Colaboración del C.P. Rafael Domínguez Rueda

04/febrero/2013 Por Rafael Catalán Valdés

REVISTA DE LA SEMANA

C.P. Rafael Domínguez Rueda

Las razones del subdesarrollo

 

 

Al maestro José Rodríguez Salgado, emblema guerrerense, guía de generaciones, paradigma en la lucha y noble amigo.

Al analizar y examinar ante todo las ideas y propuestas del libro LAS RAZONES DEL SUBDESARROLLO, que lleva como subtitulo El caso Guerrero, notamos que todas van encaminadas por la pluma de su autor el ingeniero químico Rafael Catalán Valdés a darnos noción y una visión precisa y cabal de las razones que son motivo del atraso en que se encuentra el Estado de Guerrero, causas que pasan desapercibidas para la mayoría de los guerrerenses.

La Fundación Mexicana Cambio XXI, Guerrero.- Centro de Estudios sobre el Desarrollo, S.C., tuvo el acierto de promover este interesantísimo libro de 315 páginas, impreso en 1993. Usa un lenguaje llano, ameno y muy fluido.

La obra está dividida en siete capítulos que guardan una secuencia lógica perfecta y en los que expone la problemática que vive el Estado de Guerrero, pero a la vez ofrece alternativas concretas y viables para superar la situación.

El autor no se queda solamente  en exponer ideas, proporcionar información fidedigna y esbozar biografías, sino que su interés es eminentemente propositivo.

Copio unos párrafos al azar del libro que comento para hacer el análisis del libro. Hablando de los guerrerenses, dice: “No es motivo de vergüenza su pobreza ni su ignorancia…Afrenta en la soberbia de sus explotadores, los ricos que se burlan de los humildes “calzonudos” cuya miseria es lo único que no quieren quitarles.

Sí la criminalidad de un pueblo es alta, es culpa de quienes lo han abandonado y explotado, si ese pueblo mata por rebeldía, sólo ejerce su defensa, cansado de tolerar el despotismo de la minoría insolente y sin otro argumento que el de la acción directa.

Tengan presente los minoritarios que si este pueblo es de lo mejor por la buena, es de lo peor por la mala. Conoce bien a sus enemigos, aunque se le presenten como servidores. Detesta al cacique político ­—encarnación del Prefecto— que con las cuotas de los infelices adula al fuerte con servilismo y lo embriagan con coñac. Desconfía del “catrín banquetero” que no es capaz de entender la realidad de sus problemas, pero que le presume de revolucionario; más, si llega a ser Diputado y pronuncia de memoria bonitos discursos, generalmente huecos de sentimientos y medidos para impresionar a los de arriba en revolucionarismo de oropel. Estos son la flor de los logreros”.  Hasta aquí la cita.

         ¿Qué pretende Catalán Valdés con tales ideas? ¿Deleitarnos con la creación de la belleza por la palabra, en el sentido en que crea el poeta? Bien se ve que no es ese el fin directo, aunque ese arrebato de entusiasmo que se apodera de nosotros al leer cada capítulo, nos hace apreciar lo que se llama emoción estética. Ahora bien, ¿quiere movernos a un fin utilitario y práctico, que hayamos de abrazar o seguir, leída su información? Nada de eso. Ni buscan sus palabras excitar la fantasía, ni mover el sentimiento o la voluntad.

No es, pues, un libro poético, ni oratorio, mucho menos novelesco. Se dirige el autor sencillamente a la razón, a la cual trata de ilustrar con el conocimiento amplio y la nación clara que tiene del Estado de Guerrero. La obra es una tesis en la que sustenta la posición de la existencia de la realidad del Guerrero percibido como un Estado bronco, ingobernable, con rezagos ancestrales, pero que busca, anhela, lucha día a día por superar ese atraso para al alcanzar una vida mejor.

Pero, a la vez, es un llamado a las autoridades para que pongan en práctica estrategias que le permitan lograr un cambio en el Estado de Guerrero; y va más allá, traza propuestas, clasificadas con un criterio profesional para avanzar en el camino del desarrollo.

Con estas premisas podemos afirmas desde el punto de vista literario es una obra DIDÁCTICA por su objeto que es exponer la verdad en razón de ilustrar, mostrar, enseñar. Asimismo, el fondo de la didáctica es solidamente instructiva. Estos dos requisitos se aprecian a lo largo de toda la obra.

Si analizamos el MODO de presentar Catalán Valdés las verdades que expone, encontraremos una forma sobria en adornos, pero elegante, estética. En efecto, fijémonos primero en el lenguaje y notaremos la corrección, la limpieza y tersura, la propiedad, la claridad, la elegancia en comenzar la frase, en interpretar los capítulos, en construir los párrafos que resultan interesantes y sencillamente deleitosos.

De ahí el ESTILO dominante, que es original, abundante, no redundante, nada de él de altisonancias, mucho de ese estilo elegante. Hay vida y animación, pero no aquella que proviene de figuras patéticas y detenidamente descriptivas, sino la que lleva consigo la fuerza del pensamiento y la vida y vigorosa expresión del concepto.

         Sin ir a la caza de tropos y figuras, admite y recoge las que le salen al paso para mejor expresar las ideas. Así leemos: “Ha transcurrido el tiempo y en el invierno de 1992 la situación luce distinta…” ¡Que vida le dan estas metáforas, que como modestas florecillas de campo, salpican el texto!

Las leyes generales de elocución establecen en la didáctica que debe haber: claridad, orden y precisión de pensamiento; estilo severo, sobrio y nada rebuscado, pero vigoroso, interesante y animado; cualidades que cubre cabalmente la obra. Con esto queda determinado el alcance de la dialéctica.

En resumen, toda la obra revela profundidad de conocimientos y vasta erudición, tanto que no habrá duda sobre la materia que no pueda allí resolverla quien tal obra consulte. El estilo quedó analizado; abundan en la obra semblanzas y planteamientos interesantísimos, párrafos brillantes que como al vuelo brotaron de la pluma del autor.

         Una última consideración. EL libro de Rafael Catalán Valdés es una clarinada que convoca a todos los guerrerenses al cumplimiento de una misión social que no admite pausas, y en la que es necesario participar con el objeto de que el Estado de Guerrero, con el concurso de autoridades y ciudadanos superemos ese rezago que ha propiciado la inestabilidad política, el desequilibrio de su economía y las arremetidas sociales, ofreciendo las alternativas de solución..

         Tal parece que Rafael Catalán Valdés predica en el desierto, pues lejos están de llevarse a la práctica las recomendaciones. Es una lástima que los gobiernos desaprovechen talentos tan valiosos, como el de Catalán Valdés, pero no nada más él, también hay otros ideólogos como José Rodríguez Salgado, Marcelino Miranda Añorve y Carlos Cantú Lagunas, por citar sólo algunos, cuya labor siempre ha estado encaminada a alcanzar mejores estadios de vida.

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