EL PORFIRISMO…CRISIS DE 1908.- EL PRINCIPIO DEL FIN

13/agosto/2016 Por Rafael Catalán Valdés

Nuevo-18
LA  CRISIS  DE  1908

La situación empeoró a partir de 1908  y  dio alas a la multitud de descontentos e impacientes.  El bienio 1908 – 1909 fue de marcha atrás en casi todos los órdenes. La naturaleza tomó el partido del pueblo. Aquellos años fueron pintos.  En unas partes  llovió más de la cuenta y en otras menos. Hubo, además,  temblores nefastos  y heladas terribles. La producción del maíz, de por sí insuficiente, bajó. La escasez  de gordas y frijoles produjo una situación crítica en el campo, quizá no tan profunda como la de quince años antes,  pero si en un momento en que la sensibilidad pública  se había agudizado, en que cualquier rasguño causaba honda irritación.  En el bienio 1908 – 1909 la valía anual de los productos industriales se detuvo en 419 millones.  La rama manufacturera se  precipitó de 206 millones a 188 millones. La minero- metalúrgica  subió ligeramente en volumen que no en precio.  Los metales preciosos, y en especial la plata, se depreciaron mucho. Con los metales industriales,  fuera del fierro, pasó lo mismo.  La producción de zinc,  tan importante en 1906-1907, se fue a pique.  Aun en la producción de petróleo  hubo un año de reajuste.  Incluso se llegó a la junta de mercancías que no tenían compradores.

Se debilitaron por igual las demandas interna y externa. Las compras al exterior descendieron en valor y en volumen. Los precios de los productos exportables conocieron una baja del 8 por ciento. La balanza comercial tuvo un saldo adverso en 1908. La crisis económica afectó, como siempre, a los más amolados. El deterioro de la vida material intensificó el disgusto social, ya tan fuerte antes de la crisis. El país estaba maduro para la trifulca.

Don Porfirio empieza a perder el aplomo;  teme al que dirán los extranjeros; se asusta ante la posibilidad de su muerte en un futuro inmediato; lo asaltan docenas de temores;  se sabe en una edad testamentaria y no resiste la tentación de hacer balance y dar  consejos. El mismo alborota la caballada con una declaraciones a James Creelman, director del  Pearson´s  Magazine, hombre de confianza del  Presidente Roosevelt y del Secretario Taft. Después de publicadas en el periódico del entrevistador aparecen, en el mismo marzo, en los de acá. Díaz declara:  “Creo que la democracia es el principio verdadero y justo del gobierno”.  También coincide con sus enemigos  cuando reconoce que recibió  ” el gobierno de manos de un ejército victorioso”.  “Nosotros -añade-  guardamos las formas del gobierno  republicano y democrático…pero aceptamos una política patriarcal…guiando y restringiendo las tendencias populares, con entera fe en que la paz forzada permitiría a la educación, la industria y el comercio desenvolver los elementos de estabilidad y unión de un pueblo de suyo inteligente, suave y sensible.”  “México tiene ahora una clase media que antes no tenía. La clase media es el elemento activo  de la sociedad”…” Los ricos están demasiado ocupados en  sus riquezas y sus dignidades para ser útiles  al mejoramiento  general”. Las declaraciones concluyen con dos campanazos políticos: Me retiraré al concluir este periodo constitucional y no aceptaré otro”. Yo acogeré gustoso un partido de oposición. Si  aparece, lo veré como una bendición.

