuahua;  en los años intermedios el presidente de los Estados Unidos envió notas que tenían el carácter de ultimátum y barcos de guerra a los puertos mexicanos;  trató de conciliar  a las facciones revolucionarias y nuevamente se valió del ABC para dirigir los asuntos internos de México.  A su vez, el  Departamento de Estado  se mostró agresivo, ya fuera favoreciendo conspiraciones o elaborando planes de intervención armada. Carranza rechazó todas las pretensiones norteamericanas de dirigir nuestros asuntos internos, exigió la desocupación de Veracruz y el retiro de la expedición punitiva, se negó a participar en el ABC y en ciertos momentos coqueteó  con Alemania para lograr sus metas. El gobierno del Primer Jefe fue reconocido por el de los Estados Unidos sin ninguna condición, el 19 de octubre de 1915 de facto  y el 5 de febrero de 1917 de jure.

A la caída del régimen huertista de Francisco S. Carbajal en agosto de 1914, como era de suponerse Wilson no ordenó la desocupación de Veracruz, porque ante la inminente escisión de los constitucionalistas prefería entregárselo a Francisco Villa, pero él y sus tropas estaban muy alejadas  del puerto. La prefectura de  Wilson  se basaba en que Villa no era hostil al gobierno norteamericano y en que varios de sus agentes especiales lo habían considerado el revolucionario mas poderoso y el verdadero salvador de México. El retiro de las tropas norteamericanas se vino a efectuar hasta el 23 de noviembre de 1914, según las propias órdenes de Wilson:  “del modo mas práctico…sin hacer declaraciones que puedan  interpretarse como un compromiso”,  lo que significa que el Primer Jefe no logró su retiro mediante condiciones. Las tropas del carrancista  Cándido Aguilar, que eran las que estaban mas próximas, ocuparon el puerto y finalmente se estableció en él  el gobierno de Carranza el 26 de noviembre de 1914.

Entre enero y marzo de 1915 sobresalieron dos problemas con los Estados Unidos:  el de las contribuciones extraordinarias que Alvaro Obregón les exigió a los ricos nacionales y extranjeros en la ciudad de México, y el bloqueo que decretó el Primer Jefe por razones militares al puerto  de Progreso y que afectó el comercio norteamericano del henequén.  Ambas medidas ocasionaron el envío de notas con el carácter de ultimátum y el de barcos de guerra a nuestros puerto. El primer conflicto se suavizó con cartas personales entre Carranza y Wilson, aquel  asegurando  que protegería a los extranjeros, y el segundo exponiendo amistosamente el peligro que correría México si no cumplía la promesa.

Entre marzo y junio de 1915, sin dejar de desear la dirección de los problemas de México,  Wilson adoptó una actitud de espera que abarcó tres aspectos:  analizar  los informes de otro agente,  Duval West, al que había enviado a investigar la situación  en los territorios de Carranza, de Villa y de Zapata;  el resultado  de los combates entre Obregón  y Villa  por el Bajío, y la contra revolución que fraguaban algunos exiliados  mexicanos en los Estados Unidos, ya fuera con apoyo del gobierno alemán o de las altas autoridades del Departamento de  Estado  norteamericano. West consideró que ninguno de los jefes revolucionarios valía la pena,  que el carrancismo era demasiado nacionalista, el villismo demasiado militarista y el zapatismo  demasiado regionalista.  Aunque Obregón ganó las batallas del Bajío, Villa todavía dominaba en el norte del país, donde los norteamericanos tenían grandes inversiones , y por añadidura, el Centauro del Norte seguía cultivando la amistad del gobierno de los Estados Unidos. Las conspiraciones contrarevolucionarias que contaron con apoyo alemán, se aprovecharon de unos movimientos previos de la población texana de origen mexicano que pretendía restituirle a México el territorio que le arrebató Estados Unidos en 1848, como fueron el de “Los hijos de Cuauhtémoc, Hidalgo y  Juárez en Texas”  y el plan de San Diego, Texas, que acabó designando a Victoriano Huerta  y a Pascual Orozco para que jefaturaran  el movimiento armado. Con ese fin,  Huerta se presentó en Nueva York  a principios de abril de 1915 y se puso en contacto con dos funcionarios de la Embajada Alemana,  Franz von Papen y Karl Boy-Ed, así como con el agente secreto Franz von Rintelen. Los alemanes se comprometieron a depositar en bancos de los Estados Unidos mas de un millón de dólares. Huerta por su parte se reuniría en Nuevo México con Orozco el 27 de junio y establecería su gobierno en Chihuahua.  La conspiración fracasó finalmente porque los norte americanos descubrieron todos los pasos y aprehendieron a los dos mexicanos. La otra contrarevolución, la encabezó  el huertista Eduardo Iturbide en connivencia con el antiguo agente especial y ahora jefe de la división de asuntos latinoamericanos del Departamento de Estado, León J. Canova. Este no solo le arregló entrevistas a   Iturbide con el Secretario de Estado sino que elaboró varios proyectos que decía eran de “intervención pacífica” y con el pretexto de repartir alimentos.  Otras conspiraciones contrarrevolucionarias  giraron alrededor de Felix Díaz  y desembocaron en el Plan de Tierra Colorada de febrero de 1916.

