LA MITOLOGIA: ALCANCES Y LIMITACIONES

16/enero/2018 Por Rafael Catalán Valdés

Nuevo-18

La mitología es y no es comprobable. Su raíz  es la visión de la cultura y un criterio de periodización :  La teoría de las generaciones , tal y como la formula Ortega y Gasset  en El tema de nuestro tiempo  ( 1923 ).  La teoría de las generaciones  que facilita a contrario sensu un método de aproximación a las épocas y a los individuos  que han confiado en ella,  que han reverenciado en la cultura  a la suma de obras y  actitudes de las personalidades de  excepción  — es un proyecto  de reconstrucción utópica. Vislumbra en la historia y la cultura a entidades lineales y circulares , cuya noción del tiempo se unifica por medio  de lo que se supone  la conciencia de sus agentes subjetivos. Idealización que iguala y deforma:  la continuidad  decretada  de  las generaciones ;  las imágenes de la cultura como carrera rítmica de estafetas y relevos. Ensoñación de clase:  la teoría de las generaciones restituye la perspectiva  unitaria, destruida por la realidad histórica;  restituye la cada vez más  remota  homogeneidad de una cultura. Fantasía elitista:  cada diez o quince años, núcleos selectos  de la juventud, formados y determinados  por una “vivencia común” desisten críticamente  de la tradición representada por sus contemporáneos de más edad.

Durante el siglo XIX,  un mito como la “conciencia generacional”  no hubiese sido posible  ya que involucra, de un modo temporal pero sistemático, la pérdida de prestigio de nociones entonces no debatibles:  la juventud, la novedad, el papel ejemplar de la tradición.  El mito de la “comunidad generacional” emerge  al afirmarse con solidez  la sociedad burguesa, y para los treintas  resulta  ya indemostrable  al ubicar en un mismo lapso y debido a los acontecimientos políticos  a varias “generaciones”.  La “comunidad generacional” se va debilitando  cuando sus fallas se vuelven demasiado  advertibles:  la inexistencia de una final concepción común entre los miembros de la “generación” /  la falta de acuerdos  sobre un “destino temporal”  idéntico  / el hecho clarificador:  las contradicciones históricas  vuelven irrelevantes  las diferencias entre generaciones.

La leyenda del Ateneo   resulta inevitable:  el sistema político y social vencedor en la Revolución  precisa de la legitimidad integral. Fundar la cultura de la Revolución  en un grupo de la evidente brillantez  del Ateneo es hacerse de bases sólidas. Los historiadores de la cultura oficial eliminan incongruencias, desvanecen contradicciones y disparidades, no toman en cuenta las críticas furiosas de Vasconcelos a sus compañeros, insisten en describir un vasto paisaje fraternal. Queda, a la distancia, un conjunto unívoco, indivisible, cuya tajante y severa mitología requiere, grosso  modo,  de estas precisiones::

a).-  Su importancia política no es tan amplia ni tan demoledora.  Frente a los sectores reaccionarios y feudales del porfirismo,   representan un adelanto, una liberalización , una alternativa :  son la posibilidad de reformas  dentro del sistema, la certidumbre de un comportamiento intelectual de primer orden. Pero su raigambre conservadora es imperiosa. El ensayista Jorge Cuesta es  el primero en atender este ángulo (en 1937) :

….el error de que no se han librado la mayoría de los espíritus conectados  con el Ateneo de la Juventud, que es nuestra “Acción Francesa”;  espíritus que por violentar demasiado a la ética se han visto política  y estéticamente casi desposeídos , y por mantener un orgullo demasiado erguido en el sueño, lo han visto sin fuerza en la realidad… el Ateneo de la Juventud  es… un movimiento tradicionalista, restauracionista del pasado, aunque con la extraña  circunstancia de haber carecido precisamente de una tradición, de un pasado por restaurar. Habría sido neoclasicista  también, seguramente, de haber tenido, legítimo, un monarca a la mano… El Ateneo de la Juventud  se significó con su actitud aristocrática de desdén por la actualidad;  pero su aristocracia  es una ética, casi una teología.

Cuesta supone que la Revolución de 1910  no le permite al Ateneo una tradición fiel y precisa. Creo, por el contrario, que intensifica el fervor ideológico  de que disponen. Si cuentan con un pasado restaurable :  el fervor ideológico de que disponen. Si cuentan con un pasado restaurable: el acervo humanista, la búsqueda de soluciones racionales y espirituales  a la vez. Su utopía,  “el ardor revolucionario tradicionalista”  tiene un antecedente : los cauces místicos  y morales de los jesuitas del siglo 18. El vigoroso conservadurismo de los ateneístas  no les impide constituirse en un puente entre una y otra  etapas históricas y les obliga a perfilarse como un programa:  el deseo de sobrevivencia de una cultura que no juzgan  porfiriana sino occidental y universal  (clásica en su origen)  y a la que se deben.  No es azarosa su indiferencia ante una característica de la vida griega: la democracia. Su afán es distinto y, sin decirlo, aceptan la idea de un despotismo ilustrado, lo que será la vaga conformación programática  de José Vasconcelos como Secretario de Educación Pública y como candidato a la Presidencia en 1929.