Pasado el azoro, la lucha se desata.  El principio de “poca política y mucha administración” es pisoteado, escupido, hecho  pajarita de papel. Los pensadores de la joven generación  que solo murmuraban, ahora escriben folletos y mamotretos.  Querido Moheno  publica  ¿Hacia donde vamos?; Manuel Calero, Cuestiones Electorales;  Emilio Vázquez Gómez,  La Reelección Indefinida;Francisco de P. Sentíes,  La  organización política de México;  Ricardo García Granados, El Problema de la organización política;  Francisco Madero La sucesión presidencial de 1910,  y Andrés Molina Enriquez ,  Los grandes problemas nacionales.  Aparecen también nuevos periódicos con muchos artículos de índole política.  Y nacen verdaderos partidos políticos.  El reyista, con José Lopez Portillo a la cabeza,  propone para presidente al General Porfirio Díaz y para Vicepresidente al “candidato del pueblo…al general Bernardo Reyes”  Su programa no es muy voluminoso; se reduce a un par de principios:  auténtica autodeterminación de México y  “práctica efectiva de la libertad.  El Partido Democrático  donde la figura sobresaliente es Manuel Calero, coincide con el anterior en la candidatura de Don Porfirio para la Presidencia.  Por lo demás, postula escuelas gratuitas, obligatorias, laicas y cívicas:  sufragio directo restringido a los alfabetas o a los que fuesen jefes de familia;  municipio libre; inamovilidad judicial; ejercicio de la libertad de imprenta y de las leyes de Reforma;  inversión fecunda de las reservas del tesoro público;  ley agraria en favor del  jornalero  y legislación laboral. El Partido Democrático a poco andar se desconchifla. El Partido Reyista, “coco” de los “científicos”, no obtiene el si de la razón de su existencia. El General Bernardo Reyes. El dictador lo despoja a fines de 1909 de la Jefatura de Armas y del Gobierno Civil de Nuevo León;  lo despacha a Europa dizque a estudiar armamentos alemanes.  Reyes deja en la estacada a sus numerosos partidarios: a la clase media, incluso a los letrados; a la clase obrera,  sobre todo a los trabajadores del riel, y a la clase castrense, en especial a jefes y oficialidad del ejército.

EL   CLUB CENTRAL  ANTIREELECIONISTA,  fundado a la mitad de 1909 con no mas de 50 personas, aunque algunas de mucho peso como el autor de la sucesión principal de 1910, como Francisco y Emilio Vázquez Gómez,,  Filomeno Mata, Luis Cabrera,  Paulino Martínez,  Francisco de P. Sentíes,  Alfredo Robles  y José Vasconcelos, discurre un programa cuyo lema será  ” Efectividad  del Sufragio y No Reelección “, y propala un manifiesto del 16 de junio, donde se lee:  “La justicia ampara al más fuerte;  la instrucción pública se imparte solo a una minoría… los mexicanos son postergados a los extranjeros aun en compañías en donde el gobierno tiene el control…; los obreros mexicanos emigran al extranjero en busca de más garantías y mejores salarios;  hay guerras costosas, sangrientas e inútiles contra los yaquis  y los mayas, ” y está el espíritu público aletargado y el valor cívico deprimido…”

Hasta aquí por hoy, respetados lectores. Como podrán notar, mi viaje ha terminado y estoy de regreso en mi patria. Resulta impresionante como se parecen entre si las circunstancias por la que atraviesa el México de 1909  y el México de 2016.  Hago votos para que lo que sucedió en 1910 no vuelva a suceder en el futuro cercano de 1918.

Este será el penúltimo artículo que tratará sobre el porfirismo. Que tratará sobre el pasado. Los siguientes se enfocarán en el futuro. Les saludo con respeto y efecto. Cuídense mucho. Se avecinan tiempos borrascosos, queridos lectores. Aprendamos de la historia. Evitemos los acontecimientos que se dieron a partir del  20 de noviembre de 1910.

Evitemos la violencia y el derramamiento de sangre…

La sensibilidad pública se ha agudizado… cualquier rasguño puede producir sangre.