Wilson se impacientó el 2 de junio de 1915, amenazando con un ultimátum a los tres jefes revolucionarios, Carranza, Villa y Zapata, diciendo que él iba a decidir  la “salvación” de México  si no se reconciliaban y de común acuerdo establecían un gobierno constitucional.  Wilson además dio a conocer se decisión a todos los países.  Vila y Zapata aceptaron la reconciliación de  todas las facciones.  Carranza ni siquiera contestó la nota de Wilson, sino que dirigió un manifiesto al pueblo norteamericano culpando a Wilson de obstruir  su labor y asentando que a pesar de que ya dominaba las siete octavas partes del país, no convocaría a elecciones mientras que no alcanzara la victoria total. El Presidente norteamericano se volvió a meter en un callejón sin salida, puesto que Carranza rechazó  la unificación de los revolucionarios y él se había comprometido ante el mundo a imponer su propia solución en México.   De ahí que nuevamente al ABC, ahora aumentado con diplomáticos de Bolivia, Uruguay y Guatemala, para que exhortaran a los jefes revolucionarios a que establecieran  un gobierno provisional,  redactaran un programa de gobierno y convocaran a elecciones. El ABC  cumplió  su cometido 1l 13 de agosto invitando a dichos jefes  para que se reunieran en un lugar alejado  de los campos de batalla y discutieran los tres puntos señalados; los diplomáticos se ofrecieron como intermediarios para fijar la fecha, el lugar y otros detalles de la conferencia. Villa y Zapata aceptaron la invitación, pero los carrancistas determinaron unánimemente que el primer jefe era el único competente para decidir;  éste, obviamente, rechazó  la invitación.

El verdadero propósito que había tenido Wilson para convocar al ABC, y que no les comunicó a los diplomáticos era valerse de ellos para eliminar  a Carranza, Villa y Zapata, y establecer un gobierno auspiciado por el de los Estados Unidos.  Pero en agosto cambió de idea  – como había sucedido cuando se celebraron las conferencias  de Niagara Falls a mediados de 1914  –  y dispuso que las actividades del ABC tendieran al establecimiento de un gobierno esencialmente revolucionario y que por decretos reformara al país, sin eliminar a Carranza.  De manera que el  recientemente nombrado secretario de Estado Robert Lansing, con presiones, obtuvo  que los integrantes del ABC aceptaran los propósitos de Wilson y les recomendaran a sus gobiernos que reconocieran al de Carranza. El reconocimiento de  facto fue concedido por los Estados Unidos y el ABC  el 19 de octubre de 1915; Wilson impuso además la prohibición de exportar armas para los enemigos del Primer Jefe y ordenó  que los barcos  norteamericanos anclados en Veracruz  izaran la bandera mexicana con la salva de 21 cañonazos, los que fueron respondidos desde el” Zaragoza”.