Este conservadurismo es una empresa de rescate, preservación y difusión de los “verdaderos valores”. De 1906  a 1914, los ateneístas luchan por conservar, en medio de la catástrofe,  el anhelo minoritario de armonía ,  de goce cultivado de los  sentidos. En 1911, en su discurso recapitulador, Vasconcelos se entega a la retórica:

     Hasta esta cumbre sobre la montaña donde el pensamiento medita a través de las edades, llega el estrépito y el resonar de la revolución  triunfante.  Aquí acogeremos  la tempestad con la firmeza  con que los árboles se entregan  al vendaval, soltando al soplo sus ramas,  y cantando la elevación y la grandeza. Y así como los árboles transforman  la fuerza de los vientos  en canción exaltadora, el espíritu tonaliza  los rumores  colectivos, rima las notas  y da voz  a la canción de la era nueva.

El clasicismo como miraje  clasista. Los ateneístas pretenden mantener la visión del mundo que comportan un lenguaje y una actitud. La revolución finalmente dinamizará la escritura de varios  de varios ateneístas, les agregará ímpetu y flexibilidad. Los participantes de esta tendencia no consienten- influencia, creen en la posesión exclusiva del gran secreto:  el pasado indestructible es su liga con la tradición clásica.  Los ateneístas no serán los fascistas  de la acción francesa, pero sí,  siempre  defenderán con celo terrible a la civilización que conocen y a la que están seguros de emblematizar.

Para los ateneístas, el mundo es impulso vital, derechos  de la metafísica, voluntad y representación,  “el conocimiento como acción, la inteligencia como sensibilidad y la moral  como estética” (Jorge Cuesta) . Es, también, actividad entrañable de reconstitución  (de Regeneración)  cultural.  Volver a los clásicos es adquirir pasado, presente y porvenir, es cobrar identidad  y ser nacional, es captar placenteramente  las circunstancias inmediatas. Casi pudiera decirse  -afirma Jesús Acevedo en “Disertaciones de un arquitecto”– que las humanidades tienen por objeto  hacer amable cualquier presente. Fundarse en el examen de la antigüedad para comprender y aquilatar los perfiles del día,  constituye actividad clásica por excelencia”.

Hasta aquí por hoy, respetados lectores.  En el próximo artículo empezaremos analizando que significan los aportes culturales del Ateneo de la Juventud, y  veremos las contribuciones individuales de los más destacados ateneístas.

Gracias por su atención a lo que aquí  se escribió.  Cuídense mucho.

Retomo este artículo el  jueves 18 de enero del año 2018:

a).-  ¿ Que significan  los aportes culturales del Ateneo de la Juventud ?  A lo largo del siglo, algunas de sus contribuciones individuales serán extraordinarias.  Por ejemplo, Pedro Henriquez  Ureña  (1884-1946), nacido en Santo Domingo y muerto en Argentina, es el humanista latinoamericano por excelencia.  Su labor como maestro, su entendimiento y prédica  de la formación rigurosa, su penetración crítica, son factores que componen una de las primeras experiencias globales de la cultura latinoamericana.  Julio Torri  (1899-1967)  entrega una obra brevísima y sustancial, donde la exactitud verbal y la ironía le dan dirección y extensión a la prosa, le hacen disponer de un sentido del humor insólito y renovador en el medio mexicano.

Alfonso Reyes  (1889- 1959)  es,  al margen de cualquier iconoclasia, una de las grandes vertientes de la cultura en lengua hispánica.  Sus libros más valiosos  (El suicida, 1917;  Visión de Anahuac, 1917);  El cazador, 1921;  Cuestiones gongorinas , 1921;  Cuestiones gongorinas, 1927;  Discurso por Virgilio, 1931; Homilía por la cultura, 1938;  Capítulos de literatura española, 1939 y 1945;  La crítica en la edad ateniense, 1941;  Pasado inmediato, 1941;  La experiencia literaria, 1942;  Tentativas y orientaciones, 1944;  El deslinde, 1944;  Grata compañía, 1948;  Letras de Nueva España, 1948;  La X en la frente, 1952;  Marginalia, 1952 ) y el resto de su fecundísima obra son logro y punto de partida generales. Su dedicación cotidiana, su maestría prosística, su decisión de ser -en primera y última – instancia – un escritor, sientan las bases del profesionalismo en la literatura mexicana, un profesionalismo que es también la decisión de conformar  un público,  de practicar un oficio al margen de los vaivenes románticos  de la improvisación.  Reyes no es un impugnador , es un discernidor inteligente (y un vehículo  sistemático de difusión) de aquellos puntos capitales donde la tradición humanista de Occidente se manifiesta como ejercicio de concordia, unidad y continuidad. De modo simultáneo, Reyes mitifica, acendra, congela y preserva  lo mejor de la cultura occidental  (y ahí  ya incluye cierto trabajo latinoamericano).