Para despertar la conciencia cívica y conseguir la organización de clubes antirreeleccionistas  en todo el país, los del club central  emprenden numerosas  giras de propaganda.  David sale a retar a Goliat. Según el abuelo del retador, el famoso don Evaristo, la campaña de su nieto es un absurdo tan grande como “querer tapar el sol con una mano”.  Todavía más, es el “desafío de un microbio a un elefante”.  ” Tu le echas al Díaz – le dice el colmilludo don Evaristo al mamón de su nieto – la amenaza de que harás y tomarás…. y no harás nada”.  Francisco Ignacio, o Indalecio, o Inocencio  ( ya que la I de Madero se presta a muchas interpretaciones )  como todo el mundo sabe, no le hizo caso a su abuelito.  El microbio,  que casi lo era por su escaso volumen físico,  hace su primera gira política,  acompañado de su esposa, lo que no deja  de ser una simpática novedad;  recorre la recién apaleada zona obrera de Veracruz,  el agobiado Yucatán y Nuevo León,  la cuna del reyismo. La segunda gira cubre los Estados de Puebla, Querétaro,  Jalisco, Colima,  Sinaloa y Sonora.  En esas giras se producen muchos discursos que caen en tierra fértil y que se encarga de abonar  la represión de las autoridades locales.

Además de la lengua. los antirreeleccionistas le dan vuelo a la pluma. En junio de 1909 sale dirigido por el impetuoso José Vasconcelos el primer número de El  Antireeleccionista que solo fue semanario durante un mes. Desde el segundo. bajo la dirección de Félix  F. Palavicini, se hace diario de diatribas  contra el Porfiriato. La clausura era de esperarse y sucede el 30 de septiembre. Pero esta represión, aunada a la de las autoridades, aunada a la de las autoridades locales contra los periodistas, los predicadores de viva voz y los hacedores de clubes por dondequiera,  vigorizan al antirreelecionismo.  Tambien lo fortalece  la alianza con el Partido Nacionalista Democrático, hechura de algunos ex devotos de  Reyes.  De repente, el debilucho club antirreeleccionista  se transforma en un toro que embiste a la dictadura con un segundo manifiesto público  aparecido la víspera de la primera posada de 1909.

Cuando eso sucedió, los labiscones ya se habían atrevido a contrariar los deseos del Necesario  manifestados a Creelman. Alguien,  que conocía muy bien al Presidente,  arguyó: “La Nación necesita al General Díaz y deseo que continúe en la Presidencia para que culmine su gigantesca obra. Los “científicos” entonces gritaron para sus adentros: ¡Que continúe! ¡que continúe!  El dictador, que no estaba tan sordo como para no oír  tales gritos,  repuso para sus adentros: “Hágase según sus voluntades y no la mía”. Los “científicos” se pusieron a brincar de gusto. El viejo Club Reeleccionista reapareció el 9 de febrero de 1909 en casa del General Pedro Rincón Gallardo. Allí se juntó toda la “momiza científica” y algunos conservadores convencidos de la voluntad de concordia de don Porfirio como don Manuel  Araoz,  don Pedro Gorozpe  y don Nicolás del Moral.  Don Joaquín Diego Casasús hizo uso de la palabra y convocó a una gran convención nacional.  A ella, reunida en un teatro capitalino, asistieron 700 representantes.  Todos, con la voz cascajosa que sus muchos abriles les habían dejado, dieron el sí  para la candidatura del Único. Todos también aceptaron que en la Vicepresidencia con Corral bastaba. Una comitiva nombrada para el efecto fue ante el Presidente “quien los recibió con visible emoción y les ofreció aceptar su postulación.  La misma gente fue a ver a Corral quien también dijo que si.  Después de tan “inesperadas” afirmativas los viejos reeleccionistas, aprovechando el calorcito del mes de abril  desfilaron por calles y plazas de la capital cayéndose del gusto. Luego los más vigorosos iniciaron una gira por el centro de la república para contrarrestar la propaganda enemiga.

Al finalizar el año de 1909 solo quedaban dos partidos en lucha: Reeleccionista y Antireeleccionista.  “Goliat” Diaz  tomó su tren para ir a entrevistar en el Paso del Norte al presidente de Estados Unidos.  A mitad del puente Mex-USA se produjo un encuentro ante una muchedumbre  de fotógrafos y mirones.  A continuación, los dos y un intérprete se encerraron en un salón donde se dijeron lo que nadie supo. Entretanto, “David” Madero  emprendía otra gira política que se prolongó hasta comienzos del año del cometa y del centenario.

