LAS ESTRUCTURAS POLITICAS… 1940 – 1970

12/octubre/2017 Por Rafael Catalán Valdés

Nuevo-18

La unidad del proceso político en el periodo puede justificarse,  entre otras cosas, por el hecho de que, a partir de la desaparición  del movimiento almazanista en 1940, el grupo dirigente pudo gobernar,  ininterrumpidamente , sin que surgiera ninguna fuerza capaz de poner en entredicho  su hegemonía. En dos ocasiones la sucesión presidencial llevó a elementos   insatisfechos dentro de la “familia revolucionaria”  a  romper la unidad para  disputarse  el derecho a regir el país. Pero ni el movimiento encabezado por Ezequiel  Padilla  en 1946,  ni el dirigido  por el  General Miguel Henriquez Guzmán  en 1952, tuvieron posibilidades reales de triunfo ni consecuencias mayores a largo plazo, pues no dejaron una oposición  estructurada:  al cabo del tiempo la mayoría de los disidentes volvieron a las filas del partido dominante de donde habían salido y los recalcitrantes fueron reprimidos. Los partidos opositores permanentes, por su parte, no llegaron  a acumular siquiera la fuerza de los que se formaron en esas dos ocasiones, y  por tanto no lograron superar su  carácter marginal.  Esta oposición  institucionalizada en ningún momento llegó a constituir  una alternativa viable al monopolio del poder :  El Partido Revolucionario Institucional  (PRI). Únicamente en 1952, como resultado del movimiento henriquista, la oposición obtuvo – según las cifras oficiales  – algo más del  25 por ciento de los sufragios, pero en términos  generales  en esos años nunca se concedió a la oposición  menos del 20& del voto total.

En el lapso comprendido entre 1940 y 1970,  la Presidencia de la República  fue ocupada únicamente por los candidatos del  partido  oficial; todos  concluyeron sus periodos sin mayores dificultades:  Manuel Ávila Camacho (1940-1946),  Miguel Alemán Valdés ( 1946-1952),  Adolfo  Ruiz Cortines ( 1952- 1958),  Adolfo López Mateos  (1958- 1964),  Gustavo Diaz Ordaz ( 1964-1970  y en diciembre de 1970 asumió el poder  Luis  Echeverría Álvarez.  Con excepción  de Avila Camacho todos fueron civiles,  pero Avila Camacho llegó a la Presidencia no tanto por sus méritos en campaña sino mas bien como resultado de una carrera militar de tipo administrativa.  Fueron estas circunstancias las que le llevaron a ocupar  la Secretaría de la Defensa   durante el gobierno de Cárdenas, posición neurálgica en la situación política de ese momento  y que le permitió aspirar a la Presidencia,  en el momento en que otro general  -Almazán  – era el que representaba el mayor peligro  para el grupo gobernante. La tarea histórica de la administración de Avila Camacho consistió en estabilizar el sistema social y político,  resquebrajado por las rápidas reformas cardenistas,  eliminar los resabios del radicalismo  y conducir al país por la senda del desarrollo industrial,  aprovechando la coyuntura económica y política creada por la segunda guerra mundial.

El sucesor de Avila Camacho  fue el Licenciado Miguel Alemán Valdés, ex secretario de Gobernación y antiguo gobernador de Veracruz. Para ese momento el centro del poder ya no estaba en el ejército;  La institucionalización  de los procesos políticos había logrado convertir finalmente a esta institución en un instrumento del gobierno central privándolo de su capacidad  de intervenir directamente  en las decisiones políticas. La tónica de la administración de Alemán  fue la de acelerar de manera espectacular  el proceso de industrialización  apoyando  incondicionalmente la acción de la gran empresa privada. Al concluir su periodo en 1952 había quedado definitivamente desprovista de todos los elementos que obstaculizaban la rápida capitalización del país a través de una via capitalista mas o menos ortodoxa . De ahí en adelante no se volvería a hablar  en círculos oficiales del “socialismo mexicano” aunque el vocabulario gubernamental tampoco se  esforzó en destacar  la naturaleza puramente capitalista del desarrollo.  Se  prefirió en cambio hablar de una “economía mixta” cuya definición precisa no se dio,  pero que se suponía que recogía los mejores elementos de los dos grandes sistemas  económicos que  se disputaban la hegemonía mundial:  el  socialismo  y el neocapitalismo.  La  otra consecuencia del progreso económico alemanista fue acentuar la  desigual distribución del ingreso con la con la baja del    poder adquisitivo de los grupos populares.