Como tarea colectiva , el Ateneo es, en cambio y a la postre, solo una renovación voluntariosa  que, al no ser proseguida, se disuelve sin mayores consecuencias y entre signos de admiración. El esfuerzo  se interrumpe:  los ateneístas se dispersan, se aíslan, salen del país. Si bien su proyecto educativo se prolonga de algún modo en la acción de Vasconcelos como Secretario de Educación, su reelaboración de la cultura mexicana  no se consuma. Al positivismo  no lo destruyen: lo desacreditan y le obligan a cambiarse de nombre.  Antonio Caso  (1883- 1946, a quien se le adjudica  la  “Revolución Filosófica” es, a la distancia, el más endeble:  en cátedras, libros, artículos y polémicas una  suele promover, en un fatigoso  acento declamatorio, lecturas indigestas y consignaciones igualitarias y burdas de todas las doctrinas. Su influencia es amplia y  devastadora: casi, él puede encarnar el falso y desolado proceso de  formación cultural de varias décadas. Su “aventura metafísica”  concluye en un confuso y caótico  didactismo que impregna y deforma la enseñanza universitaria.

c).- Los ateneístas no son nunca una ruptura declarada frente al positivismo.  Disienten de la doctrina pero, de un modo básico, se consideran herederos  de lo mejor de quienes la han sustentado. El acto de 1908 en memoria de Barreda no es un dato aislado. En 1910 Vasconcelos revalúa  el significado  de Barreda y le dedica a éste la conferencia  “filial y devotamente”   por haber sabido “pensar su tiempo”. Vasconcelos reconoce  que las enseñanzas positivistas “no solo capacitaron a la civilización mexicana para las conquistas prácticas del orden económico e industrial…sino que también en el orden mental nos legaron una disciplina insustituible”.   Barreda  y los positivistas, pese a sus limitaciones, debido a su fe en el progreso , resultan un estímulo y un acicate, su sinceridad  conduce a descubrir  “insospechadas potencialidades  del ser.

   Por lo demás, varios de entre los principales positivistas  ven con simpatía su empresa.  Ezequiel  A. Chávez, subsecretario de instrucción pública los apoya. Porfirio Parra preside (y aplaude)  los cursos de Caso sobre positivismo y metafísica. Pablo Macedo costea la edición de la serie inaugural de conferencias del Ateneo de la Juventud.

d).-  La “revolución moral” de los ateneístas se organiza en derredor de una idea abstracta: el  heroísmo –  dice Maurice Blanchet –  es el don ambiguo que nos hace la literatura antes de haber tomado conciencia  de si misma. Ese “don ambiguo” en los primeros años del siglo, asume una visión distante  y abstracta  del pueblo y le atribuye  como característica la hazaña y la poesía.  En agosto de 1910 concluye Alfonso Reyes:

               Porque sólo  se unifican los pueblos para la cohesión admirable de la historia, cuando han acertado a concretar todos sus aspectos y sus aspiraciones vitales en algún héroe y todas sus exaltaciones internas, todo el vaho  de idealidad  que flota sobre la colectividad humana,  en las tablas de sentir y pensar que dictan sus poetas.

La obsesión es latinoamericana y la define José Enrique Rodó en Ariel  (“Ayúdate de la soledad y del silencio”) .   La tarea del hombre de letras  – con su alma escrita y su poesía, sus discursos, su cátedra –  es también heroica , en pugna con el conformismo, la manía empirista, el ídolo de la ciencia. El heroísmo es el hallazgo de la vocación y la vocación es descender  a lo profundo del yo  (según la leyenda, el ateneísta Ricardo Gómez Robelo  traduce a  Elizabeth Barrett Browning  en los campamentos revolucionarios). El heroísmo es la vivencia obsesiva del arte  (lecturas de Ruskin, Pater, Oscar Wilde, Winckelmann ) lo que no obsta para el anti intelectualismo de Vasconcelos o Guzmán.