Hasta aquí por hoy, estimados  lectores.  Seguro estoy de que esta etapa de nuestra historia patria es poco, si es que algo, conocida por los mexicanos. Es por ello que me he permitido investigar y escribir estos artículos algo detallados  para beneficio de quienes no están bien enterados de como se desarrolló la Revolución Mexicana. Fue, sin duda, una etapa definitoria como pocas del País que hoy es México.  Lo hago para estimular “El Orgullo de ser Mexicanos”.

Cuídense mucho. Estaré en contacto a la brevedad posible.

INICIO DE LA REFORMA AGRARIA….CONSTITUCIÓN DE 1917 ( II )

19/mayo/2017 Por Rafael Catalán Valdés

Las luchas agrarias y laborales de las diversas facciones revolucionarias  alcanzaron sus metas  en los artículos 27 y 123 de la Constitución de 1917. El artículo 27 fue el resultado directo de los proyectos, dictámenes y debates de los diputados constituyentes, destacando la participación que tuvieron Pastor Roauix,  José N. Macías,  Francisco J. Múgica, Enrique Recio, Enrique Colunga, Luis G. Monzón, Guillermo Ordorica  y Gerzayn Ugarte. Además colaboró Andrés Molina Enriquez,  que no era diputado, El artículo fue aprobado por unanimidad  de votos en la asamblea del Congreso Constituyente y le imprimió un carácter verdaderamente revolucionario a la Carta Magna  al establecer  que la propiedad  de  tierras y aguas corresponde  originalmente a la nación,  la cual tiene el derecho de transmitir el dominio directo a los particulares para constituir la propiedad privada,  y a ésta  se le pueden imponer  las modalidades que dicte el interés público.  Determinó que se expropiaran los latifundios mediante  indemnización   para crear pequeñas propiedades :  facultó a los pueblos, rancherías y comunidades para que solicitaran y recibieran tierras por restitución  y dotación;  fijó las extensiones  de la pequeña propiedad y de las parcelas. Distinguió la propiedad del suelo y la del subsuelo, señalando que el dominio de aquella  puede transmitirse  en propiedad privada:  pero que la del subsuelo y sus riquezas pertenecía al dominio directo, inalienable e imprescriptible de la nación, la cual podía otorgar concesiones  para su explotación a los individuos y a las sociedades que operaran bajo leyes mexicanas. Reguló la capacidad para adquirir propiedades inmuebles, estableciendo que solo los mexicanos tienen ese derecho, condicionó el de los extranjeros y excluyó a la Iglesia.

En la elaboración del artículo 123 también destacó la participación de Rouaix y de Méjica, así como la de Heriberto  J  Jara, Esteban Vaca Calderón, Luis M. Rojas , Alfonso Cravioto:  además la del Jefe de la Dirección del Trabajo  de la Secretaría de Fomento,  José Inocente Lugo, guerrerense. Por otra parte, la iniciativa de que el trabajo merecía un artículo especial se  debío  al diputado Froylán  Manjarrez. El artículo fue aprobado por unanimidad de votos y fue otra novedad, ya que consagró el derecho de  la asociación profesional como garantía social para obreros y patrones en la defensa de sus intereses. Un principio de esta naturaleza nunca antes se había incluido en el texto de ninguna constitución del mundo. Además fijó en 8 horas la jornada diaria de trabajo,  7 para la nocturna y 6 para la de los menores de 12 a 16 años;  un día de descanso a la semana, igual salario para el mismo trabajo, indemnizaciones  por accidentes  y enfermedades del trabajo,  habitaciones cómodas e higiénicas, etc.