 

ULTIMO RESPLANDOR

 

El año del cometa se inauguró como de costumbre con felicitaciones al General Porfirio Diaz y aquel insólito examen de conciencia de que habla Alfonso Reyes. ” El año de 1910, en que se realiza  el Primer Congreso  Nacional de Estudiantes … el país se esfuerza por llegar a algunas conclusiones, por provocar un saldo y pasar, si es posible, a un nuevo capítulo de su historia…se trata de dar un sentido al tiempo, un valor al signo de la centuria;  de probarnos a nosotros mismos que algo tiene que acontecer,  que se ha completado la mayoría de edad”. Algo tenía  que  suceder, aunque solo fuera por el cometa Halley, que se apareció por abril y sembró el pánico en los diferentes grupos sociales.  Los de arriba se asustaron por científicos, pues dizque el cometa le iba a dar un coletazo al mundo, y los de abajo por supersticiosos, por considerar  necesariamente fatales a los cometas. Algunos sabían que un astro coludo había producido el derrumbe del gran Moctezuma, el emperador de los antiguos mexicanos. Esos mismos sabihondos  de  pueblo pronosticaron  que Halley se llevaría enredado en su cola al gran Porfirio, el emperador de los mexicanos de ahora. Los síntomas estaban allí. Por lo pronto, la muerte del Licenciado Ignacio Mariscal, el secretario de Relaciones Exteriores, que todos juraban  que  nunca se iba a morir, pues parecía por sus muchos años el símbolo de la inmortalidad.

Otro síntoma sospechoso fue la convención de los clubes antirreeleccionistas  reunidos desde el 15 de abril con 200 delegados de las provincias. Los doscientos se dieron a la tarea de buscarle sustituto al insustituible.  Unos se inclinaban por Madero, “el hombre guiado mas por las emociones que por las ideas”, pero indudablemente el mas activo antirreeleccionista.  Otros veían con buenos ojos  a Toribio Esquivel Obregón. “el mas  intelectual, el más prestigiado y el de más intensa cultura”  del Partido, y quizás también el más pachorrudo. Más de alguno quería a Fernando Iglesias Calderón, hijo de don José María Iglesias, el apóstol de la legalidad cuando Díaz se trepó al poder. Los más propugnaban por Madero para cuando figurase como candidato a la presidencia de la República. Para la Vicepresidencia se manejaron los nombres de Toribio Esquivel, del poeta y Licenciado José María Pino Suárez  y del “cerebral,  sereno, intenso”  y culto Francisco Vázquez Gómez.  Este, por una débil mayoría, ganó la candidatura. Es natural que en tan gran ocasión el señalado para ponerle el cascabel al gato dijera un discurso. Es menos comprensible que en ese discurso anunciara al poderoso contrincante que si no se bajaba por las buenas lo bajarían por las malas. “Si el General Díaz – decía el orador –  deseando  burlar el voto popular, permite el fraude, entonces, señores,  estoy convencido de que la fuerza será repelida por la fuerza, por el pueblo resuelto ya a hacer  valer su soberanía y ansioso de ser gobernado por la ley”.  Prometió , además  para cuando fuese presidente, invertir el superávit de la hacienda  pública en edificios escolares y maestros y proponer reformas legales aliviadoras de la situación del obrero;  fomentar la agricultura  mediante la fundación de bancos refaccionarios e hipotecarios,  promover la pequeña propiedad agrícola;  sustituir la “leva”  por la enseñanza militar obligatoria  y procurar un reparto mas justo de los impuestos.  Al capital foráneo le daría “toda clase de franquicias, pero ningún privilegio, e iniciaría las reformas constitucionales conducentes a suprimir la reelección de mandamás y gobernadores.

Acabada la convención, Madero se fue de gira por el norte.  Aunque Díaz poco antes lo había visto y considerado un rival minúsculo, le tiró de repente un zarpazo:  Lo puso en la cárcel de San Luis Potosí. Estando allí supo de la hechura de las elecciones (primarias el 26 de junio y secundarias el 10 de julio)  para elegir  presidente y vice.  Otros miles de antirreeleccionistas, también en la clausura de las cárceles, se lamentaron del desollamiento  que por sexta vez sufría el espíritu democrático por culpa del mentiroso bigotudo  que no había cumplido con la palabra dada en la entrevista de Creelman.