EL PROCESO MITOLOGICO

09/enero/2018 Por Rafael Catalán Valdés

Nuevo-18

La historia cultural mexicana  está compuesta de un modo abrumador por destinos legendarios. Sin olvidar  la enorme brillantez de sus principales integrantes , quizás una explicación  parcial del mito específico del Ateneo de la Juventud  se encuentre en la precoz decisión  de los ateneístas  ( Vasconcelos, Reyes, Guzmán, Henríquez Ureña), quienes, en páginas memorables , se anticiparon a los historiadores  en el recuento orgulloso de su trabajo  y de su influencia, quizás guiados  por la convicción de que, si  no ejercían ellos su propio panegírico, nadie más  -la indiferencia o la envidia ambientales  – lo haría. La sustancia mitológica  del Ateneo de la Juventud  incluye estos puntos:

°  Es una generación con claridad y unidad de propósitos, con altísima idea de su encomienda, rebelde e inconforme  ante la cultura porfiriana.

°  Destruyen las bases sociales y educativas  del positivismo y propician el retorno al humanismo y a los clásicos. La gloria colectiva de este logro  se circunscribe en ocasiones  y es gloria individual. Antonio Caso declara en 1927 : ” Mi obra como derrocador de la hegemonía comtista… pertenece  a la historia de las ideas en México. Ella dirá algún día  que provoqué la batalla  y tuve la buena fortuna de triunfar en la contienda…¡ Todavía hoy me complace el rumor de la lucha empeñada  y lo indiscutible de la victoria que alcancé!  Aquella campaña me conforta ”  A la autoexaltación  la corroboran  testimonios del grupo: ” Nuestra única conquista fundamental, en la vida universitaria de entonces,  fue el estímulo que dio Antonio Caso a la libertad filosófica”.  (Henríquez Ureña).

°  Recuperan, descubren y hacen  circular a autores como Platón,  Schopenhauer,  Kant,  Bergson , Poincaré,  William James,  Nietzche, Taine,  Ruskin, Oscar Wilde,  Croce y  Hegel.  Su eclecticismo tiene un común denominador : La visión  de las doctrinas filosóficas  como modos de vida: “Nietzche  nos hizo volver a reir” (Vasconcelos)/  Caracterizaba a todos los miembros  del Ateneo  un vivo espíritu filosófico, fácil de comprobar  en la producción intelectual de cada uno de ellos”  (Henríquez  Ureña).  El encuentro con los griegos  es determinante;  en su lectura completa de El  Banquete ” nunca hubo mayor olvido del mundo de la calle”  En Grecia encuentran la inquietud del progreso, el ansia de perfección , el método, la técnica científica y filosófica, el modelo de disciplina moral, la perfección del hombre  como ideal humano. También “la revelación de Kant  produjo la liberación perenne  de todo empirismo”  (Henríquez   Ureña).

°  Representan la aparición del rigor  en un  país de improvisados… Al grupo del Ateneo  –  dice Martín Luis Guzmán  en A Orillas del Hudson –  lo caracterizó  “una cualidad de valor inicial  indiscutible… la seriedad.  La seriedad en el trabajo  y en la obra;  la creencia de que las cosas deben saberse bien  y aprenderse de primera mano hasta donde sea posible;  la convicción de que así la actividad de pensar como la de expresar el pensamiento exigen una técnica  previa, por lo común laboriosa, difícil de adquirir  y dominar, absorbente, y sin la cual ningún producto de la inteligencia es duradero”.

°  El Ateneo  es “el   primer centro libre de cultura…(organizado)  para dar forma social  a una nueva era de pensamiento… (nos hemos propuesto )  crear una institución  para el cultivo del saber nuevo (Vasconcelos en 1911)” . Introduce un criterio distinto  en la comprensión de la cultura. Son los primeros en acercarse a Buda  y el misticismo oriental. La idea  de la mística ( la participación  en empresas transfiguradoras)  los avasalla:  florece una generación que tiene derecho  a llamarse nueva, no solo por sus años  sino más   legítimamente  porque está inspirada en estética distinta  de la de sus antecesores inmediatos… una manera de misticismo fundado en la belleza, una tendencia a buscar  claridades inefables y significaciones eternas”.

Impugnan  una revolución moral:  Se le reconoce  ( a la generación de 1910) una gran significación literaria;  pero se ignora, o se pretende ignorar la trascendencia de su obra en la cultura de México y en la orientación de nuestras ideas morales ” (Vicente Lombardo Toledano,  “El  sentido humanista de la Revolución Mexicana” en diciembre de 1930 ).  También Samuel Ramos  en 1934:  “La obra cultural  del Ateneo de la Juventud.  iniciada por el año de 1908, debe entenderse  como una lucha contra la desmoralización de la época porfirista”.

° Renuevan el sentido cultural y científico de México. Lombardo, en el ensayo antes citado, enumera:  “La generación de 1910 refutó  públicamente la base ideológica  de la dictadura. Contra el darwinismo social opuso el concepto del libre albedrío, la fuerza del sentimiento de responsabilidad humana que debe presidir la conducta individual y social; contra el fetichismo de la Ciencia, la investigación de los “primeros principios”;  contra la conformidad burguesa  de la supervivencia de los aptos, la jubilosa inconformidad cristiana de la vida integrada por ricos y miserables, por cultos e incultos, y por soberbios y rebeldes”.

