¿QUE ESTA PASANDO EN EL ESTADO DE GUERRERO?… Y ALGO MAS: JAIME SABINES

25/marzo/2013 Por Rafael Catalán Valdés

Como guerrerense y como mexicano me preocupa  y  me  indigna,   en  mucho, la situación en la que se encuentra Guerrero:  La actitud de los maestros afiliados a la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación; los grupos de policia comunitarios;  la violencia que no amaina,  por disputas territoriales entre carteles del narcotráfico;  las enormes deudas del Gobierno Estatal y de los gobiernos municipales,  especialmente en Acapulco;  el impacto que la violencia está teniendo en el turismo, principal fuente de ingresos de la entidad.

¿ Que está pasando?

Justo al  inicio de las vacaciones de Semana Santa un grupo  de maestros y/o pseudomaestros bloquean una via de comunicación federal por ocho o mas horas en el libramiento de la Autopista del Sol en plena capital del Estado, incurriendo en un delito serio,  afectando a miles de vacacionistas que se desplazaban en automovil, muchos de los cuales quizás regresaron a sus lugares de origen según reportan las autoridades municipales acapulqueñas… y el señor gobernador declara a la televisión que se quedó esperando a los líderes de los maestros en la Casa Guerrero ¡ y que lo dejaron plantado!  ¡Y no pasa nada!

Esto es una grave falta de respeto al Gobernador del Estado…Esto es una grave falta de respeto a los turistas que viajaban hacia Acapulco.  Por donde se vea esto es absolutamente inaceptable…¡ El que no pase nada es,  además,  una  franca  invitación a la impunidad!

Y cabe preguntarse : ¿ Quien controla el Estado?  ¿Las autoridades gubernamentales  o la Coordinadora?

Y cabe preguntarse: ¿  Y el Estado de Derecho? ¿ Y las leyes?

Ahora, como en muchas otras ocasiones,  tiene uno muchas razones para sentirse  PROFUNDAMENTE  INDIGNADO.

¡QUE ES COMO ME SIENTO YO,  Y ESTOY SEGURO DE QUE MUCHAS GENTES TAMBIEN!

Con respecto a las policias comunitarias  debo confesar que entiendo sus razones.  Es probable que si yo viviera en alguna de las comunidades en donde se han constituido estos grupos,  si no hay nadie que me proteja a mi y a mis seres queridos,  que nos garantice nuestra seguridad,   ya habría echado mano de una vieja escopeta,  de algún rifle calibre 22, o de algun viejo revolver calibre 36 y andaría patrullando.  Que desgracia y que lamentable es que hayamos llegado a este estado de cosas.

Sin embargo, una cosa es andar con una vieja arma, y  dando la cara,  y otra, muy distinta, es andar con la cara tapada y con rifles de asalto, con un cuerno de chivo o un R-15.

De esto a constituir  un grupo guerrillero hay una muy pequeña distancia. Es urgente e indispensable que no se permita la existencia de estos grupos.  Estamos muy cerca del precipicio.

                                                                      JAIME  SABINES

Antología Poética

Fondo de Cultura Económica.-   Primera Edición 1994

Prólogo por Guadalupe Flores Liera

Sin la poesía de Jaime Sabines la literatura en México definitivamente no sería lo que es.

Estación obligatoria, si se quiere entender todo lo que ha sido escrito despues de haber publicado él sus libros.

La crítica se resistió casi siempre a su seducción: a veces el beneplácito ante lo nuevo; otras, la displicencia, la  sorpresa,  cuando no la exasperación, fueron la respuesta que algunos de los estudiosos le depararon.  No así los lectores: la recomendación de boca en boca, el entusiasmo casi fervor, la entrega incondicional, lo convirtieron en autor de libros agotados, de innumerables reediciones y traducciones,  capítulo en todas las antologías,  presencia necesaria de todas las revistas literarias.  Compañero ausente de todas las pláticas.

El poeta que escribe como un acto de afirmación en el mundo – que quiere convencernos  de que es un hombre común y corriente,  solo que con un poco menos de piel –  podría llenar todo un estadio y no faltaría nadie a la invitación:  los de siempre y los que se han ido agregando acudirían  llamados por la convicción de que esa poesía fue escrita con dedicatoria especial para cada uno de ellos. Quien lo lee por primera vez no lo abandona nunca, convencido de que ha sido deletreado.