Las elecciones de diputados constituyentes se habían llevado a cabo el 22 de octubre de 1916 de acuerdo con la convocatoria del Primer Jefe del día 14  del mes anterior, estableciendo que los diputados que resultaran electos  discutirían, aprobarían o modificarían un proyecto de Constitución  que les sometería a su consideración y que incluía  las reformas necesarias para el país.  Muchos partidos políticos entraron en actividad para presentar candidatos y, aunque las elecciones no fueron ejemplares, los diputados que resultaron electos fueron todos revolucionarios, tanto gente de renombre como otros que hasta entonces no tenían  significación nacional. Las  sesiones del Congreso  Constituyente se celebraron en el teatro Iturbide de la ciudad de Querétaro del 20 de noviembre de 1916 al 31 de enero de 1917, dedicando los primeros diez días a la discusión de las credenciales de los  diputados y Carranza proclamó la Constitución el 5 de febrero de 1917. En los debates se hizo patente que los constituyentes eran hombres independientes y que tenían toda una gama de actitudes políticas y sociales revolucionarias, pero con un punto de vista más moderado o de derecha y más radical o de izquierda.  Entre los primeros destacaron los antiguos renovadores que además eran devotos de Carranza,  Alfonso Cravioto,  Felix F. Palavicini,  José N. Macías, Luis M. Rojas y Gerzayn Ugarte.  Entre los más rádicales y a la vez obregonistas, estuvieron Francisco J. Múgica,  Enrique Colunga,  Enrique Recio, Luis G. Monzón, Alberto  Román, Heriberto J. Jara  y Esteban Baca Calderón.  Pero Pastor Rouaix  no se identificó ni con la derecha ni con la izquierda,  gozó del respeto de ambas tendencias, era Secretario de Fomento en el Gabinete de Carranza y básicamente fue el autor de los dos proyectos de los artículos 27 y 123.

En fin, el grupo de Constituyentes fue heterogéneo, tanto por su extracción y antecedente civiles,  militares, profesionistas, periodistas, poetas, pequeños propietarios, negociantes, mineros, trabajadores, profesores, etc. como porque sus edades iban de 25  a más de 65 años. Un lazo común los unía:  el conocimiento de los problemas de México.

Hasta aquí con este artículo, respetados lectores.  Pasaré sin mayor dilación a las intromisiones y presiones del gobierno de los Estados Unidos.

INICIO DE LA REFORMA AGRARIA… CONSTITUCION DE 1917

18/mayo/2017 Por Rafael Catalán Valdés

Varios gobernadores y comandantes militares constitucionalistas expidieron leyes a favor de campesinos y obreros. Entre septiembre y octubre de 1914 abolieron las tiendas de raya y la servidumbre por deudas; fijaron un salario mínimo de 75 centavos diarios y la jornada de trabajo en 9 horas, descanso dominical, pago en moneda de curso legal y doble salario por el trabajo nocturno. Además de que en Veracruz Agustín Millán reglamentó la asociación de tipo “sindicato gremial” y de que Cándido Aguilar reconoció a los gremios y las sociedades. La reglamentación más amplia de la asociación profesional se debió a Salvador Alvarado ,  quien la realizó en Yucatán a lo largo de 1915:  otorgó libertades a los sindicatos obreros y creo el sindicato de tipo industrial para que se formaran entidades no clasistas de producción, financiadas por el gobierno del Estado, el federal y capitales  privados.

 

Venustiano Carranza adicionó el Plan  de Guadalupe el 12 de diciembre de 1914, tanto para encausar la legislación de sus subordinados como para tener una bandera social propia:  prometió legislar sobre la explotación de los recursos naturales , el mejoramiento de las clases proletarias, el matrimonio, la libertad del municipio, la restitución de las tierras a los pueblos, alentar la pequeña propiedad, facultar a los gobernadores y comandantes militares para que expropiaran tierras y las repartieran con el objeto de fundar pueblos, establecer servicios públicos y reorganizar el poder judicial. La mayoría de estas promesas se empezaron a cumplir en 1915. Luis Cabrera elaboró la ley agraria que el Primer Jefe decretó el 6 de enero de 1915 y que ordenaba la restitución y dotación a los pueblos mediante las expropiaciones indispensables;  anuló las enajenaciones , concesiones y ventas de agua, tierras y montes, así como los apeos y deslindes que hicieron los gobiernos anteriores contraviniendo las leyes. Para la ejecución de la ley, se creó  la Comisión Nacional Agraria, que además tuvo agencias y comités en los Estados y en las poblaciones, las que se encargaron de entregar las tierras a los pueblos para que estos las disfrutaran en común y en calidad de posesiones provisionales.  A pesar de que la ley tenía algunos defectos, como el de atacar exclusivamente  el problema de los pueblos ya existentes, no especificar el monto ni la naturaleza de lo expropiable, no referirse a los jornaleros, a los medieros ni a los arrendatarios, les asestó un duro golpe a los terratenientes.