°  Son precursores directos  de la Revolución,  Condenan , a través de una crítica totalizadora, al porfirismo, a quien descubren carente de valores humanistas o cristianos, rígido en lo educativo, al margen de “preocupaciones metafísicas, desentendido de la miseria, obsesivamente colonizado. A la conducta de la época le agregan  — -subversivamente- nuevos valores:  Rebeldía creadora, sentimiento de responsabilidad ante lo injusto, afán de vuelo ante los obstáculos del destino aparente” (Lombardo Toledano).  Perciben la necesidad  de incorporar  la noción de luchas de clases al concepto de Estado  (Lombardo Toledano). La historia nace a través de la acción:  “En el orden teórico  – declara Reyes refiriéndose a la manifestación en memoria de Barreda  — no es inexacto  decir que allí amanecía la Revolución… Fue la primera señal patente de una conciencia pública emancipada del régimen”.

Hasta aquí por hoy, muy respetados lectores.  Este es el primer artículo del nuevo año. Estoy regresando de un periodo de necesarias vacaciones familiares. Mi salud perfecta, gracias a Dios y al ejercicio.   El tema es de gran importancia:  El Ateneo de la Juventud. Los próximos artículos serán interesantes.  Les deseo lo mejor para este año. Ojalá que sea mejor de lo que se teme.

Les envío un gran abrazo.

 

 

 

 

 

EL ATENEO DE LA JUVENTUD…

22/diciembre/2017 Por Rafael Catalán Valdés

Si  sabemos  expresarnos con sinceridad,  la Patria ha de comprender por donde va su porvenir

José  Vasconcelos  ( 1911 )

Eramos muy jóvenes  (había quienes no alcanzaban todavía los veinte años)  cuando comenzamos a sentir la necesidad del cambio… Sentíamos  la opresión intelectual,  junto con la opresión política y económica  de que ya se daba cuenta gran parte del  país. Veíamos que la filosofía oficial era demasiado sistemática, demasiado definitiva para no equivocarse.

Pedro Henriquez Ureña

México necesita poseer tres virtudes cardinales para llegar a ser un pueblo fuerte:  riqueza,  justicia e ilustración… volved los ojos al suelo de México, a los recursos de México,  a los hombres de México,  a nuestras costumbres  y nuestras tradiciones, a nuestras esperanzas y nuestros anhelos,  a lo que somos en verdad.

Antonio  Caso   (en 1911 )

A partir de 1906 se registran importantes  transformaciones internas en el cuerpo aparentemente  monolítico  de la cultura porfiriana.  En enero de 1906,  Alfonso Cravioto  y Luis Castillo Ledón  publican Savia  Moderna, que continúa las líneas fundamentales  de la Revista Moderna y  que, en ese  mismo año, presenta una exposición de jóvenes pintores: Ponce de León,   Francisco de la Torre,  Diego Rivera,  Gerardo Murillo,  el Doctor Atl, vuelto de Europa,  encabeza la difusión del impresionismo y el desprestigio del arte pompier. En  1906 se inician las reuniones de un grupo de intelectuales ( Alfonso  Reyes,  Antonio Caso,  José Vasconcelos,  Pedro Henriquez  Ureña)  para leer a los clásicos.

En 1907  alguien  (Manuel Caballero)  decide resucitar  –  con el deseo de atacar el modernismo  – La Revista Azul de Manuel Gutiérrez Nájera.  Los jóvenes intelectuales  se indignan ”  a nombre de la bandera del arte libre”. Bandas de música, gritos, discursos y poesía en  la Alameda Central.  ” se enorgullece Reyes – se vio desfilar a una juventud clamando por los fueros de la belleza  y dispuesta a defenderlos hasta con los puños… Por la noche, en una velada, Urueta nos prestó sus mejores dardos y nos llamó “buenos hijos de Grecia”. La Revista Azul  pudo continuar su sueño inviolado. No nos dejamos arrebatar la enseña y la gente aprendió a respetarnos”.  Esta lucha “por los fueros de la belleza” es la primera manifestación pública en el porfirismo.

En 1907 el arquitecto Jesús T. Acevedo funda la Sociedad de Conferencias.  “El año fue decisivo  –  apunta Henriquez Ureña –  durante  él  acabó de desaparecer todo el resto del positivismo  en el grupo central de la juventud… el año de 1907, que vio el  cambio decisivo de orientación filosófica, vio también la aparición en el mismo grupo juvenil, de las grandes aspiraciones humanistas”. Es el tiempo de los cenáculos, las conferencias y los discursos como medios de comunicación masiva.