En efecto, desde hace varias décadas, Jaime Sabines sorprende y conmueve con cada libro como una nueva ráfaga y lo transforma todo.  Se le puede comparar   con los estados de ánimo mas profundos  y radicales;  lo único que no se puede  es pasar  a la linea siguiente sin haber advertido esa corriente de luz o de dolor,  de ternura o de alegría,  de conmoción o ironía que lo ha penetrado todo para metamorfosearlo,  que lo despoja a uno de su máscara de lector  y lo convierte en un hombre frente a otro hombre, en la desnudez de la palabra hecha verdad.

Nacido en el Estado de Chiapas, en el sureste de México,  en 1926,  Jaime Sabines  pertenece a ese grupo de escritores que de tanto  querer transformar la realidad,  transforman primero la literatura;   quien sabe si con la confianza en que atreviéndose a afrontar de cara a  la  verdad y en nombrarla avasallando con ello todas las mitologías  y todas las sublimaciones, el paso del dicho al hecho se acorte para volverse la revelación de una nueva posibilidad de la vida.

Francotirador de las letras,  llamó  Fernández  Retamar a esta voluntad de afrontar la creación como una necesidad casi fisiológica  y  ontológica  y,  simultaneamente,  como una imposición  de hablar solo desde la experiencia,  sin ponerse como meta la construcción de un mundo ideal,  sino el descubrimiento de las potencialidades que convierten a la tarea en el mundo de ser hombres en un acto de  dignidad.

Para Sabines la escritura es nada más un testimonio de lo que pasa,  jamás un acto premeditado.  Es un acontecimiento humano que se encuentra en todos los escenarios:  la calle,  la escuela,  el parque,  el burdel,  el hospital,  el cine,  la habitación,  donde la vida ocrurre igual que la poesía,  impúdica,  sorpresivamente, a todas  horas.

En 1950 con Horal  asombró desde el título,  pero su obra solo ha sido la continuidad de si misma a través de los años y ese libro fue recibido como un distinto oxígeno que resaltaba en su particularidad.  Singular porque no pretendía llamar la atención mediante los recursos del intelecto,  sino porque era claro,  lejano al estereotipo,  y porque no buscaba  manifestar prioritariamente un credo, sino ahondar en la intución de que todo es poesía en el mundo.

Desde entonces,  Sabines  ha transitado  siempre por el mismo camino y le han salido al psao el amor, la vida y la muerte en todos sus infinitas manifestaciones.  Pero como el condenado que bebió una vez una droga y no pudo dejarla  nunca,  la poesía le puso  otros ojos para ver y le arrancó la piel  para que sientiera aun el doloroso peso de una pluma,  lo que lo obliga a dejar constancia de todo, y a asumir  incluso la culpa por escribir de del amor de la intimidad y del encuentro sexual,  de la muerte que es hachazo y pérdida irreparable.

Así,  consiguió devolver a la poesía al lugar en donde se produce, que es la vida de todos los días, y la  hizo hablar en el idioma de la cotidianidad.  Le devolvío al lenguaje  la sangre y el alma de la cotidianidad.  Le devolvió al lenguaje la sangre y el alma que decenios de academicismos y oficialismos  le habían  arrebatado y contribuyó a  que  los conceptos de escritura en México sean  hoy dia otros. Está firmemente convencido de que si le lectura no le habla al hombre acerca de lo humano, si  no sabe encontrar sin artificios el camino de su corazón, entonces carece de función y de razón de ser.

Alguien ha dicho  que Jaime Sabines estuvo esperando a sus lectores mas de treinta años.  Que él, que nació maduro  ya desde sus primeras publicaciones, debió esperar una generación para ser comprendido, y que este es el destino  de los  innovadores.  Hoy, el veredicto es unánime:  Que Sabines es un gran poeta,  que ha sobrevivido al paso de los años y  a  los cambios de cada día.  O,  como ha escrito José Emilio Pacheco, se trata de uno de los  escasos poetas mexicanos que verdaderamente ha hecho una obra, y que muchos de sus poemas están entre los grandes de su lengua y de su siglo.

En este artículo  transcribiré  tan solo una parte de  un poema de Jaime Sabines  que dedicó a su padre, a la muerte de éste:

ALGO SOBRE LA MUERTE DEL MAYOR SABINES

PRIMERA PARTE

I

Déjame reposar, aflojar los músculos del corazón y poner a dormitar el alma para poder hablar, para poder recordar estos dias, los mas largos del tiempo.

Convalecemos de la angustia apenas y estamos débiles, asustadizos, despertando dos o tres veces de nuestro escaso sueño  para verte en la noche y saber que respiras. Necesitamos despertar  para estar mas despiertos en esta pesadilla llena de gente y de ruidos.