Alemán dejó el poder en manos de su secretario de Gobernación, Adolfo Ruiz Cortines, quien había hecho casi toda su carrera dentro de la administración pública. En 1952 hubo un cambio en el  estilo más no en el fondo de las directivas políticas. Se intentó contrastar la austeridad ruizcortinista con la corrupción tan abierta del alemanismo; políticamente este cambio dio cierto resultado  al mejorar la imagen pública del régimen, pero las políticas de Ruiz Cortines continuaron insistiendo  en el desarrollo industrial a través de la protección arancelaria al empresario privado y del mantenimiento de un buen ritmo en el gasto gubernamental  sin modificar los mecanismos de distribución del ingreso, excepto por un cierto control de precios sobre los artículos de consumo popular.

El sucesor de Ruiz Cortines no fue el secretario de Gobernación sino el de Trabajo,  una figura que en ese momento despertaba pocas polémicas dentro de los altos círculos de la élite política.

Como sus predecesores, Adolfo López Mateos  también había hecho la mayor parte de su carrera dentro de la administración pública, y en su juventud había militado en las filas del vasconcelismo,  como tantos otros estudiantes de su generación descontentos con  la prepotencia callista.  López Mateos intentó al inicio de su gobierno mitigar un tanto la tendencia hacia la desigualdad  en la estructura  social propia del tipo de desarrollo económico prevaleciente, y que había generado malestar entre ciertos grupos sindicales. El esfuerzo tuvo ciertos efectos  iniciales,  pero no llegó muy lejos  ante las presiones de los poderosos grupos afectados, y prácticamente se detuvo en los últimos años de su administración. La estratégica posición  de la Secretaría de Gobernación   -encargada del control  político  del país – volvió a imponerse en 1964 y su ocupante ,  Gustavo Díaz Ordaz no intentó ya abandonar la ortodoxia desarrollista  y desistió de todo tipo de cambio;  pero esta vez se presentaron problemas  con la clase media. Fue en su periodo cuando tuvo que hacerse  frente a las primeras manifestaciones serias  de descontento  de este sector, que hasta ese  momento se había considerado  como un sólido sostén del sistema.  ante una relativa disminución  de las posibilidades de participación política y de ascenso social, el sector estudiantil presentó en las calles su queja  contra el statu  quo. La respuesta del gobierno fue la represión abierta.

La estructuración que había dado Cárdenas al sistema político  se mantuvo casi intacta en este periodo, salvo ligeras modificaciones. Uno de los cambios más importantes tuvo lugar inmediatamente después de que el General Manuel  Ávila Camacho asumió el poder:  La disolución del sector militar, que junto con el campesino, el obrero y el popular  formaba el Partido de la Revolución Mexicana (PRM).  A los miembros del ejército  que desearan continuar participando en las actividades del Partido  se les señaló que podrían hacerlo, pero no como parte de una corporación, sino como individuos y dentro del sector popular. La posibilidad de una nueva revuelta militar había concluido entonces, y la disciplina que el partido había pretendido imponer a la actuación política  del ejército incorporándole a su estructura era ya innecesaria   En  el decreto aparecido en el Diario Oficial  del 4 de diciembre de 1945   el Presidente señaló que la participación directa del ejército en la actividad      “pone en peligro la necesaria cohesión de los militares “;  por lo tanto, estos debían permanecer ajenos a ella. A partir de entonces , el poder político del ejército disminuyó notablemente  ( aunque sin llegar a desaparecer)  en favor del poder ejecutivo  y del partido oficial.

Hasta aquí por hoy, respetados lectores.   Mientras escribo estas palabras, en Washington se lleva a cabo  la cuarta sesión de negociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte. El crecimiento  económico de nuestra patria está  seriamente amenazada.  Tanto Donald Trump  contra Trudeau están en contra de México. Que va a suceder?  Poco falta para saberlo. Pero, por favor, aprendamos de nuestros errores: No volvamos a depender tanto de uno o dos países para nuestro futuro. ¿Me estas oyendo, Carlos Salinas de Gortari?