En 1908,  ante los ataques del periódico conservador  El País,  se organiza una sesión en la Preparatoria en memoria de Gabino Barreda:  un acto teatral y discursos que, según Reyes, resultan como la expresión patente de una conciencia pública emancipada del régimen”.   En 1909, ciclo de conferencias de Antonio Caso sobre la filosofía positivista. El 28 de octubre de 1909 se funda el Ateneo de la Juventud. Vasconcelos, en una conferencia de 1916, proporciona una lista de participantes:  los escritores Alfonso Reyes,  Pedro Henriquez Ureña, Julio Torri,  Enrique González Martinez , Rafael López,  Roberto Argúelles  Bringas, Eduardo Colín,  Joaquín Méndez Rivas,  Antonio Médiz  Bolio,  Rafael Cabrera,  Alfonso Cravioto, Martín Luis Guzmán,  Carlos González Peña,  Isidro Fabela, Manuel de la Parra, Mariano Silva y Aceves, José Vasconcelos, Antonio Caso; los arquitectos  Jesús Acevedo y Federico Mariscal;  los pintores Diego Rivera, Roberto Montenegro, Ramos Martínez; Los músicos Manuel Ponce y Julián  Carrillo.

1910 es el año del Centenario  de la Independencia.  Justo Sierra  crea la Escuela de Alto Estudios y la Universidad Nacional. Se desata la revolución  que va afectando en forma creciente a la ciudad de México. Vasconcelos participa activamente en el maderismo y, al triunfo del movimiento, es elegido Presidente del Ateneo  (ya Ateneo de México con un programa de “rehabilitación del  pensamiento de la raza”)  Inicia entonces , con la importación de conferenciantes, su proyecto de incorporación cultural de México  al resto de Hispanoamérica.

De algún modo , los más entusiastas de entre los ateneístas  esperan su personal arribo al poder , la revolución es obra de los jóvenes y los intelectuales  “solamente confiamos en la misma juventud a que pertenecemos, porque es juventud que se ha rebelado, precisamente porque sus estudios de la cultura moderna le demostraron  la incompetencia de sus mayores contemporáneos”  (Vasconcelos ).  Según su punto de vista,  el porfirismo no solo ha liquidado el cultivo de las humanidades, también les ha quitado sitio y sentido. Se consideran postergados o frenados en su derecho a actuar. Pertenecen a una capa social desesperada no ante el panorama de injusticia y miseria sino ante la eternidad declarada del régimen de Diaz. Son, en su egoísmo de clase, sinceros y diáfanos.  Reyes evoca:  “Ya en el país no sucedía nada  o nada parecía suceder” Esto referido a la etapa de represión inmisericorde  de las huelgas,  de los  asesinatos  de disidentes, del cierre de periódicos y el encarcelamiento de sus editores, de las campañas de exterminio contra yaquis y mayas. Lo importante está en otra consideración: el porfirismo  ya no admite  ni mínimos desplazamientos  y eso irrita a una burguesía detenida en su ascenso y frustrada en su ambición de vida moderna.

Después de la caída de Díaz, la necesidad de reacomodo. La atmósfera intelectual se espesa contra Madero. Crecen las injurias y calumnias en el estilo del libelo de José Juan Tablada ,  “Madero  Chantecler.” Se ha vivido  demasiado tiempo bajo la dictadura y la libertad disponible es un compromiso excesivo.  Cunde el reflejo condicionado:  el sometimiento ante la voluntad póstuma del todopoderoso que no es sino el pánico agresivo. Esto explica en parte la posterior incorporación masiva  al huertismo  de los intelectuales. Luchas sordas, inquietud, confusión, miedo ante amenazas como las representadas por las fuerzas  de Emiliano Zapata ( “El Atila del Sur”).  En Ulises Criollo Vasconcelos  concluye:  No había ambiente para un trabajo sistemático de estadista, y menos pudo haberlo para un florecimiento intelectual  que hubiese dado  al Ateneo un papel  en nuestra vida pública, tan necesitada  de elevados incentivos”.

El 13 de diciembre de 1912, los ateneístas inician la Universidad Popular Mexicana que, con Alfonso Pruneda como rector, y teniendo como lema una frase de Justo Sierra (” La ciencia protege a la patria”)  prolonga sus actividades una década.  Conferencias, , cursillos, búsqueda del pueblo en talleres  y centros.  En 1913 se crea la Escuela de Altos Estudios.

Hasta  aquí por hoy, respetados lectores de este blog. Estamos inmersos en un periodo que fue, y sigue siendo, de   gran importancia para nuestra patria. Estoy escribiendo lo que estoy escribiendo convencido de que para numerosos lectores  será de gran interés y novedoso. No es fácil encontrar  este material en las librerías. Tengo la esperanza de que el contenido abrirá mentes y dejará huella imborrable. Espero que así sea.