Diaz se reeligió como de costumbre.

Hasta aquí por hoy, respetables lectores. Les saludo con afecto. En próximo artículo continuaremos con esta historia tan interesante, que describe,  detalladamente esta etapa fundamenta  de la génesis de nuestra patria.

 

 

Carta de Abrahan Lincoln

08/agosto/2016 Por Rafael Catalán Valdés

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Estimados Lectores: Les comparto una presentación que lleva por titulo “Carta de Abrahan Lincoln”. Es la carta que le escribió a un Profesor de su hijo, tiene grandes pensamientos y reflexiones de la vida. Espero sea del agrado de ustedes y que la disfruten mucho.

Saludos!

UNA PAUSA EN EL CAMINO

14/julio/2016 Por Rafael Catalán Valdés

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UNA PAUSA EN EL CAMINO

Muy  estimados  seguidores de este blog:

Envío  a ustedes esta breve nota para comunicarles  que haré  una pausa en el camino de aproximadamente un mes.  Voy a hacer un viaje acompañado por mi esposa y mi familia a Europa  y estos artículos dejarán de aparecer para reanudarse a mediados del próximo mes de agosto. Les envío, como siempre, mi agradecimiento por su atención y comentarios.  Les  deseo salud y bienestar.

Hago votos por que a mi regreso encuentre un país con menos turbulencia e inseguridad.

Un abrazo afectuoso.  Cuídense mucho.

Atentamente.

Ing. Rafael Catalán Valdés

EL PORFIRISMO… LA PROCESION DE LOS PEROS

08/julio/2016 Por Rafael Catalán Valdés

LA PROCESION DE LOS PEROS

Casi todos los grupos sociales, con excepción de la minoría  amamantada por el poder, participan en la Procesión de los Peros. La gente da en  hablar de los defectos de la prosperidad y el orden porfírico; da en ponerles peros a los hombres y los actos oficiales.  La dictadura entra en una senda de soledad y animadversión difícil de entender en su conjunto. De un día para otro, don Porfirio y su camarilla empiezan a perder admiradores y sumar críticos. El sentir de la opinión pública tanto exterior como doméstica le retira su confianza al Porfiriato.  Adentro, los letrados  mas o menos jóvenes, la mayoría de la clase media urbana, los rancheros y este y aquel terrateniente, los sacerdotes y más de un obispo, los artesanos y trabajadores industriales, los peones “libres” que trabajan temporalmente en Estados Unidos, dan en empequeñecer al que poco antes era para todos el gran protector, la providencia en la tierra,  el árbitro supremo, el superhombre, el héroe de la paz, el arquitecto de la regeneración nacional, el Justicia Mayor, el coloso del progreso, el taumaturgo que podía calmar los vientos y las aguas.  Para propios y extraños el régimen se achica y se afea.

Los otros países empiezan a desmentir el milagro mexicano. Unas veces son artículos y libros de autores extranjeros los que pintan la situación mexicana con pinceladas oscuras. Otras veces son las relaciones internacionales las que sufren tropiezos. De un lado recibe Díaz la Gran Cruz de la Orden del Baño y las insignias dela Orden del Sol y la visita del Secretario de Relaciones Exteriores de Estados Unidos, Elihu  Root. De otro, tiene roces de consecuencias con los países limítrofes. Con Guatemala las relaciones se ponen al rojo vivo a causa del asesinato en México del ex presidente de aquel país, General Manuel Lisandro Barillas. El gobierno de Díaz pide la extradición de los autores intelectuales del crimen. Guatemala se niega. Ambos países movilizan tropas con el deseo de que se encuentren. También el gobierno de Estados Unidos comienza a saborear  la caída de Díaz cundo este inicia  un flirt con el Japón y comete varios pecadillos de independencia.