Los diversos decretos que habían expedido los generales constitucionalistas para mejorar las condiciones de vida de los trabajadores, se continuaron en agosto de 1914 con la autorización del gobierno para la reapertura de la Casa del Obrero Mundial  (COM)  en la ciudad de México, así como con la fundación de la Confederación  Revolucionaria, a principios de enero de 1915 en el puerto de Veracruz, con el objeto de atraer el apoyo de los trabajadores organizados. De modo que la COM, a pesar de que era contraria a colaborar directa o indirectamente  con cualquier gobierno  y a participar  en luchas militares, acabó firmando un pacto con los carrancistas el 17 de febrero de 1915, comprometiéndose  a tomar las armas y establecer centros de propaganda entre los obreros. El gobierno, en cambio, se obligó a seguir expidiendo leyes a favor de los trabajadores y atender sus conflictos.  La COM  – como Obregón – tuvo que salir de la ciudad de México en marzo de 1915  y  se estableció en Orizaba,  donde el general Ignacio Enríquez organizó los “batallones rojos” que fueron a combatir contra villistas y zapatistas en El Ébano,  Celaya y el sur de Veracruz.  La colaboración entre carrancistas y la COM siguió  adelante y en agosto de 1915,  cuando Pablo González  tomó nuevamente la ciudad de México, le cedió a su aliada la Casa de los Azulejos  (ahora Sanborns  en la calle de Madero)  y las actividades propias de la COM  se incrementaron.  Sus integrantes establecieron la Escuela Racionalista,  emprendieron unas campañas para la construcción de edificios sindicales y otras para obtener mejores salarios y condiciones de trabajo. Además fundaron unas 40 sucursales en el país, editaron periódicos, entre ellos “El Ariete” para difundir sus ideas y dar cuentas de las huelgas que iban ganando. Las dificultades  empezaron en noviembre de 1915  porque el gobierno asimiló a los ferrocarrileros  al ejército para impedir que se fueran a la huelga.  Las fricciones aumentaron progresivamente en 1916 porque Carranza ordenó en enero la disolución de los “batallones rojos”  y otras autoridades  hicieron declaraciones  contra la ola creciente de huelgas, restringieron las actividades de la COM y aprehendieron a varios de sus jefes. Los roces  continuaron  hasta desembocar en dos crisis graves , cuando la COM y la Federación de Sindicatos Obreros del Distrito Federal  (FSODF) que dirigía el dirigente del Sindicato de Electricistas,  Luis N. Morones, declararon huelgas generales en la ciudad de México el 22 de mayo y el 1 de agosto. El gobierno resolvió la primera mediante algunas concesiones , como la de ordenar un aumento en los salarios, pero advirtiendo además que no toleraría huelgas en los servicios públicos y ordenado algunos arrestos. En la segunda ocasión tomó medidas más drásticas, como fueron cancelar la COM, enviar tropas a los centros de trabajo, arrestar a los trastornadores del orden público y aplicar la ley  del 25 de enero  de 1862 contra los traidores a la patria  porque la expedición punitiva estaba en el territorio mexicano.  Las autoridades aprehendieron  a doce de los jefes huelguistas, y un tribunal militar los enjuició,  condenando a muerte a uno de ellos. La  sentencia nunca se ejecutó y todos los huelguistas acabaron recobrando la libertad.

Hasta aquí por hoy, respetables lectores.  Lo más probable es que el próximo artículo, la próxima semana, lo dedique a comentar la complicada situación política que esta dándose en los Estados Unidos, por el problema de posibles fugas de información con Rusia  y un posible juicio de “impeachment.

Pásenla bien y cuídense mucho. Propongámonos  sobrevivir a esta violencia e inseguridad  que nos está lastimando tanto.