Les deseo una feliz navidad, y mis  mejores deseos para el próximo año.

   

LA CULTURA MEXICANA EN EL SIGLO XX

15/diciembre/2017 Por Rafael Catalán Valdés

MUY  ESTIMADOS LECTORES :-  Una  explicación y  una disculpa  para explicar a ustedes el lapso de varias semanas en que no he escrito estos artículos:  Por una parte una lesión que sufrí,  y sufro  desde hace varias semanas,   que el autor sufrió en una partido de frontenis,  específicamente una hernia de disco en la columna vertebral,  y que no me permitía pasar largos tiempos escribiendo ante mi lap top.  Afortunadamente parece que ya estoy bien y ya me dio de alta el doctor. Créanme:  No saben como extraño el no poder estar en comunicación con los seguidores de este blog. Estimo que ya  podré reanudar los artículos cada semana. Mientras tanto, vaya un saludo afectuoso a ustedes.

1.- Las páginas que siguen intentan concretar un panorama, no exhaustivo sino significativo, de algunos de los más notorios procesos culturales de México en el siglo XX.  En lo básico, el trabajo se ha centrado en la descripción de procesos de la alta cultura, con sus grupos  y personalidades consagradas. Por tanto, fuera de ciertos aspectos del teatro y del caso del cine, se ha prescindido  del examen cada vez más indispensable de las formas mayoritarias de la cultura popular  y del  análisis consiguiente de los medios masivos de difusión.  También, segunda limitación confesa, no se han considerado procesos tan determinantes como el de la prensa, uno de los vehículos principales de la cultura e incultura política que, entre otras aportaciones, ha dado aguda y creativa noticia de las petrificaciones y modificaciones del lenguaje.

2.-  Una convención como punto de partida de estas notas:  para nosotros, el siglo XX  ( o sea, la posibilidad de acceder en tanto sociedad –  todo lo precariamente que se quiera y con las connotaciones clasistas  del término  “sociedad” en nuestro medio  –  al espíritu y a la vida modernos, tal y como se registra la modernidad  en y desde los centros imperiales de poder )  se inicia en 1910  con la Revolución Mexicana.  Aclaración  casi innecesaria:   Por Revolución Mexicana no he entendido aquí  tan solo el movimiento armado que se delinea con el Plan de San Luis,  codifica triunfos y aspiraciones  y proclama su legitimidad formal con la Constitución de 1917, para articular después a través de aparatos de control como  el Partido Nacional Revolucionario  ( Partido Revolucionario Mexicano/  Partido Revolucionario Institucional)  y la Confederación de Trabajadores de México, su institucionalidad política, su cabal  configuración de Estado fuerte, su eficacia para retener y transmitir el mando de modo casi siempre pacífico.  También, en el concepto de Revolución Mexicana participan: a) la perspectiva unificadora  proporcionada oficialmente  para hacer estable y  legible  a la realidad mexicana,  perspectiva fundada en un dictum:  el Estado  es la entidad  mas allá de  las clases, y mas allá de la lucha de clases ;  b)  las líneas de conducta  individuales  y sociales que las clases dominantes  aceptan como ejemplares  y de validez universal  y  c) complementariamente, la visión ideológica en torno a la cultura y la sociedad que, formulada o no de modo explícito, ofrece y/o  acepta  el Estado.

3.-  La siguiente hipótesis quiere ser definitoria: en lo cultural  la Revolución Mexicana  (en este caso, el aparato  estatal)  fuera del periodo de Vasconcelos en la Secretaría de Educación Pública  y del proyecto Cardenista, ha carecido de pretensiones teóricas y ha oscilado en sus intervenciones  prácticas, sin que en ello  advierta  contradicción :  de las amplitudes y estrecheces  de un nacionalismo cultural al frecuente oportunismo de una actitud ecléctica, del afán monolítico a la conciliación.  Por lo general  –  y esto resulta mas notorio si se anota cierta excepcionalidad del cardenismo –   al sistema político le ha interesado modular y acumular  cualquier ambición doctrinaria. Esto, traducido en la ausencia de una política cultural rigurosa y coherente, no ha amenguado la  decisión autocelebratoria,  pero si ha omitido un hecho central de los países dependientes:  el predominio de los aspectos coloniales de su cultura, la penetración ideológica del proceso de dominación imperial,  la adopción masiva, irracional y mimética de los procesos metropolitanos. Por otra parte, hay una cultura de la Revolución relativamente independiente en las artes plésticas, la novela, el cine y la danza.