LA ENCRUCIJADA.- DESARROLLO POLITICO Y ECONOMICO… (2)

29/septiembre/2017 Por Rafael Catalán Valdés

Estimados lectores: Les invito a continuar con este tema tan importante para conocer el desarrollo de nuestro país:  EL DESARROLLO ECONOMICO.

Las modificaciones del mercado provocadas por la guerra mundial fueron uno de los estímulos mas importantes de la industrialización mexicana posterior a 1940, pero no el único. Desde un principio hubo una política gubernamental encaminada a aprovechar la coyuntura internacional de tal manera que la acción del Estado se encaminó a acelerar el proceso de industrialización. La trayectoria de Nacional Financiera  ( NAFINSA ),  que fue particularmente importante en este campo, tipifica estos esfuerzos. Buscó recursos para financiar proyectos de empresarios privados, y cuando no hubo iniciativa por parte de éstos, NAFINSA   se hizo cargo directamente de su promoción como fue el caso de Altos Hornos de México, S.A. Para 1947  NAFINSA  estaba ya comprometida en más de veinte ramas de actividad con una inversión total  de 500 millones de pesos. Sus intereses se encontraban tanto en la producción de cerveza como en la hostelería, pero el centro de su actividad eran transporte y comunicaciones,  hierro y acero, azúcar y producción de papel. Con el paso del tiempo sus recursos crecieron hasta superar los 30 mil millones de pesos;  a la vez, debido a presiones del sector privado, se alejó de aquellas actividades directamente relacionadas con la producción para el consumo y se concentró  en alentar las obras de infraestructura básica:  comunicaciones,  transporte,   electricidad y riego.

A partir de Ávila Camacho entre el 40 y 50 por ciento de los gastos gubernamentales se dedicaron directamente a la formación de la infraestructura básica que servía de apoyo a las actividades de las empresas privadas. Las cifras muestran que la labor del Estado en este terreno fue importante. La producción de petróleo pasó de 44.5 millones de barriles en 1940 a 170 millones en 1970; la capacidad instalada de energía eléctrica subió de 700 mil kilowatts a 7.5 millones  en el mismo periodo. La red carretera general aumentó de 10 mil kilómetros a mas de 70 mil. El total de hectáreas beneficiadas por las obres de riego se incrementó de 267 mil a 3 millones, etc. En cambio los avances en la transportación marítima y ferroviaria fueron poco espectaculares; en realidad la longitud de la red ferroviaria en 1970 no era mucho mayor que aquella dejada por el régimen porfirista.  Al lado de estas actividades tradicionales la acción oficial creo otros servicios que no existían antes de 1940 o que tenían poca importancia,  tal es el caso de la red de transporte aéreo,  de comunicaciones telefónicas, y de otros muchos servicios similares.

Si bien el Estado fue desarrollando su capacidad para hacer frente a la cada vez más compleja estructura económica de México,  lo mismo sucedió con el principal actor económico y beneficiario del desarrollo posrevolucionario:  la  gran empresa  privada. Por una parte,  las diferencias  que había entre los miembros más importantes de este grupo en relación con la naturaleza de sus relaciones con el  gobierno  – los grupos más antiguos, con raíces en el Porfiriato,  rechazaban una colaboración muy estrecha con el Estado  mientras que la nueva burguesía,  más débil, la aceptaba  –  se fueron aminorando. Por otra parte,  hubo un impresionante proceso de concentración de poder y capital alrededor de un grupo relativamente pequeño  de grupos empresariales que constituyeron la espina dorsal del sector empresarial. Estos grupos pudieron ser identificados ya fuera con las personas que los dirigían, con las instituciones bancarias que los sustentaban, con las grandes empresas productoras y distribuidoras  que controlaban, o, en ciertos casos,  con regiones geográficas donde dominaban, como el grupo de Monterrey o el de Puebla. Pero sin importar la forma de identificación, la realidad es que generalmente estos grupos tenían intereses en la industria, las finanzas y el comercio.  La concentración del poder económico a partir de 1940 fue un hecho impresionante e innegable:  Para 1970 alrededor de una docena de grupos dominaban  las actividades  industriales y financieras. Esta situación le permitió a la gran empresa racionalizar su actividad,  aumentar su eficiencia y acrecentar su influencia política, con todos los efectos que ello supone.