Dentro de las fronteras del país los jóvenes letrados se vuelven muy agresivos. Ellos constituyen la generación modernista o criticona, nacida entre 1858 y 1872 inclusive y formada por regle general en normales de maestros y en escuelas de jurisprudencia. Los criticones habían sido educados, -al decir de Vera Estañol –  en escuelas públicas donde “habían adquirido convicciones  e ideales sobre política, administración, economía, finanzas y sociología. Y, como era natural, todos ellos aspiraban a poner en práctica esos ideales y convicciones y a tal propósito ambicionaban tomar parte activa en el gobierno”, subir a las cimas soleadas del poder público. Esos jóvenes adultos, entre 30 y 45 años de edad, al sentirse suficientemente maduros  para el gobierno, al ver que este  no los incorpora, al darse cuenta que los poderosos los desdeñan y les plantan el calificativo de “plebe intelectual,  de pronto se transforman en críticos fwroces de la situación. Además, atraen al redil de la crítica a los intelectuales verdaderamente jóvenes, a los  nacidos entre 1873  y 1889, a recién egresados de escuelas profesionales  o todavía  alumnos de ellas. A partir de los primeros  seis  o  siete años del siglo, dos generaciones, la modernista  y la del Ateneo, se hacen una en sus actos de murmuración contra el régimen.

Los motivos de orgullo del Dictador son convertidos por los jóvenes  intelectuales en motivos de crítica.  Así, por ejemplo, la inmigración  extranjera de hombres, capitales y modas. Los jóvenes acusan a Díaz de extranjerismo desmesurado; le achacan la venta a 28 favoritos de unos 50 millones de tierras maravillosamente fértiles  para que fueran traspasadas a las compañías  extranjeras;  la entrega,  por un plato de lentejas, de la  mitad de Baja California a Luis Huller;  la cesión a  Hearst , “casi por nada” de 3 millones de hectáreas en Chihuahua;  el casi regalo de terrenos cupríferos  al coronel  Greene  en Cananea;  la escandalosa concesión de la región del hule  a Rockefeller y Aldrich;  la venta absurda  de los bosques  de México y Morelos a los gringos papeleros de San Rafael;  la venta a compañías  norteamericanas de territorios mineros en Pachuca,  Real del Monte  y Santa Gertrudis;  la modificación del código minero para favorecer  las propiedades  hulleras de  Huntington;  el monopolio metalúrgico  de los Guggenheim; ciertas concesiones personales al embajador Thompson para organizar la United States Banking Co. y el Pan American Railroad;  las empresas petroleras  de Lord Cowdray;  y el hecho de que, en la capital, de 212 establecimientos  comerciales  solo 40 fueran de mexicanos.  La juventud intelectual en nombre del patriotismo  acusa al régimen de acciones consideradas  por el dictador y los porfiristas como altamente patrióticas.

Contra Díaz y la  momiza aferrada al poder político  y  económico, la juventud intelectual despliega un enorme catálogo de  “peros”;  solo de peros.  No es revolucionaria; no aspira  a la realización de valores nuevos;  no anda tras otras metas.  Es patriótica como la élite porfiriana.  Busca, como sus enemigos, la libertad, el orden y el progreso.  Es una juventud liberal  a  lo  Juárez,  leguleya a lo Iglesias  y progresista a lo Díaz,  pero muy ganosa de poder,  muy harta del viejo condecorado  y de la burocracia servil,  del clero pomposo y conciliador,  de la alcahuatería  de los científicos,  de los figurones de nariz levantada, de los influyentes,  de los millonarios ostentosos,  de los jefes políticos  y de los jueces  que aplicaban el código civil a los ricos y el código penal a los pobres.  Contra rapiñas, arbitrariedades y abusos que no contra principios y usos se reúne en 1901, convocado por Camilo Arriaga, aquel Congreso de  San Luís  Potosí de donde sale la Confederación Liberal, autora de un manifiesto muy poco revolucionario, muy apegado a la doctrina del liberalismo,  muy antiporfirista.  En él se  acusa a Díaz de haberse rodeado de individuos -maniquíes, “desprovistos de carácter y energía”,  cuya conducta “es inícuamente  arbitraria y sospechosamente productiva” para ellos.  Un segundo congreso, reunido en 1902 sube el tono de la protesta sin apartarse de la plataforma liberal.  En él se votan  la efectiva libertad de expresión, el sufragio efectivo, el municipio libre, la reforma agraria y la iniciativa de cubrir a la nación de clubes liberales. De hecho se forman unos 200 que se expresarán al través del periódico  El Renacimiento.