LA DANZA DE LOS BILIMBIQUES

10/mayo/2017 Por Rafael Catalán Valdés

Nuevo-18

La escisión revolucionaria agravó los problemas económicos del país ya que cada facción emitió  papel moneda de circulación forzosa,  provocando inflación y caos.  Las monedas metálicas desaparecieron de la circulación  por ocultamiento  y exportación,  hubo fuga de capitales,  paralización de las minas,  cierre de las fábricas y los comercios,  abandono de los campos,  desempleo. Los pocos  productos agrícolas que se obtuvieron  fueron acaparados y ocultados, agudizando la escasez y el alza de precios;  los ferrocarriles y las vías sufrieron cuantiosos daños. Los que se salvaron o se pudieron reparar fueron destinados a fines militares, dejando incomunicadas  muchas regiones.  En fin, cinco años casi ininterrumpidos de guerra dañaron seriamente la economía del país.

Las  sucesivas ocupaciones de una misma población por diferentes facciones causaron uno de los daños mas graves. El caso más importante fue el de la Ciudad de México  entre septiembre de 1914 y agosto de 1915.  Al empezarse a escindir la revolución, los constitucionalistas habían emitido 130 millones de pesos en papel moneda “Monclova”  “Ejército Constitucionalista” y “Gobierno  Provisional en la Ciudad de México “. Poco después abandonaron la capital, de modo que durante la ocupación de los convencionistas, se prohibió la circulación de aquellas emisiones e hicieron forzosa la del papel moneda que trajeron los villistas de Chihuahua,  “sábanas”  y  “dos  caras”, así como mas de 80 millones de pesos que emitió la convención  en “revalidados”y un número  y un número  indefinido de “inconvenientes” (papel moneda impreso con las planchas que dejaron los carrancistas al irse  a Verecruz con o sin sello de la convención, respectivamente),  y circularon los “tordillos” del Banco Revolucionario de Guerrero. El gobierno tuvo que hacer frente a todos sus gastos con las diversas clases de  billetes  de que disponía,  entregar decenalmente de 100 a 200 mil pesos al Ejército Libertador del Sur y socorrer a las multitudes hambrientas, ya que los precios de los artículos  de primera necesidad  subieron exageradamente:  2,400% el maíz, 2,200 el frijol y 1420 el arroz,  940%  el azúcar y 900 la harina.  Los socorros no fueron suficientes por lo que hubo  asaltos a comercios y motines con saldos sangrientos pues fueron disueltos  a  balazos. Por otra parte, los impuestos que recaudó el gobierno de la Convención apenas llegaron a 234 mil pesos  en moneda metálica, que se vio obligado a entregar a los bancos para recoger 400 mil pesos villistas y evitar la bancarrota.  Entre junio y julio hubo un verdadero caos, con las entradas de zapatistas y carrancistas. En los 40 días que Obregón ocupó la ciudad (26 de enero al 11 de marzo de 1915)  prohibieron la circulación del papel moneda del enemigo e impusieron la circulación forzosa  del que se emitía en la capital carrancista y que se llamaba “Gobierno Provisional en Veracruz”  lo que acarreo manifestaciones de protesta, cierre de bancos y comercios, duplicación y triplicación de los precios. A esos problemas se  vino a sumar la falta de agua, ya que los zapatistas dañaron las bombas de Xochimilco  y  bloquearon la ciudad.  Obregón intentó aliviar la situación con algunas medidas que no fueron eficaces, como la confiscación de los depósitos de las negociaciones que aceptaran papel moneda del enemigo, la distribución de billetes carrancistas  y humillar a los tenderos españoles;  de modo que acabó imponiendo  un tributo extraordinario a la Iglesia y los adinerados, medio millón de pesos a la primera y la misma cantidad en dólares a los segundos, pero como como no los obtuvo arrestó a numerosos sacerdotes y ricos, incluso extranjeros. A los extranjeros los dejó en libertad porque recurrieron a la protección de sus representaciones diplomáticas  y solo los españoles fueron obligados a barrer las calles.  Por otra parte, en las regiones villistas empezó el hambre a mediados de 1915, la tesorería de Chihuahua se vació, el papel moneda se devaluó a 2 centavos de dólar y para hacerse de fondos  exigieron préstamos forzosos  y elevaron los impuestos, especialmente  a las minas y al algodón. Los billetes villistas acabaron regalándose en Texas como “souvenirs” a finales de ese año.

Hasta aquí por hoy, respetados lectores.  Considero esta información valiosa  que marca lo que debemos evitar en el presente y en el futuro.

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