Como se ha señalado, las  presiones más espectaculares a que se vio sometida la economía mexicana entre 1940 y 1970 tuvieron su origen inmediato en el sector externo. La industrialización fue requiriendo un ingreso de divisas cada vez mayor para poder importar los bienes de capital y ciertos bienes intermedios necesarios a la actividad manufacturera. La importación de bienes de consumo fue cada vez menos importante y para 1970 casi todos los bienes importados correspondían al primer renglón y por tanto resultaban imprescindibles. No podía ya reducirse el ritmo de las importaciones sin provocar una crisis en la producción industrial por falta de insumos. El valor total de las exportaciones pasó de 178 millones de dólares en 1940 a casi 740 millones en 1960. Cuando a principios de los años sesenta las exportaciones mexicanas  crecieron a un ritmo particularmente lento, la situación de la economía en general se tornó grave, pues las importaciones superaban  los mil millones de dólares. El origen de este estancamiento relativo se encontró en el mercado internacional donde los precios de las exportaciones tradicionales de México  – algodón, café, cobre, plomo y productos derivados del petróleo – había bajado notablemente.  Esta coyuntura internacional  coincidió con el hecho de que la etapa “fácil” de industrialización  a base de sustitución de importaciones de consumo estaba tocando a su fin. A partir de esos años la marcha ascendente de la economía requería la producción de bienes cada vez más complejos – por  ejemplo pasar de la fabricación de aparatos domésticos relativamente sencillos a la de automóviles a la de automóviles -,  a la vez que entrar en las primeras fases de la fabricación de equipo. Pero este tipo de producción requería inversiones cada vez más fuertes y mayores importaciones. Algunos observadores concluyeron entonces que la economía mexicana había entrado en un callejón sin salida y era necesario cambiar totalmente el modelo de desarrollo. Se sugirió que en la  siguiente etapa el Estado tomara la mayor parte de la responsabilidad o que dejara manos libres a la empresa privada nacional y extranjera;  la economía mixta – se dijo a principios de los sesenta –  había agotado sus posibilidades y llevaría al inmovilismo. La realidad no confirmó esas predicciones. La larga lista de artículos publicada por el gobierno en 1967 para estimular la producción interna, mostró que el proceso de sustitución de importaciones en manufactura más o menos sencilla  aún no había concluido.  En 1971, las exportaciones mexicanas fueron de 1474 millones. Los ingresos netos por turismo  cubrieron casi la mitad del déficit, la inversión externa y las transacciones fronterizas cubrieron el resto. A esta situación de suyo difícil hubo que agregar las sumas pagadas por préstamos anteriores recibidos del exterior -387 millones de dólares –   más las salidas por concepto  de utilidades de la inversión extranjera directa, 238 millones de dólares.  Así, pues, el crecimiento económico no se detuvo, pero sus bases ya no eran todo lo firme que los dirigentes mexicanos hubieran deseado. En última instancia el desarrollo del país dependía de fuerzas imposibles de controlar:  las de la economía internacional. La estructura económica de 1970, después de experimentar un notable proceso de industrialización, no era menos dependiente que en la etapa  anterior a 1940.

Hasta aquí por hoy, respetados lectores. En mi próximo artículo hablaré ya no del desarrollo económico, si no del desarrollo político. Cuídense mucho.

LA ENCRUCIJADA.- EL DESARROLLO ECONOMICO Y POLITICO (1)