En 1903 los arriaguistas  lanzan otro escrito firmado por Camilo Arriaga,  Antonio Díaz Soto y Gama,  Juan Sarabia, los hermanos Flores Magón y tres mujeres, donde se ratifica el propósito de combatir al clero y se añade el de luchar contra el militarismo;  donde se habla de la dignificación del “proletariado” y se despotrica contra los ricachones, los extranjeros y los funcionarios públicos. La reacción gubernamental es rápida y violenta.  Arriaga y los Flores Magón se refugian en Estados Unidos.  Allá se pelean entre si. Los Flores Magón organizan entonces un partido lidereado  por ellos, Sarabia,  Antonio Villarreal  y Librado Rivera. En julio de 1906, esparcen desde San Luis Misouri un programa político antirreelecionista,  antimilitarista,  librepensador, xenófobo, anticlerical, laborista y agrarista.  Toda la clase media urbana no dependiente del presupuesto público, no solo la flor intelectual de esa clase, acaba por ser antiporfirista  en nombre del liberalismo.  Los chistes contra Díaz  y el apodo de cientísicos conque se bautiza a los esbeltos y respetables sabios asesores del tirano se fraguan en las tertulias de la medianía.  Allí se maldice la opulencia desaforada de los poderosos; allí se culpa al gobierno de la penuria angustiosa de los humildes;  allí se murmura que todo va de mal en peor.

Los rancheros (parvifundistas  y arrendatarios) pasan por un buen periodo entre 1904 y 1907,  pero aun así se integran al coro de los enemigos del régimen.  Quieren que don Porfirio le deje la silla presidencial  a uno más nuevo.  No a Limantour, creador de los receptores de rentas.  No a Corral, hechura de Limantour.  Si a alguien que no piense en el pueblo solo a la hora de cobrar las contribuciones, o cuando alguien comete una fechoría.  También los braceros, en su gran mayoría peones “libres” de las llanuras norteñas que periódicamente acuden a Estados Unidos para trabajar en las pizcas o en la construcción de ferrocarriles o en las fábricas se vuelven detractores de la dictadura;  cuentan que en el otro lado si tienen un señor gobierno, que allá se ganan jornales de oro. Y dicen horrores de la situación de su país, especialmente de los jefes políticos.

Mas estruendoso aún es el rompimiento de la ya numerosa clase obrera  (700,000 hombres )  con el régimen.  “los bajos salarios – escribe Daniel Cosío Villegas  –  las jornadas interminables, el trabajo  dominical  y  nocturno, la insalubridad  e  inseguridad de los talleres  y ciertos abusos flagrantes  como multas, fueron asociando a los obreros  hasta hacerlos  sentirse fuertes para desafiar al patrón,  al gobierno y al país”. Al patrono venían desafiándole  desde el principio de la era liberal;  con las autoridades había habido piques de poca importancia y con el país ningún roce. Desde 1904  o  1905  las relaciones obrero – patronales se deterioran.  Algunos gobernadores advierten el crecimiento de la ira obrera y tratan de anticiparse a la chamusca. Así los del Estado de México y Nuevo León con sus leyes sobre accidentes de trabajo. A partir de 1906 estallan tres conflictos de fuste:  La huelga de Cananea, la protesta de los obreros textiles del Oriente  y el lio con los ferrocarrileros del Norte.  Lo de Cananea fue político,  xenófobo  y laboral.  Los trabajadores de  la empresa cuprífera  habían formado una Unión que hizo suyas las resoluciones tomadas por la Junta Organizadora del Partido Liberal  el 28 de septiembre de 1905. Pero más que contagio Floresmagonista, el resorte de los cananeos “fue la presencia de tanto gringo y el espectáculo que daban al ocupar no sólo todos los puestos directivos de la empresa, sino de otras compañías subsidiarias  y aún simples comercios, y el hecho de que esos gringos no se mezclaban con los mexicanos”.  Estos, además, recibían por el mismo trabajo  una retribución menor que la acordada a los desteñidos.  En fin, los obreros de las minas habían acumulado muchos malos modos antes de lanzarse a la huelga  el Io. de junio de 1906  y de sobrevenir la impresionante masacre  de  trabajadores ejecutada por la policía del otro lado.

