EL HEROISMO ES RECONSTRUCCIÓN Y REGENERACION MORALES

06/febrero/2018 Por Rafael Catalán Valdés

Nuevo-18

MUY  ESTIMADOS LECTORES DE ESTE BLOG:  HAN TRANSCURRIDO  VARIOS  DIAS DESDE MI ULTIMO ARTÍCULO.  ESTE PERIODO DE VACACIONES, FIESTAS Y VIAJES CON LA FAMILIA ME HAN IMPEDIDO PUBLICAR  CON LA FRECUENCIA QUE YO QUISIERA.  UNA DISCULPA MUY SENTIDA. PERO AQUI ESTOY RETOMANDO EL HILO.  ESPERO QUE  TODOS USTEDES ESTEN BIEN, COMO YO LO ESTOY.

El heroísmo es reconstrucción y regeneración morales.  Y a la moral debe entendérsele  como vigor, dinamismo, culto activo del progreso.  En 1917, el poeta Luis G. Urbina recuerda el porfirismo  y lo ve como una etapa  de brillo cultural minada por la pereza y la indiferencia.  ( “Este largo periodo de marasmo espiritual…explica por si mismo la conmoción revolucionaria de México.)  La misma situación –” las virtudes dormitivas del porfiriato” como despojo de los fundamentos creativos de una sociedad:  –la energía de sus élites — la percibe de manera distinta Lombardo Toledano:

Quizás los positivistas ortodoxos…. no alcanzaban a ver el ambiente de esterilidad espiritual creado entre la clase ilustrada del país — la clase directora, en suma— por su tesis agnóstica respecto de los problemas que más preocupan al hombre  y por la doctrina moral que de tal filosofía se deriva.

La preocupación es nítida:  suprimir el positivismo es fertilizar  o fecundar  a la clase directora. Pero también, el positivismo es el último sueño heroico de la burguesía. Lo que sigue, se les presente como se les presente, son acomodos de supervivencia.  Se puntualiza la querella  interna: la burguesía capitalista se consolida mientras prescinde  de su postrer  fantasía épica.

e).-  El marasmo y la desmoralización, situados en términos estéticos, exigen de los ateneístas una respuesta:  la independencia cultural  que es regeneración moral. He aquí una idea fija de los ateneístas:  la autonomía de la cultura es la reorganización  de la sociedad. Para Martín Luis   Guzmán  (en 1915)  esa pobreza denuncia la servidumbre colonial:

Bien a causa de nuestra pereza mental;  bien por estar acostumbrados  al brillo e interés de los últimos aspectos del pensamiento europeo,    no buscamos tener vida intelectual auténtica ni lo que arranca del corazón mismo de los problemas sociales mexicanos. Estamos condenados a cierta condición perdurable de dilettanti.

El caos es inmoralidad, porque la moral es, en última instancia, el verdadero nombre del impulso constructor, del principio de la civilización:

El interés de México es resolver el problema de su existencia normal como pueblo organizado, lo cual le impiden barreras  de incapacidad moral.

Lo reiterativo es lo preciso:  a través  de la reconstrucción moral se adquiere y conforma  la independencia, existe la unidad nacional, se vuelve accesible la normalidad. Y el fundamento  de la moral  es la libertad cuyo cimientos  (razones)  se hallan en la cultura autónoma, exenta de imposiciones políticas. La cultura no debe depender del gobierno,  y sus cambios no deben sujetarse  a las ideas rudimentarias de los políticos. Se impone la  separación  de la cultura y el Estado:  ” será uno de nuestros mejores frutos  de nuestra  lucha  —  afirma Vasconcelos  en junio de 1911  –el cooperar por establecer la ilustración superior  sobre bases independientes sobre bases independientes”.

La revolución, que es obra de los jóvenes,  conseguirá esa libertad. La glorificación del artista  y el intelectual  como seres privilegiados  (” torres de Dios, poetas, pararayos  celestes”,  declama Rubén Dario  culmina en esta imagen de una cultura autónoma  que es una ciudad de Dios. La sinceridad (independiente)  del escritor es el porvenir de la Patria.

El plan de regeneración  moral termina en la demanda de un trato deferencial para los intelectuales.

f)  “Nuestra juvenil revolución triunfó  –  recapitula Henriquez  Ureña  –  superando todas las esperanzas”. La victoria declarada no se disfruta. La mayoría de los ateneístas observa con temor a la revolución,  se repliega,  se aparta. Genaro Fernández Macgregor  es contundente al respecto en sus memorias.  Evoca el ingreso al ateneo de José María Lozano  y Nemesio García Naranjo:

y  como en la primera sesión a que concurrieron suscitaron inmediatamente  el tema político, temí que nuestra asociación cultural se transformara en club y renuncié  a mi carácter de socio. Se dirá que abstenerse  en la cosa pública es falta de patriotismo,  desconocimiento  de los deberes del ciudadano.  Pero en una sociedad incipiente la función política no es la más necesaria;  la priman la de producir y la de educar. ( De El Rio de mi sangre).

No otra es la actitud general  que conducirá masivamente  al huertismo, (Solo Vasconcelos  y Guzmán  participan temporalmente en el  villismo y, con enorme preponderancia,  Luis Cabrera en el Carrancismo).  A los hombres formados o reformados  en los ideales de la Grecia clásica, la revolución se les aparece como el desastre. El orden ideal no acude, no hay sitio para el optimismo,  no hay estímulos concretos para la vida intelectual.  La cultura mexicana depende  de las voluntades íntimas y el contexto de la “renovación espiritual”  es la violencia armada. La dialéctica interna  se fija entre el “amor  a la cultura”  mantenido de un modo pasivo y rígido por núcleos tradicionalistas, y los primeros intentos de adaptar esa cultura tradicional a la contingencia revolucionaria.

Hasta aquí por hoy, respetados  lectores.  Les deseo lo mejor. Ahora si publicaré con la frecuencia acostumbrada.

Atentamente.

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