23/septiembre/2017 Por Rafael Catalán Valdés

López  Mateos intentó igualmente otras medidas. En 1960 se expidió una ley minera, según la cual solo se darían nuevas concesiones a empresas de capital nacional o con mayoría del mismo. Claro está que como la importancia de la actividad minera había disminuido mucho, sus efectos no fueron espectaculares. Muy dramática resultó la adquisición por parte del gobierno de los intereses extranjeros en la producción y distribución de energía eléctrica. Hacía varias décadas que el gobierno y las empresas extranjeras se encontraban en pugna debido a una sistemática renuencia oficial para autorizar los aumentos en las tarifas solicitadas por las empresas y la consiguiente negativa de éstas a invertir  en la expansión  de la red eléctrica al ritmo que demandaba el crecimiento electrico general. Como resultado de este impasse surgió la Comisión Federal de Electricidad (CFE) a través de la cual el Estado fue reemplazando poco a poco la inversión externa como productor de energía eléctrica. Así, entre 1945 y 1960 la CFE añadió mas de un millón de kilowatts a su capacidad inicial de menos de cincuenta mil;  en cambio, la Mex Light y la American Foreign Power  – las empresas privadas más importantes – aumentaron su capacidad en solo medio millón. A muy pocos de los conocedores de esta situación sorprendió el hecho de que en 1960 las dos empresas aceptaron vender sus intereses  al gobierno por 400 millones de dólares. Un año mas tarde el Estado adquirió otras empresas menores, de tal suerte que toda la producción eléctrica quedó directamente bajo control oficial.

Esta política de mexicanización, sin embargo, no afectó fundamentalmente la posición de la empresa extranjera en su conjunto. En los años cincuenta, y sobre todo en los sesenta, su principal campo de acción se encontraba en los sectores mas dinámicos de la economía, es decir, no en la minería o  la electricidad, sino en aquellos destinados a producir bienes de consumo – y en menor medida en bienes de capital – para el mercado interno. En estos campos la resistencia nacional casi no existió y paulatinamente fueron ocupados total o  parcialmente  por las grandes empresas multinacionales, que eran las únicas que contaban con la tecnología, el capital y los métodos de comercialización  adecuados. Si bien puede decirse que al iniciarse el proceso de sustitución de importaciones en la década de 1940, el principal beneficiado fue el empresario nacional  que,  junto con el Estado, mantuvo bajo su control  los sectores clave de la economía, esta situación ya no fue tan clara.  De alguna manera, el grupo industrial nacional empezó a ser relegado a un puesto secundario por falta de capacidad técnica. La inversión extranjera directa que en 1940 era de 411 millones de dólares, y que para 1950 había subido apenas a 566 millones ascendió a casi 3,000 millones en 1970.  Es verdad que en este último año la empresa extranjera efectuó apenas el 5.5 por ciento de la inversión total, o sea, el 8.5%  de la privada, pero estas cifras pueden ser engañosas.  Si se considera la participación extranjera en el sector manufacturero moderno, esta resultó, según ciertos cálculos, de más del 40%.  Más de dos mil de los tres mil millones  se encontraban invertidos en la industria de ese año.  Así pues, las empresas extranjeras contribuyeron con el 27.6 por  ciento de la producción  industrial total  y en algunas ramas el porcentaje fue mucho mas elevado,  en la industria de aparatos eléctricos la cifra fue de 79.3   por ciento.

Dado el tipo de industrialización seguido por México desde 1940, que exigía la producción de bienes de consumo similares a los que se ofrecen en el mercado de los países mas desarrollados, la inversión extranjera directa resultaba indispensable. Fue la manera mas rápida y sencilla de adquirir la tecnología y los recursos necesarios para producirlos.  A pesar del debate sobre si debía de aceptarse o no la influencia que estaba adquiriendo la inversión externa en sectores estratégicos del sistema económico, la verdad fue que el Estado no quiso, o no pudo, hacer otra cosa que ponerle ciertas cortapisas  en algunos sectores industriales primarios dejándole mano libre en otros.

Aunque el motor central del proceso de transformación económica del México contemporáneo  haya sido el sector privado, el grupo político dirigente continuó manteniendo bajo su control directo una buena parte de la actividad económica, preservando así su poder de negociación frente a la creciente fuerza de la gran burguesía  nacional e internacional. La fuerza económica del Estado provenía en buena medida de poder imponer  al empresario medidas fiscales, monetarias, controles de precios a las importaciones, etc. Pero por otra parte se basó también en una estructura de organismos estatales directa o indirectamente relacionadas con los procesos de producción. Estos organismos se multiplicaron en los años cincuenta y sesenta hasta sobrepasar loa cuatrocientos.  Las once empresas mas grandes del país pertenecían al Estado;  algunas de ellas verdaderos emporios, como Pemex.