La huelga de los mecánicos del Ferrocarril Central  explotó en Chihuahua.  Fue persistente y con intervención presidencial. Los huelguistas acudieron a don Porfirio; éste los recibió  y colmó de atenciones y dijo parecerle “injusta e inaceptable” la gana ferrocarrilera de querer compartir la dirección ferrocarrilera con el patrono, pero él haría lo posible para lograr de los empresarios “lo justo y legítimo”.  Y así lo hizo, y el lío  se deshizo, cosa que no pasaría en la  llamada huelga de Rio  Blanco, en donde anduvieron metidos mas de 30,000  trabajadores.  Medió don Porfirio y su mediación resultó tiro por la culata.  El lío comenzó con la hechura del Gran Círculo de Obreros Libres en abril de 1906, siguió con la publicación  de un periódico radical;  se enmarañó con la tendencia de los patronos del ramo textil a pagar  cada vez menos y a exigir cada vez más del trabajador;  se ahondó con la alianza de los obreros poblanos;  se puso al rojo vivo porque los industriales de Puebla y Tlaxcala expidieron un reglamento de labores duro;  ardió al decretarse la huelga el 4 de diciembre de 1906.  Los huelguistas redactaron un contrareglamento, esto es, un tímido pliego de peticiones justificadas.  El 14 de diciembre acudieron al arbitraje de Díaz.  Pasó el tiempo. La necesidad apretaba entre los treinta mil trabajadores parados. Los patronos tomaron la decisión de cerrar sus negocios y no admitir el arbitraje,  quien de cualquier modo propuso una salida grata a los obreros.  Estos, movidos por los gruñidos del hambre, acudieron al robo y a la pira, y la autoridad respondió con la violencia indiscriminada.  Después de matar y hacer prisioneros por docenas, el fuego cesó el 9 de enero de 1907, pero el rescoldo se mantuvo.

Los sacerdotes y la inteligencia católica también participaron en la moda  de tocarle los bigotes al viejo  dictador y poner en entredicho las tareas pacificadora, liberal y progresista. Aunque sin ningún acento heroico y menos trágico, la gente de sotana se sumó  al antiporfirismo, quizá  porque cayó en que se le había dado atole con el dedo por muchos años,  que las leyes de Reforma no habían sido derogadas, que los funcionarios  públicos eran masones,  que Díaz volvía a tener la obsesión del “peligro  clerical” y que el Papa  León XIII, recién muerto en 1903, había dejado la recomendación a los sacerdotes de tomar el partido de los de abajo.  Un Congreso Católico en Puebla  propuso remedios para conseguir la mejoría moral del indio.  En septiembre de 1904 José Mora y del Rio, obispo de Tulancingo, juntó a los intelectuales católicos  para examinar la embriaguez, la miseria  y la servidumbre de los campesinos.  En 1906, un tercer congreso agrícola y católico, reunido en Zamora, estuvo porque la gente campesina tuviera servicio médico gratuito, aumento de salarios, cajas de crédito  Raiffeissen  y la doble  enseñanza del catecismo cristiano  y la economía.  Entonces fue cuando el viejo se encolerizó y dijo que no le alborotaran la caballada.

Ya era tarde.

La marca del descontento  había alcanzado niveles muy peligrosos.  Los peros no cesaban de arreciar.  Cada vez se acometían peores murmuraciones.

Hasta  aquí por hoy, estimados lectores.

¿ Alguna semejanza con lo que está aconteciendo hoy por hoy en nuestra Patria,  agraviada la situación con las redes sociales  y con Internet?

 

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