Tu eres el tronco invulnerable  y nosotros las ramas,  por eso es que este hachazo nos sacude.  Nunca frente a tu muerte nos paramos a pensar en la muerte, ni te hemos visto sino como la fuerza y la alegría. No lo sabemos bien, pero de pronte llega un incesante aviso,  una escapada espada de la boca de Dios que cae y cae y  cae  lentamente.

Y he aquí  que temblamos de miedo,  que nos ahoga el llanto contenido, que  nos aprieta  la garganta el miedo.  Nos echamos a andar y no paramos de andar jamas,  despues de medianoche, en ese pasillo del sanatorio silencioso donde hay una enfermera despierta de angel.

Esperar que murieras era morir despacio,  estar goteando del tubo de la muerte,  morir poco,  a pedazos.  No ha habido hora mas larga que cuando no dormías,  ni túnel mas espeso de horror y de miseria,  que el que llenaban tus lamentos,  tu pobre cuerpo herido.

II

Del mar,  tambien del mar,  de la tela del mar que nos envuelve,  de los golpes del mar y de su boca,  de su vagina obscura,  de su vómito,  de su pureza tétrica y profunda vienen la muerte,  Dios,  el aguacero,  golpeando las persianas,  la noche,  el viento.  De la tierra también, de las raices agudas de las casas,  del pie desnudo y sangrante de los árboles, de algunas rocas viejas  que no pueden moverse, de lamentables charcos, ataudes del agua.

De troncos derribados en que ahora duerme el rayo, y de la yerba, que es la sombra de las ramas del cielo,  viene Dios, el manco de cien manos, ciego de tantos ojos,  dulcísimo, impotente.  (Omniausente, lleno de amor, el viejo sordo, sin hijos,  derrama su corazón en la copa de su vientre).

De los huesos tambien,  de la sal mas entera de la sangre, del ácido mas fiel,  del alma mas profunda y verdadera, del alimento mas entusiasmado,  del higado y del llanto, viene el oleaje tenso de la muerte,  el frio sudor de la esperanza, y viene Dios riendo.

Caminan los libros a la hoguera.  Se levanta el telón:  aparece el mar.  (Yo no soy el autor del mar).

III

Siete caidas sufrió el elote de mi  mano antes de que mi hambre lo encontrara,  siete veces mil veces he muerto y estoy risueño como en el primer día. Nadie dirá:  no supo de la vida mas que los bueyes,  ni menos que las golondrinas. Yo siempre he sido el hombre,  amigo fiel del perro, hijo de Dios desmemoriado,  hermano del viento.

¡  A la chingada las lagrimas! ,  dije,  y me puse a llorar como se ponen a parir. Estoy descalzo, me gusta pisar el agua y las piedras,  las mujeres,  el tiempo,  me gusta pisar la yerba que crecerá sobre mi tumba  (si es que tengo una tumba  algún día).

Me gusta mi rosal de cera en el jardín que la noche visita. Me gustan mis abuelos de totomoste y me gustan mis zapatos vacíos esperandome como el dia de mañana.

¡ A la chingada la muerte !  dije,  sombra de mi sueño, perversión de los ángeles,  y me entregué a morir como una piedra al rio, como un disparo al vuelo de los pájaros.

IV

Vamos a hablar del Príncipe Cáncer,  Señor de los Pulmones,  Varón de la Próstata,  que se divierte arrojando dardos a los ovarios tersos,  a las vaginas mustias,  a las ingles multitudinarias.  Mi padre tiene el ganglio mas hermoso del cáncer en la raiz del cuello,  sobre la subclavia,  tubérculo del bueno de Dios,  ampolleta de la buena muerte,  y yo mando a la chingada a todos los soles del mundo.

El Señor Cáncer,  el Señor Pendejo,  es solo un instrumento en las manos obscuras de los dulces personajes que hacen la vida.

En las cuatro gavetas del archivero de madera guardo los nombres queridos, la ropa de los fantasmas familiares, las palabras que rondan y mis pieles sucesivas.  Tambien están los rostros de algunas mujeres,  los ojos amados y solos,  y el beso casto del coito.

Y de las gavetas salen mis hijos. ¡ Bien haya la sombra del árbol  llegando a la tierra,  porque es la luz que llega!

Hasta aquí por hoy.  Son mas de dos mil cien palabras. Ojalá alguno de los lectores de este artículo se tome la molestia de enviarme algún comentario. No es frecuente que transcriba algún poema, pero ahora lo hago porque conviene que los mexicanos pensemos en otras cosas mas allá de las muertes, de los bloqueos de carreteras, de las policias comunitarias.  La literatura y, particularmente, la poesía son alivios para las almas atribuladas de los mexicanos por la situación que estamos viviendo.  El mundo es ancho y ajenos. Disfrutémoslo.

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