En el periodo bajo estudio no existía ya un solo sistema económico mas o menos complejo en el cual la actividad del gobierno no fuera importante. En México la importancia económica del sector oficial  pareció mayor que en otros países que se habían desarrollado con una economía de mercado. Ello se debió en alguna medida a las necesidades y circunstancias históricas que consolidaron la Revolución. Ante la pérdida de poder y dinamismo  de la élite porfiriana, el nuevo grupo dirigente decidió utilizar al máximo las capacidades empresariales del Estado para consolidar su poder; se crearon entonces intereses muy importantes dentro del gobierno cuya supervivencia y desarrollo dependió de que se mantuviera la intervención estatal directa en los procesos productivos a pesar del dinamismo posterior de la empresa privada. Consolidado el proceso revolucionario, ésta hubiera querido limitar la acción oficial en este campo, y para ello arguyó que el Estado como administrador honesto y eficaz dejaba mucho que desear. Pero por otra parte el régimen fue creando instituciones y cuadros calificados que en algunos campos fueron iguales o superiores a los de la empresa privada y cuyo interés consistió en preservar esta situación. Es indiscutible que a pesar de que no existió un cuerpo formal de administradores públicos entre 1940 y 1970, se formó entonces una importante tecnocracia oficial preparada en las instituciones de enseña  superior, nacionales y extranjeras, que propugnó por lograr para el Estado facultades económicas más amplias.

DE TODO UN POCO …

Septiembre 19 de 1985…Septiembre 19 de 2017

Dias de dolor…Dias de temor…Dias de muerte

Dias de unión…Dias de solidaridad… Dias de generosidad

Dias que no olvidaremos nunca…Dias que ponen a prueba

Dias que confirman nuestro patriotismo…

MEXICO… CREO EN TI… ADELANTE,  PATRIA QUERIDA

Hasta aquí por hoy, respetables lectores. Cuídense mucho.

MENSAJE A LOS LECTORES DE ESTE BLOG

13/septiembre/2017 Por Rafael Catalán Valdés

MUY ESTIMADOS LECTORES:  Creo necesario informar  y ofrecer una explicación de lo siguiente:  Habrán notado que durante varios días, quizás semanas,  los artículos que normalmente publica cada semana han dejado de aparecer con esa frecuencia. La razón es la siguiente:  El autor  compite en el deporte del frontenis , y hace aproximadamente tres semanas sufrió una  lesión en   su columna vertebral, la cual le obligó a dedicar tiempo,  numerosos  días, a la atención medica de dicha lesión. Nada muy grave, creo que volveré a competir en no mucho tiempo, pero si doloroso y delicado, que requirió descanso obligatorio  en su primera etapa e innumerables sesiones de fisioterapia en estos últimos días. Pocas cosas le dolían tanto como pasar horas sentado escribiendo  en la computadora, por lo cual se vio obligado a guardar un descanso  ordenado por los médicos.

Afortunadamente soy de buena madera genética: mi padre, el General de División e Ingeniero Rafael Catalán Calvo, a sus 83 años seguía jugando frontenis. y el autor de este blog goza de una muy buena salud, de no ser por este accidente. Ya estoy recuperado en un 80%  y creo que ya la próxima semana estarán los artículos semanales apareciendo regularmente de nueva cuenta.

Por ello esta explicación y  una sentida disculpa. Ya podrá asistir el próximo sábado 23 de septiembre a las 10 de la mañana a la ceremonia luctuosa que año con año se realiza en esta fecha en la Rotonda de los Hombres Ilustres del Estado de Guerrero  del Panteón de Chilpancingo como homenaje al General Catalán Calvo quien, a su muerte, fue declarado por el Congreso de la Entidad “Hijo Predilecto del Estado de Guerrero”.

Les envío un respetuoso saludo, y, como siempre  al final de los artículos, les pido que se cuiden mucho. Nuestra patria pasa por una marcada turbulencia social y sufre de una violencia que crece cada dia más. Es necesario sobrevivir.

Próximamente los artículos volverán  a aparecer con la regularidad acostumbrada.

Por su atención a este breve mensaje mi agradecimiento.

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