4.-  Los intelectuales  del porfirismo  veían en la cultura  occidental  a la fuente y la razón de ser de su legitimidad.  Sin negar esto en lo fundamental, los rpresentantes más radicales de la Cultura de la Revolución Mexicana (durante las décadas de los veintes y los treintas )  declararán a la  Revolución el tamiz  indispensable para cualquier proceso cultural  e intentarán,  fenómeno radicalmente nuevo,  ponderar la novedad universal,  la contribución innegable  de sus tareas y hallazgos. Esta lucha de afirmaciones que se manifiesta en ocasiones  como el enfrentamiento entre “cosmopolitas”  y  “nacionalistas”  va menguando  a medida que el Estado se consolida y, al atenuarse  o extinguirse  el vigor de su credibilidad original, se reduce igualmente  la urgencia de utilizar al arte y a la cultura como vehículos de propaganda externa e interna. Cuando, por ejemplo, los dirigentes del Estado creen agotadas las posibilidades de uso político del muralismo, sin abandonarlo de palabra patrocinan también un arte antitético.  El valor de la novedad universal  que representó el muralismo se sustituirá  por el presunto valor del prestigio internacional  ( prueba de la madurez de México)  de las corrientes que ahora se estimulan. Los apologistas de la Escuela Mexicana de Pintura han afirmado  que esta transformó la conciencia nacional. Lo más visible, sin embargo, no son las obras de arte específicas  y su poder de movilización o inmovilización políticas, sino el manejo por parte del Estado de las mitologías que estas obras desprenden y mantienen.

5).- La función  de la “cultura de la Revolución Mexicana”  ha sido, las más de las veces, ir legitimando al régimen en turno aportando una atmósfera flexible y adaptable a las diversas circunstancias  políticas,  capaz de ir de la consigna monolítica  “No hay mas ruta que la nuestra”  al mercenazgo  simultáneo de corrientes opuestas. Esta labor se mueve en el contraste:  lo que el Estado suele proclamar, sin mayores ánimos de ser creído ( el nacionalismo que debe cohesionar a una colectividad)  se ha enfrentado , de modo débil y aislado, a la proliferación victoriosa  de la cultura neocolonial… y a las dificultades de ubicar  críticamente lo que significa la alta cultura, sus formas expresivas y su noción fundadora: En lo básico México pertenece  incondicionalmente  a la cultura occidental,  a cuyo banquete se llega tarde pero con entusiasmo. El uso político de esta “cultura de la Revolución Mexicana”  ha invalidado cualquier examen crítico  de la tradición (por lo contrario, ha estimado que tradición es acumulación acrítica)  y ha conducido al manejo superficial e incrédulo de las prácticas nacionalistas. A pesar de etapas innovadoras y brillantes , el nacionalismo cultural ha desembocado no en un rechazo político de la cultura de las metrópolis y sus variantes locales, sino en la arrogante petición de reconocimiento de existencia.

6).-  En el campo cultural han actuado vastamente algunos elementos ideológicos del aparato estatal, elementos que así se perfeccionen, estabilicen o deterioren en el amplio periodo 1917 – 1975, siguen desembocando sustancialmente en lo mismo:  El  progreso como justificación y sentido último  de México”.

El  Estado contempla en el “progreso”  (y en su noción sucesora,  “el  desarrollo” )  el sentido real y único  de la historia nacional. Así no se avance visiblemente, tampoco se retrocede:  es cierto que “el progreso”  adviene con exasperante lentitud, y que en las grandes crisis se le niega en forma drástica,  pero el optimismo se nutre de las comparaciones :  en relación con los otros países latinoamericanos y el relación con nuestra propia historia, vivimos el menor de los males gracias a que nuestro Progreso se origina en una  auténtica   revolución.

No hay paradojas:  la devoción por el “progreso”  rechaza con vehemencia el pensamiento utópico (al “progreso” se llega por la política “realista”) y afirma como valor máximo la sobrevivencia:  la singularidad eficaz de la vía mexicana al “desarrollo”  se prueba, digamos, recordando la vecindad con Estados Unidos, es decir, la imposibilidad en este siglo de otra revolución  mexicana. La urgencia de seguir creyendo en el Progreso lo determina todo, incluso la conciencia azarosa de vivir en un país experimental  donde las tradiciones por excelencia son la improvisación continua y el rechazo de la tradición.

Hasta aquí por hoy, estimados lectores. Espero que todos estén disfrutando  de las fiestas navideñas. Espero que vivamos en paz. Espero que la inseguridad disminuya. Espero muchas cosas más, algunas inalcanzables pero otras posibles. Espero que la incertidumbre que trae consigo un proceso electoral no sea la causa de violencia. Espero que quien gobierna a los Estados Unidos no haga, ni diga, tarugadas.

MUCHAS FELICIDADES,  QUERIDOS LECTORES. FELIZ  AÑO DE 2018.

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